#ZZYearSix: 20 años de… UNA ASOMBROSA AVENTURA DE JULES, de Émile Bravo

¡Cumpleañeros saludos, zhéroes!

Por sexto año consecutivo celebramos nuestro aniversario de la única manera que sabemos: reseñando cosas sin parar. 
Como ya viene siendo tradición, a lo largo de esta semana estamos publicando reseñas sobre obras emblemáticas que, al igual que nosotros, cumplen años y que aún no habíamos recogido en nuestro cada vez más voluminoso catálogo.

Pasad, acomodaos en nuestro #ZZYearSix y… ¡que no os lo cuenten!


Título original
:

Une épatante aventure de Jules FRA
Sello: Dargaud
Guionista: Émile Bravo
Artista: Émile Bravo
Coloristas: Walter, Delphine Chédru, Fanny Benoit
Contenido: Une épatante aventure de Jules #1-7
Publicación Francia: Agosto 1999 – Sept. 2011
Publicación España: 2012 (Ponent Mon)
Valoración:
Se buscan lectores ávidos de extraordinarias experiencias con capacidad para la sorpresa y ganas de pasar un buen rato. Razón: aquí.

Veinte años no es nada, es lo que dice el tango Volver en la inconfundible voz de Carlos Gardel. Innumerables versiones desde los años 30 hasta el momento e infinitas reproducciones han logrado grabar a fuego en nuestro vocabulario ese sintagma y que lo usemos para referirnos a la velocidad con la que el tiempo se nos pasa, mirando tanto al futuro como al pasado, cuando vamos cumpliendo años.

No obstante, veinte años ya es una cantidad considerable de segundos, minutos, horas y días, ¿no es cierto? Si lo pensamos, toda una vida según con quien se establece la comparación. Tiempo suficiente para experimentar alteraciones y que ese tiempo las temple y las convierta en inmutables, en un estado permanente e inamovible, tal y como ese pasado nos lo pareció alguna vez.

En veinte años una persona puede cambiar de parecer, de ideales o de objetivos. Mudar en sus sentimientos, literalmente de calle, ciudad e incluso país. Un paisaje puede ver alterado su horizonte y una urbe, su perfil. Un vino, mejorar con los años.

Y un tebeo, atraer cada vez a más lectores gracias a sus reimpresiones, nuevas ediciones y al infalible método boca-oreja que practicamos buen número de lectores empedernidos.

Veinte años se cumplen en este 2019 desde que vio la luz …

UNA ASOMBROSA AVENTURA DE JULES
de Émile Bravo

Corría el año 1999 cuando la editorial Dargaud publicaba el primer tomo de una colección que ha devenido como uno de los mejores tebeos para la franja infantil-juvenil. Así, tal cual. Personalmente lo considero uno de los clásicos (pese a su juventud) imprescindibles, de esos que todo lector tiene derecho (sino obligación) a disfrutar. Por el rico conjunto que conforman sus seis tomos con sus excepcionalmente labradas tramas, la multiplicidad de temas en los que se adentran, los singulares personajes que habitan sus viñetas, el tratamiento de las historias, el expresivo trazo y el ritmo de los tiempos y de la narración gráfica.

Cierto es que a partir de los tomos que relataban las aventuras de Aleksis Strogonov, publicados en la década de los ’90 en Dargaud, muchos habían puesto sus ojos en Émile Bravo. Y no es para menos, en esos álbumes que había dibujado y cuyos guiones (compartidos con Jean Regnaud) llevaban a una suerte de Tintín a diversos conflictos de la Europa de la primera mitad de siglo, desplegaba las armas que lo han convertido en un referente. Su nombre, para entonces, ya resonaba junto a los de Christophe Blain, David B. o Joann Sfar tras compartir con ellos, y entre otros, espacio y experiencias en el Atelier Nawak primero, y más tarde en el Atelier Des Vosges.

¡Hora de Aventuras!

Del historietista francés con ascendencia española Émile Bravo ya se ha hablado en la Zona con motivo de sus interpretaciones de Spirou dentro de la línea “Una aventura de Spirou por…” con Diario de un ingenuo y La esperanza pese a todo. Integrante de lo que se ha venido a denominar la Nouvelle bande Dessignée, es uno de los máximos exponentes de la LIJ (literatura infantil y juvenil). Su contribución la respaldan un buen número de premios, menciones en festivales y listas de títulos recomendados y, lo más importante, los lectores de todas las edades. Tebeos como Una asombrosa aventura de Jules no hacen mas que confirmarlo: la edad no es un factor determinante a la hora de disfrutar las seis excepcionales aventuras de las que se compone la serie.

Pero volvamos a 1999.

Así, a un prometedor y exitoso L’imparfait du futur (ganador del Éléphant d’Or al mejor tebeo juvenil en el Festival de BD de Chambéry en 2000), le siguieron en 2001 La réplique inattendue (Premio René Goscinny), Presque enterrés! en 2002, Un départ précipité en 2003, La question du pére en 2006 (Premio a la mejor serie para BDGest’), y el sexto y último tomo en 2011 Un plan sur la comète (Premio al mejor tebeo juvenil para BDGest’ en 2011 y premio de los estudiantes en el Festival Bédécibels 2012).

Family photo.

En España no se han editado nunca por separado. Ponent Mon publicó en 2012 dos integrales que recogían del primer al tercer álbum el primero, y del cuarto al sexto el segundo, con imagen en cubierta de la tercera aventura para el primero de los integrales y la de la sexta para el segundo. Cada una de las aventuras va precedida en el interior por una portadilla. Las cubiertas originales de la edición francesa se presentan en la cubierta posterior de cada uno de los integrales, a modo de resumen de los tomos contenidos.

Una asombrosa aventura de Jules es el paradigma de la historieta franco-belga en cuanto a factura, formato y contenido. Una espléndida obra que rezuma sencillez elaborada concienzudamente, con trama, diseño y parte gráfica cuidada al detalle, en la que el lenguaje es un aspecto fundamental y el humor una constante. La historia funciona a la perfección, la lectura se antoja ágil y ligera. Todas las piezas creativas convergen en un engranaje perfecto: personajes, escenarios y asuntos.

Volare, uoooh…

¿Pero qué es lo que nos está brindando exactamente Émile Bravo? Un extraordinario cóctel de aventuras a partir del viaje iniciático de un adolescente en el que toman parte un variopinto plantel de principales y secundarios que nos lleva desde Francia al espacio exterior, pasando por Londres, Escocia o las aguas del Atlántico.

Todo comienza en Futuro imperfecto, donde la Agencia Espacial Mundial recluta a dos niños que se van a convertir en los protagonistas de esta saga de asombrosas aventuras: Jules y Janet.

Hasta el instante en que la agencia acude a su domicilio para convencer a sus padres y embarcarlo en una misión espacial a Alfa Centauri, Jules lleva la vida normal de un chaval de 12 años: sufre en silencio las barrabasadas de Romeo, su hermano pequeño, ante la impertérrita mirada de sus especialitos padres, que pasan de todo y pasa las horas en el colegio religioso donde asiste a las clases que le prepararán para la vida con su compañero de correrías e inseparable amigo Joris Ducharme.

Preparados para la misión y para la vida.

A partir de allí, comienza el desmadre. Lo que iba a ser una misión de unas semanas de duración se convierte en años de ausencia de la tierra para Jules y Janet (y el resto de la tripulación), que trastocará al completo la vida de los dos chavales. Porque claro, el tiempo no transcurre de igual forma en el espacio que en nuestro planeta. El desfase de edad que se produce por ejemplo, con su odioso hermano Romeo ahora tiene más años que él (pero sigue igual de destalentado), y las relaciones que entablarán con los diversos personajes con los que se encontrarán en esta historia inaugural, marcarán la deriva de las peripecias que se desarrollarán en el resto de álbumes. Personajes, por cierto, deliciosos, maravillosamente perfilados, con muchísimo potencial y un punto ciertamente demencial. Algunos aparecen regularmente en las viñetas de los seis tomos y otros esporádicamente, cuando así se les requiere. La plantilla del colegio, una seria (en ocasiones) institución católica, con el director, el vigilante o el padre Mathieu; el extravagante profesor Bennet, la inseparable mascota de Jules, Chisme (no es un perro ni una ardilla, sino una cobaya) o los sres. Wilkins (los padres de Janet), tan diferentes a los conservadores y estrictos padres de Jules. La sra. Wilkins es genetista y está obsesionada con la clonación y otras prácticas de dudosa legalidad para poner en práctica en su casa. Ya os podéis hacer una idea por donde van los tiros cuando aparecen la hermanas de Janet: Janis y Jane. Y qué decir de los extraterrestres. La verdad es que ofrecen el punto controvertido, simpático y más canalla, tanto el irritable Salsifí como el deslenguado y tremendísimo Tim.

Con tan variadísimo plantel de actores y partiendo de una premisa con tantas posibilidades, da para introducir argumentos de lo más heterogéneos. Cuestiones de corte científico, moral, religioso, ético y filosófico se abren paso mientras se trata la ecología, la muerte, las enfermedades, los avances en campos de la tecnología, ciencia y biología, las relaciones personales entre los miembros de una familia, el despertar a la vida (la adolescencia: esa complicada época) o el primer amor.

Pesadilla en Jules Street.

Los mimbres sobre los que se sustentan personajes, tramas y trasfondo son el perspicaz y correctísimo uso del lenguaje y el humor en todos sus estadios, desde el negro, pasando por el más absurdo o el inteligente, hasta el mordaz, la ironía y la utilización de juegos de palabras y de conceptos. Coloca milimetrícamente cada palabra, expresión, metáfora u onomatopeya, al igual que cada trazo, de tal forma que nada es accesorio en el transcurso de cada aventura. Livianas se perciben las viñetas por la ejecución del dibujo, con esa línea tan característica del cómic europeo. Emparenta así con esos clásicos sin edad que nos llegaban (y siguen llegando) del otro lado de los Pirineos: Asterix, Lucky Luke o Spirou.

Todos esos argumentos convenientemente amalgamados hacen de la lectura de cada uno de los álbumes un todo perfecto. Este tebeo es el más claro ejemplo para comprender esa filosofía que se vislumbra en todos y cada uno de los títulos de Émile Bravo: la lectura compartida y el entretenimiento porque sí. Defensor del todos los públicos, de que las diversas generaciones compartan momentos en torno a una creación literaria y que disfruten de esos ratos que les brindan las viñetas, descubriendo los diferentes niveles, los referentes sugeridos o explícitos, que les generen preguntas a los más jóvenes y sean carne de debate con los más mayores, ayudando con la presencia del humor a la digestión de los conceptos más arduos y peliagudos. En definitiva, que el acto de la creación constituya para los destinatarios un momento placentero y para su responsable, de diversión.

Ahí lo tienes.

Y sí, Tintín planea por Una asombrosa aventura de Jules en lo que parece ser una tradición.

La verdad es que podía haberme quedado en el primer párrafo de esta reseña y haberos mandado directamente a vuestra librería de cabecera a adquirir los recopilatorios o a la biblioteca a sacarlos en préstamo. ¿La razón? No contaminar ese asombro que nos provoca descubrir un verdadero tesoro en forma de magnífica historia ni arruinar ese momento tan especial e íntimo en el que creemos haber descubierto una maravilla. En buen número de ocasiones, es mejor no verter opiniones que permitan que cualquier calificativo o expresión mancille o anticipe la impresión que nos puede dejar un excepcional relato cuando llegamos al punto y final. Adentrarnos vírgenes en la lectura sin que nos condiciones otras consideraciones u opiniones, dejando que sea el tebeo quien nos sorprenda y nos lleva revelando poco a poco sus secretos.

No obstante, si habéis llegado hasta aquí atentos, párrafo por párrafo, a mis palabras, tan sólo me queda ofreceros un par de recomendaciones. Leedlo sin la presión de tener que terminar una lectura, sin que el tic-tac del reloj os importune, sentid esa sonrisa que surge de la diversión y del porque sí.

¡Maqueta va!

Siento envidia de vosotros. Sí, de todos los que vais a afrontar la lectura de Una asombrosa aventura de Jules por primera vez. Porque vais a experimentar esa maravillosa sensación de sentir que estás ante un tebeo de los que te marcan.

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¡Nos vemos en la Zona!

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