#ZZYearThree: 30 años de… SAINT SEIYA: LOS CABALLEROS DEL ZODÍACO, de Masami Kurumada

Hubo una época en que veía anime. Una época de mi infancia que me lo pasaba pipa viendo Yū Yū Hakusho, Pokemon, Detective Conan y las series de mechas de marca blanca de Canal 9. Y, entre todas estas series que devoraba con entusiasmo, hubo una que, aunque no fuese mi favorita, se ganó un hueco en mi corazón debido a lo gran aficionado que era a la mitología griega. Esta fue la épica aventura de…

SAINT SEIYA, LOS CABALLEROS DEL ZODÍACO
de Masami Kurumada

 

 


Título original:

Saint Seiya (聖闘士星矢)

Editorial: Shueisha
Género: Shonen de toda la vida
Mangaka: Masami Kurumada
Publicación Japón: Septiembre 1986 – Abril 1991
Public. España: Septiembre 2015 (PlanetaDeAgostini)
Valoración: Mejor el anime/10

 

 

La diosa Atenea, guardiana de la humanidad y principal valedora de nuestra especie frente a los demás dioses, crea una orden de valerosos soldados que han superado las capacidades humanas y llegado a controlar el misterioso poder del Cosmos conocida como los Caballeros. Estos elegidos tienen la responsabilidad de proteger a la deidad, exponiéndose a innumerables peligros por ella y, por consiguiente, por toda la raza humana. Sin embargo, la sombra de la traición se cierne sobre el Santuario, hogar de Atenea y sus Caballeros: una rebelión en el seno de la organización acaba con un cisma entre los Caballeros de oro, los más poderosos, y la desaparición de la reencarnación humana de la diosa de la sabiduría. Seiya, un huérfano japonés que ha sido enviado a Grecia para que alcance el grado de caballero de bronce mediante un infernal entrenamiento, será el encargado de proteger a Saori, la joven que contiene a Atenea en su interior, con la ayuda de sus compañeros de fatigas: ShunShiryū y Hyōga.

Ay, los 80: aquellos tiempos en que el poder de la amistad y el amor podían con todo.

Fue en el legendario y mejor podscat de la historia cuando empleé por primera vez el término “shonen de toda la vida”, una forma despectiva para referirme a los mangas que tienen la desgracia de estar sobresaturados de los clichés y tropos propios del género y que, al igual que hace mi compañero Xades con el archiconocido JBB, se pueden reconocer fácilmente y es una genial manera de caer en coma etílico:

-Protagonista joven huérfano o, en su defecto, que sudan de él muy fuerte.

Secundarios mucho más interesantes que el protagonista pero que una vez concluye su parte quedan, en el mejor de los casos, relegados al olvido.

Enemigos iniciales que tras ser vencidos se vuelven BFF del protagonista.

-Personajes femeninos que se suponen ser fuertes pero siempre acaban siendo salvadas por los protagonistas masculinos.

“Resurrecciones” de los protagonistas que hacen quedar bien todo el lío de Spiderman con sus clones.

-Arco argumental que finaliza con el protagonista venciendo al malo de turno superando sus límites con un Deus Ex Machina menos sutil que el OVNI de La Vida de Brian.

Escalas de poder que, tras repetir el anterior paso ad nauseum, se vuelven absurdas.

No tener un final digno.

Es algo injusto culpar a Saint Seiya de cumplir a la perfección estos parámetros cuando fue uno de los primigenios del género, pero eso no los hace buenos y mucho menos cuando el resultado es un manga mediocre tanto a nivel narrativo como artístico.

¡Qué energía! ¡Qué emoción! ¡Qué ganas! La misma que cuando esperas tu turno en el dentista.

Poco tiene que ver el popular anime con el manga. Y menos mal. Lo que en el primer es un caso es una historia simple pero relativamente breve, con su lógica interna y autocontenida, la trama de la obra original no deja de pegar bandazos, arrojándose al arcén y dando varias vueltas de campana hasta que toda la coherencia argumental acaba convertida en un amasijo de hierros, llamas y sinsentidos metidos con calzador únicamente porque a Kurumada le sale de la punta.

De hecho, en los primeros compases, ni siquiera la motivación de los personajes está clara: son todos huérfanos que, tras criarse juntos recibiendo malos tratos de los “cuidadores” y aguantar las bromas y caprichos de Saori, son enviados en solitario a distintos lugares dejados de la mano de Dios a sufrir infernales entrenamientos en los que es muy probable que acaben muriendo. Los supervivientes, una vez acaban su entrenamiento se ven obligados a reunirse y a luchar entre ellos por un premio que ni les va ni les viene. ¿Quién, con un mínimo sentido común, le seguiría el juego a estas alturas? Incluso el propio Seiya se muestra reacio a participar en esa pantomima pero, por algún motivo que se me escapa a la comprensión (o que se explica como el culo, que también) lucha alegremente en el torneo y, posteriormente, arriesga su vida para recuperar el premio robado para la malcriada chiquilla.

No, el motor que impulsa la historia empieza traqueteando y los parches que le van poniendo con el objetivo de alargar su funcionamiento de forma totalmente forzada (mal que se ha mantenido e incentivado hasta la situación en que nos encontramos actualmente) no mejoran para nada el asunto. Familiares secretos, condiscípulos y maestros de los que no se ha hablado en ningún momento pese a la importancia vital que dicen tener, habilidades y poderes totalmente improvisados y sin ningún sentido… todo vale para producir más y más capítulos vacíos de contenido con pocos o ningún giro de guión interesante.

Por favor, confirmad que no son alucinaciones mías: TODOS TIENEN LA MISMA CABEZA.

En cuanto al dibujo, otra decepción. Tampoco es que esperase un gran nivel ni que sea muy exigente (Me leí el primer capítulo de Mob Psycho 100 y sobreviví) pero es casi insultante que acepten en una revista tan importante como la Shonen Jump un trabajo de esta calidad cuando tres años antes empezó en la misma publicación Hokuto no ken, con un arte muy superior. En primer lugar, todas las cabezas son iguales. Hasta ya bastante avanzado el manga los personajes parecen ser muñecos Ken o muñecas Barbie a las que les cambian la ropa, el pelo y algún que otro rasgo de la cara para producirlos en cadena. Y el hecho de que los primeros villanos que aparecen sean literalmente 5 clones y, a continuación, versiones “oscuras” del grupo protagonista no ayuda nada.

No solo el diseño de personajes se resiente. Las peleas, la base del manga, se me antojan estáticas, con nulo dinamismo y hasta cierto punto repetitivas. Las habilidades que con tanto cariño recuerdo haber repetido viendo el anime, aquí son un mero trámite al que ni tan siquiera los personajes parecen darle algo de importancia, repitiendo las mismas poses y expresiones (cuando Kurumada se digna a dibujar alguna, que a veces el personaje parece tan animado como un maniquí).

Las proporciones de la fisionomía ya tal

En definitiva, ni con un palo. Ni con un palo muy grande. Ni con un palo que llegue hasta Japón para pincharle en el hombro a Masami Kurumada. La única razón de peso que se me ocurre para recomendar la lectura es si tenéis curiosidad de saber como hemos llegado a la situación actual del shonen: protagonistas anticarismáticos, tramas estiradas como chicle, Deus Ex Machina como para parar un camión de 40 toneladas… todo esto y más está aquí. Y ojalá no fuera el caso.

Es uno de los riesgos de bucear en lo que tenemos idealizado por la nostalgia, encontrarnos con algo mediocre en el lugar donde había algo esplendoroso y sentirse como un estúpido al pensar en cómo podía gustarte esta basura. Sin embargo, tener la capacidad de darnos cuenta de esto no deja de ser una buena señal, pues significa que hemos crecido como lectores.

¡Nos vemos en la Zona!

 

 

Ferran

Hago como que estudio Química pero en verdad me inflo a cómics y videojuegos desde pequeño. Soy de esa gente rara a la que le gusta más el manga que el anime.

También te podría gustar...

4 Respuestas

  1. Me has hecho llorar de puro amor. Con un palo que llega a Japón…

  2. arkhamkaveli dice:

    ¡Eres mi héroe! Te ha faltado quemar el PC con la reseña abierta en Word. Hice bien vendiendo el único tomo que tuve y haré mejor si vuelvo a ver el anime.

Deja un comentario, zhéroe