#ZZYearSix: 40 años de… THE WARRIORS. Los amos de la noche

¡Cumpleañeros saludos, zhéroes!

Por sexto año consecutivo celebramos nuestro aniversario de la única manera que sabemos: reseñando cosas sin parar. 
Como ya viene siendo tradición, a lo largo de esta semana estamos publicando reseñas sobre obras emblemáticas que, al igual que nosotros, cumplen años y que aún no habíamos recogido en nuestro cada vez más voluminoso catálogo.

Pasad, acomodaos en nuestro #ZZYearSix y… ¡que no os lo cuenten!

Título original:
The Warriors
Año: 1979
DirectorWalter Hill
Guión: David Shaber, Walter Hill (Novela: Sol Yurick)
Fotografía: Andrew Laszlo

Reparto:  Michael Beck, David Harris, James Remar, Deborah Van Valkenburgh, Thomas G. Waites, Dorsey Wright, Brian Tyler, David Patrick Kelly, Joel Weiss, Marvin Foster, Tom McKitterick, Marcelino Sánchez, Terry Michos, Roger Hill, Lynne Thigpen, Ginny Ortiz, John Snyder, Mercedes Ruehl.

Valoración: La guerra está en la calle

Sinopsis: Una batalla de proporciones gigantescas va a tener lugar en los bajos fondos de la ciudad de Nueva York. Los ejércitos de la noche, con más de 100.000 integrantes, quintuplican los efectivos de la policía. Se enfrentan a los Warriors, una banda callejera a la que acusan injustamente del asesinato del líder de un grupo rival. 

Pese a que The Warriors es una de mis pelis de culto preferidas mi pasión por estos locos con chaleco viene del mítico videojuego de Rockstar. En esa obra maestra no sólo se expandía el universo de la peli centrándose en los hechos pasados, tanto de la historia principal como del origen de los protagonistas, sino que se narraban los sucesos de la cinta con una precisión milimétrica. Tanto es así que, después de varios meses jugando, vi por primera vez la peli y resultó que ya la había visto gracias a las cinemáticas y las misiones principales que ya me sabía de memoria.

Los editores y yo discutiendo si ponemos imágenes del videojuego.

Podría pasarme horas hablando del videojuego, de hecho debería hacerlo por lo bueno que es, que ya el tutorial para aprenderte los movimientos es pegarle una paliza a un vagabundo borracho (sí, así de loco es todo y es un juego que o lo tomas o lo dejas). Pero entiendo que los que habéis venido hasta aquí no habéis venido a eso. Bueno, no os prometo que deje de meter cuñas del videojuego pero intentaré centrarme en hablar de los 40 años de The Warriors.

La historia es una adaptación (bastante ligera dicen los afortunados que la han leído) de la novela homónima de Soul Yurick que a su vez está inspirada en la Anábasis de Jenofonte, un relato datado en la antigua Grecia donde un ejército diezmado debía de cruzar multitud de líneas enemigas para ponerse a salvo. La pandilla de Coney se verá metida en un fregado importante y contando sólo con 9 hombres (bueno, ponerle 8) tendrá que cruzar toda la ciudad con el resto de bandas persiguiéndole los talones.

Hoy voy a salir, a por tiiii.

Todo esto ya lo he dicho en la sinopsis pero me va al pelo para destacar tres de los puntales de la peli. Uno, que la música es genial tal y como se puede apreciar en la primera escena que narra como las diferentes bandas acuden a la reunión. Dos, en esa misma escena se muestra la estética de la cinta, con personajes de lo más variopintos tanto en la ropa y accesorios como, y esto me vuelve loco, en los peinados. Y tres, los Warrios acuden a la reunión con 9 miembros pero pierden a uno en los primeros diez minutos de peli, lo que te pone sobre aviso de que aquí no se van a andar con tonterías.

De hecho, el arranque de la peli es uno de los más brutales que recuerdo, pues mediante un acertado montaje en el que se combina la presentación de los Warriors con la preparación de la reunión enseguida te metes en la acción. La siguiente escena es la que narra dicha reunión, la más multitudinaria de la historia gracias a un cálculo que nunca he entendido (y soy bueno con los números, la escena de la Jungla 3 con las garrafas solo me costó 5 visionados entenderla), y en la que se producirá el hecho desencadenante de la trama.

En otra vida quiero llevar ese peinado.

Así, gracias a un ritmo trepidante la peli empieza como un tiro y es entonces cuando se suceden las escenas que podríamos llamar temáticas. No es ningún secreto que el director concibió la peli como si de un cómic se tratara (lo que a la postre facilita la adaptación al videojuego) en el que cada episodio sería la visita de los de Coney a un barrio distinto.

Así, cada barrio supondrá un desafío distinto con sus propias bandas intentando atrapar a nuestros intrépidos anti héroes. No os extrañéis por el anti, después de todo estamos hablando de unos pandilleros que no son precisamente un modelo de buen comportamiento. Tampoco lo serán los rivales con los que se cruzarán en su camino, quienes, alentados por una misteriosa DJ (uno de los puntazos de la peli) que informa de los movimientos de los Warriors, irán cada vez más a cuchillo a por ellos.

Me encanta el olor a tigre de Metro por la mañana.

De todas las bandas que desfilan por Nueva York destaca por encima de todas la de los Baseball Furies, unos lunáticos con la cara pintada al más puro estilo Kiss y vestidos con uniformes de béisbol, gorra y bate incluidos. Estos locos del deporte no sólo tienen una de las mejores escenas de acción de la cinta sino que son el máximo exponente de la mejor virtud de The Warriors: el carisma.

Ya son 40 años los que han pasado desde el estreno de la cinta por lo que algo tiene que tener para que haya perdurado en la memoria tanto de los que la vieron de jóvenes como para los que la descubrimos tarde. Y eso es el carisma. La película desprende carisma por los cuatro costados, desde los icónicos chalecos (sin camiseta debajo, claro) que llevan los Warriors, al look de los seguidores de Cyrus con esa mezcla de monjes shaolin y Shaft. Desde las peleas con momentos en cámara lenta para mostrar los mejores golpes, algo que también copiaba el videojuego y no veáis que salvajadas podías hacer, hasta el villano de la función y su inolvidable chocar de botellas mientras llama a jugar a los Warriors. Todo, absolutamente todo, en la peli mola.

Hay que reciclar Warriers, hay que reciclar Warrieeeeeers.

Llegamos así al clímax que sucede ya en Coney Island, el barrio presidido por una noria (lugar que algún día debería visitar en peregrinaje) y hogar de la banda que tendrá que afrontar un último desafío en la playa. Si la escena inicial era brutal esta última también tiene mucho encanto con ese desfile de los protagonistas, los que han sobrevivido al menos, a cámara lenta mientras suena otro temazo. No me resisto a decir que en el final del juego la acción seguía mientras salían los créditos. Y la acción era pegarle una última paliza a los culpables de toda la movida. Al final no he hablado tanto del juego (ejem, ejem) pero es que no puedo evitar ver los dos productos como uno mismo. De hecho me gusta más el juego que la peli pero, sin uno, no habría podido disfrutar del otro así que mi amor por esta peli es eterno.

Imagino que, a los que la vieron en su momento, seguro les entraron ganas de volverse pandilleros, los que no lo eran ya, que menudos años fueron los ’70 (ahí están los numerosos conflictos que se originaron en la salas americanas durante las proyecciones). Y sólo por eso seguro que también le tienen un cariño especial.

El deporte crea lazos… para darse de hostias.

Para el resto de mortales The Warriors no ofrece nada que no pueda verse en otro tipo de cintas del estilo. Nada que no sea un ritmo trepidante, unas escenas de acción contundentes, una estética flipante, una música brutal y un reflejo de la sociedad del momento. Si con eso no te has convencido para verla, ¡prueba al menos el videojuego!
Para seros sinceros del todo, hablo tan bien del juego porque me recuerda a una etapa de mi vida que, aunque quisiera, no podría repetir. Pero eso amigos, es otra historia…

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¡Nos vemos en la Zona!

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CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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