#ZZYearSix: 60 años de… ASTÉRIX. ¡Por Tutatis!

¡Cumpleañeros saludos, zhéroes!

Por sexto año consecutivo celebramos nuestro aniversario de la única manera que sabemos: reseñando cosas sin parar. 
Como ya viene siendo tradición, a lo largo de esta semana estamos publicando reseñas sobre obras emblemáticas que, al igual que nosotros, cumplen años y que aún no habíamos recogido en nuestro cada vez más voluminoso catálogo.

Pasad, acomodaos en nuestro #ZZYearSix y… ¡que no os lo cuenten!

El queso, los dulces. El café, el vino…
Los galos, en placeres, no se quedaban cortos.

Vivir en la Galia tiene sus inconvenientes, cuando no es tu país de origen. Hace un frío del copón (sobre todo si vienes de la costa y vives en los Alpes), cuando vas a hacer la compra más vale que te guste el queso, porque los pasillos huelen a camembert a quilómetros y, si bien los paisajes franceses son maravillosamente frondosos, sólo hay prados con vacas y estanques de patos, porque le fromage y le magret no se hacen solos.

Pero no todo son cosas malas, en lo que a las artes literarias se refiere, hay que decir que es un país que pone muchísimo ímpetu y cuidado en preservar las tradiciones y difundirlas, sea en el formato que sea, privilegiando siempre esa parte tradicional que es la edición en papel, e imponiéndose como una de las naciones que mayor difusión hacen de la cultura. Claro ejemplo de ello es la importancia de la bande dessinée, la cual tiene un lugar privilegiado en el panorama literario y que es la marca de fábrica del país, no hay francés que no tenga BD en su casa, que la regale o que la lea, hasta en el metro se hacen anuncios de los nuevos cómics que salen a la venta, para los galos es normal.

A por el boteeeeee.

Y aquí es donde pongo el freno de mano, pues este verano la obra de Uderzo y Goscinny, en el mítico universo del pueblo galo de la región de Armorique (actual côte d’Armor en la Bretaña francesa), festejó su 60 aniversario por todo lo alto con álbumes de pegatinas, peluches, la salida de un nuevo número de la BD, etc. Porque nuestros galos han dado la vuelta al mundo y hay que celebrarlo, y qué mejor manera que hacer una pequeña retrospectiva sobre estos amigos tan particulares que han acompañado la infancia de seis generaciones y que aún a días de hoy hacen reír a los adultos como si fueran niños y aderezan las tardes en familia con unas buenas risas.

Pero, ¿qué hay aparte de los tomos de la BD? Gran pregunta a la que podría responder con un listado casi infinito de merchandasing, filmografía, representaciones varias y hasta animaciones para fiestas infantiles si me pongo a rebuscar en el fondo del cajón. Así que voy a empezar por la película de 1999 (aniversario por doblete) de Astérix y Obélix contra César, primer largometraje en el que se le da vida humana a esta leyenda, donde vemos volar a unos romanos de carne y hueso dirigidos por un César que con su egocentrismo exagerado nos hace llorar de risa y unos galos que nos hacen babear, pues vemos en acción todos esos pequeños gags que hasta el momento solo habíamos podido ver sobre el papel o en las películas animadas, las cuales ven la luz por primera vez en 1967). Eso sí, es en Astérix y Obélix misión Cleopatra donde la crítica paródica tan característica de esta obra es mejor representada con un guión y un reparto de infarto, donde todos los elementos inalienables de la obra se muestran en su máximo esplendor, porque quién no se acuerda de Obélix arrancándole la nariz a la esfinge (momento entrañable donde los haya).

Sólo estoy rellenito.

Siguiendo con la filmografía, he de destacar también las películas de Astérix y Obélix en los juegos Olímpicos y Astérix y Obélix al servicio de su Majestad, las cuales no tuvieron tanto éxito como los precedentes y que, personalmente y conociendo un poco más de cerca la trayectoria del cine francés y los actores humorísticos no considero de los mejores, ya que la acción tiene tendencia a ser bastante más lenta de lo que la historia y la caracterización de los personajes necesitan, pues la trama de la obra principal sin decir que es hiperactiva es muy rápida, la resolución de muchos de los problemas (por no decir de todos) es una batalla en la que los romanos salen literalmente volando a leches, y en estas películas choca bastante la lentitud de la acción.

Para acabar con la filmografía no puedo dejar en el tintero las obras de Alexandre Astier Astérix y la residencia de los Dioses y Astérix y el secreto de la poción mágica, que son simplemente sublimes. No sólo la animación es preciosa, sino que, aparte de notar el cariño con el que trata la obra, la propia historia engloba todos y cada uno de los elementos principales que Uderzo y Goscinny quieren mostrar, la crítica social, la diferencia de poderes, las imposiciones hilarantes del gobierno (el César obliga a los ciudadanos romanos a mudarse a una urbanización al lado del pueblo galo solo porque quiere), la imposición del canon imperante (el más viejo del pueblo está casado con el bombón juvenil), etc. Eso sí, hay algo que Astier nos ofrece y que nadie había osado hacer hasta ahora, y es que, en sesenta años, es la primera vez que la receta de la célebre poción mágica es transmitida, que no revelada, porque solo sabemos que hay que cortar el muérdago en una estación determinada con una hoz dorada.

Tú no, Obélix.

Eso sí, no puedo pasar por alto el hecho de que esta magnífica obra que nos ha sacado a todos más de una carcajada es, ante todo, una crítica y un reflejo hacia muchas cosas, y es a través de la identidad de sus personajes que esto se pone en evidencia, pues en primer lugar, tenemos que fijarnos en que cada uno de los pueblos tiene su propia terminación, es decir, los romanos serán identificados porque sus nombre acaban en –us, el pueblo de Armorique tiene su propia terminación en –ix, los pueblos de la Bretaña quienes acaban en –ax, o los egipcios, quienes tienen nombres terminados en –is, por poner algunos ejemplos. Y lo más importante, todos y cada uno de los nombres de los personajes tienen que ver con su profesión o una característica principal, así, Edadepiedrix es el hombre más viejo del pueblo, Esautomatix es el herrero y Yelosubmarin es la esposa del pescadero, etc.

Aparte de todo lo dicho, una cosa que siempre se tiene en cuenta, en todas las variaciones que se han hecho de la obra original, sea serie de dibujos animados, largometraje, cortometraje, etc., es que cada episodio, trama, historieta, como queráis llamarlo, tiene un principio y, sobre todo un final, muy característicos (dejando de lado los guantazos máximos a los romanos). En primer lugar, siempre encontramos al inicio que Obélix está transportando un menhir y, de vuelta al pueblo galo este nos es presentado, al mismo tiempo que se nos presenta la problemática con el pueblo vecino o la pifia del centurión romano del momento; en segundo lugar, se encuentra la resolución del problema mediante algunas triquiñuelas por parte de nuestros amigos, sin olvidar alguna que otra crítica por aquí y por allá y, por último, la resolución del conflicto, que generalmente suele ser bastante bélica y en la que los romanos salen un poco sacudidos. Eso sí, lo que no puede faltar es el banquete final aderezado con unos buenos jabalíes y con nuestro músico preferido colgado de una cuerda y cabeza boca abajo por el herrero y el pico bien tapado.

Cállate, bardo, y deja de tocarnos el… arpa.

No me puedo despedir sin hacer una mención especial al papel de la mujer en esta gran obra, porque tienen una importancia vital, ya no solo como contrapunto de los personajes masculinos, pues estas grandes damas no les tienen ningún miedo a sus maridos y no se les caen los anillos para decirles cuatro verdades y reducirlos al papel de niñitos de pañales, en cualquier situación, sino que, además, son las protectoras de la aldea en caso de necesidad, porque aunque generalmente no entren en combate, es en muchos casos en los que arriman el hombro y hacen fila para tomar un sorbo de poción mágica e incluso para proteger al pueblo de los romanos, combatiendo ellas solas con las manos desnudas, porque nuestros autores las presentan como lo que son, mujeres libres y de altura que deciden por sí mismas, sin ser la sombra del hombre que tienen al lado, sino que son independientes y demuestran que son tan capaces como cualquiera.

En definitiva, por una razón o por otra, Astérix nos ha acompañado a todos a lo largo de nuestra vida, nos ha enseñado a defender los valores más básicos de la forma más divertida y a tener un ojo crítico respecto a la sociedad. Es una de las críticas políticas, económicas y sociales de fácil entendimiento más visuales y sinceras que hay, porque a través del humor nos enseña que no tenemos que creer todo lo que nos dice y conformarnos con lo que tenemos, vemos y oímos, sino que hemos de luchar por defender lo nuestro, sea de la manera que sea, y, por qué no decirlo, a veces un sorbo de poción mágica para deshacerse de algún que otro romano no estaría mal.

Con un buen queso y un buen vino me despido. Pero sólo hasta la próxima.

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¡Nos vemos en la Isla!

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