#ZZYearThree: 40 años de… TAXI DRIVER, de Martin Scorsese

Tarantino y sus famosas de escenas de acción narradas en cafeterías no pueden negar que se han inspirado en ella. El GTA (Grand Theft Auto) de 1997 le dedicó un personaje con desarrollo a su protagonista. En el capítulo de Los Simpson, El Heredero de Burns, también Moe parodia a este personaje. Desde Pantera hasta Los Fabulosos Cadillacs numerosos grupos hacen referencia a esta gran película en sus canciones.
Si hasta Marty McFly se mira en un espejo y le pregunta “si le está hablando a él”.
Y es que este año se cumplen 40 años de un mito del cine.

TAXI DRIVER
de Martin Scorsese

Título original:
Taxi Driver
Año: 1976
Director: Martin Scorsese
Guión: Paul Schrader
Reparto: Robert De Niro, Cybill Shepherd, Jodie Foster, Albert Brooks, Harvey Keitel, Peter Boyle, Leonard Harris, Martin Scorsese, Joe Spinelli.
Sinopsis: Para sobrellevar el insomnio crónico que sufre desde su regreso de Vietnam, Travis Bickle (Robert De Niro) trabaja como taxista nocturno en Nueva York. Es un hombre insociable que apenas tiene contacto con los demás, se pasa los días en el cine y vive prendado de Betsy (Cybill Shepherd), una atractiva rubia que trabaja como voluntaria en una campaña política. Pero lo que realmente obsesiona a Travis es comprobar cómo la violencia, la sordidez y la desolación dominan la ciudad. Y un día decide pasar a la acción.
Valoración: You talkin’ to me?/10

Para hablar de Taxi Driver, por supuesto que hay que hablar de dios, perdón, de Martin Scorsese, pero también de su guionista.

Dos son los antecedentes necesarios para entender la obra de Paul Schrader: el primero es que creció en el seno de una familia calvinista y no vio una película hasta los 18 años. El segundo es que pasó una temporada horrible en la que perdió su trabajo en el American Film Institute y andaba en proceso de divorcio. Sin nada y durmiendo en su coche comenzó una espiral de alcohol, armas y pornografía, en la que estuvo semanas sin hablar con nadie y al borde del colapso mental. Por suerte para nosotros y por desgracia para él, a partir de aquí la temática y los personajes que desarrolla para sus guiones vienen cortados por el mismo patrón: autodestrucción y frustración sexual, intento o simulacro de ascenso en la escala social y un interés exacerbado por mostrar la realidad de los bajos fondos y las vidas al margen de la sociedad.

Una vez recuperado, en 1975 escribió junto a su hermano Leonard, también reputado guionista y director, The Yakuza, que dirigiría Sydney Pollack y protagonizaría Robert Mitchum. Realmente fue un fracaso comercial pero le sirvió para darse a conocer entre los directores más curiosos del momento. De este modo, ese mismo año escribió mano a mano Obsession (Fascinación) con Brian de Palma y fue durante el rodaje de ésta cuando concibió Taxi Driver, en palabras de su autor “un completo exorcismo a través del arte”. Tan inspirado estaba que, con un ejemplar de La Náusea de Sartre a un lado del escritorio y una pistola cargada al otro, en una semana tenía el guión, con Brian de Palma en mente como director y Jeff Bridges como protagonista.

Gracias por decir que no, Nota.

Pero no fue así, Brian de Palma andaba muy liado y no sabía cómo plasmar las ideas de su amigo Paul, y un Martin Scorsese ya ducho en el tema de los bajos fondos de las urbes (si no has visto Malas Calles, hazlo y hazte un favor cinematográfico) acabó recogiendo el testigo y rodando uno de los clásicos del cine contemporáneo. Lo mismo pasó con las productoras, que no entendían el producto y lo rechazaban por pura ignorancia, pero Columbia vio el reconocimiento de la crítica ante la ya mencionada Malas Calles (que la veas), que Brian de Palma se interesaba por el trabajo de Schrader y que Robert De Niro había firmado para El Padrino II, así que el proyecto salió adelante. En un principio se le ofreció el papel de Travis a Dustin Hoffman pero lo rechazó porque pensó que Scorsese estaba loco, y no han sido pocas las ocasiones en que Hoffman ha declarado público su error, así que dios, que acababa de rodar con De Niro y Harvey Keitel, decidió contar con ellos de nuevo.

Ya solo quedaba encontrar una actriz muy, pero muy, muy joven que hiciera de prostituta. Ante la negativa de los padres de Melanie Griffith a que su hija interpretase el papel de Iris, entre las cientos de chavalas que se presentaron a ese casting Scorsese rechazó a Kim Bassinger, Geena Davis, Michelle Pfeiffer, Brooke Shields y alguna que otra más, para finalmente darle el papel a Jodie Foster, con sus tiernos 12 añitos. Ya solo quedaba cómo realizar las escenas que contenían desnudos. Muy sencillo, la hermana de Jodie, Connie, que pasaba por allí y la ley sí le permitía hacer este tipo de trabajo a sus 19 años, fue la elegida para ser su doble, y contar una asistente social y un psicólogo para que estuvieran pendientes de la carga emocional implícita que supone para una niña interpretar a una puta yonki rodeada de violencia explícita.

¿Habría sido mejor actriz Melanie Griffith de haber aceptado este papel? Nunca lo sabremos.

Y ahora sí, hablemos de Taxi Driver, la aparente historia de Travis Bickle, un joven veterano trastornado de la guerra de Vietnam que padece de insomnio y se pone a trabajar de taxista en la noche de Nueva York. De carácter supuestamente tranquilo pero que evidencia sus taras remojando los cereales en whisky para desayunar, todas sus obsesiones irán saliendo a la luz y acrecentando según vaya tratando con la fauna nocturna.

Las primeras secuencias se ocupan de presentarnos en detalle el personaje, el taxi como símbolo de la soledad y la perturbación mental, el escenario, el contexto sociopolítico en el que se va a desarrollar la acción y las dos obsesiones de Travis: de día pretende a Betsy, una guapa secretaria de campaña del aspirante a senador que acaba totalmente espantada ante los evidentes trastornos de Travis, y de noche se obsesiona con ayudar a Iris, una prostituta prepúber que trabaja para un proxeneta pederasta, encarnado por los bíceps de Harvey Keitel, su pelazo (que en el guión original era afro) y sus pantalones de cuello alto. Poco a poco se nos va mostrando que las fijaciones de Travis, más que un inconveniente, forman parte de la solución a sus preocupaciones. Su evidente adicción al alcohol, el porno y su obsesión por las armas serán el motivo y, a la vez la respuesta, a todos sus problemas.

Harvey Keitel Montoya.

Y aunque estamos ante una película de 1976 (si no has visto Malas Calles, a lo mejor tampoco has visto esta), AVISO: VIENEN SPOILERS. Repito, VIENEN SPOILERS.

Travis, un inadaptado social con libre acceso a las armas, (ese plano del ojo de Travis a través del tambor de una Magnum mientras se surte de pistolas, memorable), que se prepara para acabar con las injusticias sociales frente al espejo de su casa (ese “You talkin’ to me?” totalmente improvisado y robado del que sería el Boss, Bruce Springsteen, y precedido por un giro de cámara que ofrece el plano y el contraplano del espejo ¡sin cortar!, mítico), que perpetra un atentado contra un candidato a senador (ese retrato de De Niro con su cresta a lo mohawk, típico perturbado de Vietnam, con los brazos cruzados, inolvidable) y que salva a la pequeña Iris de los mafiosos y chulos que se aprovechan de ella en un baño de sangre de tal calibre, que tuvieron que rebajar los colores de la imagen para que el rojo de la sangre no se viera tanto y no la calificasen para adultos. Tres meses de preparación y un agujero en el techo para esa secuencia final en plano picado en la que colaboró Steven Spielberg en el montaje. Un total de clímax.

Tal y como se plantea el final, no queda claro si todo es un sueño (como el de Antonio Resines) o la pura realidad, en la que puedes pasar de ser un jodido terrorista a un héroe cometiendo la misma atrocidad. En cualquier caso, se consigue ese efecto de guión con estructura circular, que termina con el  personaje igual de solo y perturbado que al principio, prácticamente en el mismo plano, que permite verla en bucle una y otra vez sin perder el sentido.

FIN DE LOS SPOILERS

No es esta secuencia pero qué bien sienta una Magnum.

Durante el año de su estreno la película optó a una quincena de premios de los que sólo se llevó tres. Entre ellos, cuatro nominaciones a los Oscar, incluida mejor dirección, que dio el pistoletazo de salida al calvario particular del incomprendido director: cagar oro pero que la Academia no lo reconozca. Este año Rocky recaudó más en taquilla tenía más nivel artístico. Ni siquiera la espectacular Banda Sonora, cuyo compositor, Bernad Herrmann, murió al día siguiente de componerla conmovió al jurado.

Tuvieron que pasar varios años para verla en perspectiva y entender que lo que tenemos delante no es una metáfora con dejes de transcendencia bíblica, sino un reflejo de la sociedad del momento que se presenta a través de unos protagonistas que personifican diferentes aspectos de la misma. A pesar de lo que muchos puedan pensar, debido al fuerte carácter calvinista y católico de sus autores, no es un mensaje redentor el que se quiere transmitir, sino una dura y pesimista crítica a los valores corrompidos y los vicios adquiridos en la vida urbana, hasta tal punto que los dos actos “redentores” de Travis, nos parecen totalmente justificables. En esta metáfora, Travis encarna a esa sociedad traumada por las malas decisiones de su gobierno, abandonados a su suerte por los políticos y sin poder dormir, que rumia su frustración hasta convertirla en una manifestación activa, mientras que Iris personifica la liberación de la mujer, tan reciente y jodida como ella, por aquel entonces.

Al final Satre y la pistola cargada cumplieron su función, y Schrader parió una obra pesimista, oscura, desesperanzadora y tremendamente existencialista, sacándola de sí, para dejarnos un legado cinematográfico impecable. Y además sirvió para que un equipo técnico (aprovecho para mentar a Michael Chapman, responsable de todos esos planos de culto que ya he mencionado y de convertir a la ciudad en un fantasma acosador) y artístico de pro se uniera en proyectos futuros. Hablaremos de ellos seguro, porque guión que toca dios, perdón, Martin Scorsese, guión que se convierte en una película de realización insuperable y lenguaje cinematográfico de diez. Mientras tanto…

¡Nos vemos en la Zona!

Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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