#ZZYearSix: 60 años de… KITARO, de Shigeru Mizuki

¡Cumpleañeros saludos, zhéroes!

Por sexto año consecutivo celebramos nuestro aniversario de la única manera que sabemos: reseñando cosas sin parar. 
Como ya viene siendo tradición, a lo largo de esta semana estamos publicando reseñas sobre obras emblemáticas que, al igual que nosotros, cumplen años y que aún no habíamos recogido en nuestro cada vez más voluminoso catálogo.

Pasad, acomodaos en nuestro #ZZYearSix y… ¡que no os lo cuenten!

 

 

Título original:
GeGeGe No Kitaro (ゲゲゲの鬼太郎)

Sello: Garo Magazine
Mangaka: Shigeru Mizuki
Publicación Japón: 1959 – 1969
Publicación España:
Oct. 2010 – en publicación (Astiberri)

Valoración: Qué yokai ni qué niño tuerto

 

 

A lo largo de este, nuestro AniverZZario, hemos publicado un montón de reseñas de cómics, mangas, películas y series cumpleañeras de distintos géneros y, hasta hoy, ha habido uno que se nos ha resistido. No podía ser otra persona, sino yo, quien decidiese traer de invitado a nuestra fiesta un manga de terror. Y como la ocasión lo merece, que alguien le diga al DJ que pare la música un momento que voy a presentar como es debido a…

KITARO

de Shigeru Mizuki

Kitaro es un niño especial, descendiente de una larga estirpe de yokais y que posee poderes sobrenaturales que le otorga su chaleco a rayas, tejido con los pelos de sus antepasados, y que le permiten actuar de intermediario entre los dos mundos, ayudando a los humanos en su eterna lucha con estas entidades malignas. A lo largo de nueve volúmenes (serán once para los se animen con la edición española, y aún os podéis subir porque vamos por el ocho) y en forma de historietas autoconclusivas, asistimos a las aventuras de este niño salido del cementerio, con el pelo cortado a tazón y un solo ojo. El otro es el espíritu de su padre.

A pesar de haber visto la luz hace la friolera de sesenta años, Kitaro posee el superponer de ser una obra atemporal que ha sabido mantenerse durante generaciones hasta llegar a convertirse en un imprescindible de la literatura japonesa. La atemporalidad de sus escenarios y sus personajes, extraños pero creíbles, han conseguido mantener incorrupta su misión de conservar a estos seres del imaginario japonés y los valores tradicionales que proclaman.

Todo el mundo sabe que a partir de las once no se llama.

Porque gran parte del secreto de esta obra es que está enfocada a un público infantil, con sus moralejas y moralinas, pero a su vez, estar sumida en una atmósfera tétrica y oscura también la hace atractiva para un público más adulto. Es cierto que la mecánica narrativa es más simple que el asa de un cubo y la condición sobrenatural del protagonista le permite a al autor bastantes licencias, golpes de efecto y giros argumentales mágicos, pero la fluidez del relato y la calidad de las historietas dan margen para esto y mucho más.

Personalmente conocí a Kitaro en 2010, en el mismo momento en que Astiberri tuvo a bien comenzar a editar las fantásticas aventuras de este pequeño ser del inframundo en orden cronológico. Hasta entonces pocas cosas de Shigeru Mizuki se habían colado en mi estantería. De hecho, ninguna, porque lo único que se había editado en España del autor había sido la novela gráfica de la biografía de Hitler y aún no había tenido el placer de cruzarme con ella. A raíz del éxito de la publicación de Kitaro, éxito que se extiende hasta nuestros días y más allá, se publicaron otras obras de Mizuki, también de mano de Astiberri y que también descansan muy a gusto en mi estantería, en las que el mangaka deja constancia de su buen hacer en esto de narrar historias con viñetas.

Trazar esas líneas con la zurda siendo diestro es de puto amo.

Aunque no fue fácil. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Mizuki tenía muy buena mano para el dibujo y poseía casi un don en cuanto a paisajes se refiere. Y digo tenía porque en esa misma guerra perdió la mano derecha y tuvo que volver aprender a dibujar. De ahí el tremendo contraste entre el diseño de sus personajes, de trazo grueso y de corte totalmente infantil, con la contundencia de los fondos que presentan algunas viñetas (para los que es más que probable que recibiera ayuda externa, pero esa es otra historia de las tradiciones japonesas).

Con todo y con eso supo, no sólo hacerse un hueco en la prolífica industria del manga japonés, sino alzarse como uno de los creadores y referentes máximos del género yokai y, por ello, de los autores más reconocidos de Japón. Porque la aparición de Kitaro y la representación casi completa del imaginario yokai que contienen sus páginas, contribuyó a su propia creación como género y abrió la puerta a infinidad de obras nuevas que se sirven de este pilar de la mitología japonesa para sustentar sus historias.

Moraleja, no invites a bananas a los minions.

El término ‘yokai’ que en escritura kanji se traduce como «sospechosa» (妖) «aparición» (怪), engloba un increíble espectro (nunca mejor dicho) de horribles y extrañas criaturas del inframundo que abarcan desde no muertos despistados a terribles demonios, pasando por monstruos cambia-forma y espíritus y fantasmas de todos los tipos, con los que la tradición japonesa ha explicado a lo largo de los siglos toda clase de fenómenos extraños y supersticiones. Y precisamente esta riqueza de personajes, por llamarlos de algún modo, que contienen las leyendas y mitos del folklore japonés es la que permitió a Mizuki sumergir a Kitaro en innumerables aventuras que se sucedieron a lo largo de diez años.

Gracias a la “salida al mercado” de la tradición y el folklore japonés, fuertemente marcados por la superstición, y que tanta curiosidad despiertan a este lado del mapa, Kitaro se ha convertido en el personaje más popular y con más continuidad de Shigeru Mizuki. Tanto es así que, desde prácticamente el mismo momento de su creación tuvo su anime, que se ha extendido en el tiempo a lo largo de seis versiones animadas de distinta duración cada una. Así como curiosidad, la primera fue en blanco y negro y contó con 65 episodios, y la última está aún en emisión.

Fotos no.

Hablar de los yokais es mantener tradiciones ancestrales, y las historias de Kitaro con su habilidad para unir su rica temática sobrenatural con grandes dosis de humor negro, y plasmado con ese arte inconfundible del sensei Shigeru Mizuki, han conseguido que la propia lectura de Kitaro, como herramienta para entender y superar los miedos, se haya convertido en una tradición que ir pasando de generación en generación.

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¡Nos vemos en la Zona!

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Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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