#ZZYearSeven: 90 años de… LAS AVENTURAS DE TINTÍN, de Hergé

¡Cumpleañeros saludos, zhéroes!

Ya van siete años hablándoos de cómics, cine, series, videojuegos, películas, juegos de mesa… y todo lo que nos gusta y apasiona. Pese a lo duro que ha sido este último año (y lo está siendo) para todo el mundo, aquí seguimos unidos cual familia numerosa. Así que tomad asiento y disfrutad de todas las cosas que os tenemos preparadas para vuestro deleite y gozo.

Es momento de reseñar obras, películas o juegos que cumplan años al mismo tiempo que nosotros y que, a la postre, nos han marcado de una forma u otra…

Sed bienvenidos al #ZZYearSeven y ¡que no os lo cuenten!

 


Título original
:
Les Aventures de Tintin #1-24 HC
Sello: Éditions Casterman
Artista: Hergé
Publicación Bélgica: Ene. 1930 – Oct. 1986
Publicación España: Abril 2017 – Actualidad (Zephyrum)
Valoración: La magia de contextualizar

 

 


Estamos viviendo tiempos en los que no nos tiembla el pulso para denunciar las cosas y me parece algo maravilloso. Ciertas ideologías (si pueden llamarse así) reaccionarias o injusticias de todo tipo se están viendo canceladas por una gran parte de la sociedad, en pos de cambiar esa inconformidad laxa que tanto mal nos ha hecho con el paso de los siglos. Ya no vale aguantar una obra -sea ésta de cualquier formato- con claros mimbres fascistas porque el autor o autora goce de cierto privilegio social, por ejemplo. Pero cuando nos referimos a obras del pasado, creo que no es justo utilizar el mismo baremo de cancelación. Para sacar conclusiones de lo que voy a decir, hay que leerse el texto completo. Y sí, para los que lo vean venir, quizá he hecho algo de trampa con este especial del aniversario. Pero dejémonos de prolegómenos y demos paso a…

TINTÍN
de Hergé

Estoy completamente seguro de que a estas alturas de la película no hace falta ni presentar al personaje, pero para quién no lo sepa Tintín es un joven reportero, con cierta alma de filántropo y aventurero, que no duda enrolarse en las más extrañas misiones que pueda uno imaginar y siempre de la mano de sus variopintos amigos, como el capitán Haddock, y su inseparable perro Milú. Estamos hablando de uno de los grandes clásicos del noveno arte y quizá de los personajes más blanqueados que ha existido nunca. Todos hemos crecido con esas aventuras que marcaron un antes y un después en el mundo del cómic o, al menos, hemos disfrutado de aquella maravillosa serie de animación de principios de los noventa. Particularmente, yo descubrí sus tebeos en el colegio, siendo un niño, porque mi madre jamás quiso comprarme nada sobre el personaje. En casa, referente al cómic franco-belga, tenía tomos de Astérix, Spirou y otros personajes no tan conocidos, pero que me dieron muchísimas horas de entretenimiento. Pero nunca pude conseguir que me compraran nada de Tintín y no comprendía el por qué, si sus aventuras eran tan geniales. Tuvieron que pasar los años (bastantes, me temo) para comprender el por qué de esta decisión por parte de mi señora madre. Y sus razones tenía.

Antes de continuar con esta dicotomía personal hacia Tintín, me gustaría hacer un pequeño parón en la reseña y hablar de su origen. La creación del personaje viene marcada por el abate Norbert Wallez, que le encarga a un jovencísimo Georges Remi (posteriormente conocido como Hergé) la creación de una tira cómica para su diario que debía cumplir dos requisitos: tenía que estar enfocado hacia el público más joven y debía tener un marcado mensaje anticomunista. Así apareció, un año después de su publicación, el primer tomo llamado Tintín en el país de los soviets, una obra en la que no se ponía precisamente en buen lugar a la Unión Soviética ni al comunismo, como cabría esperar viendo los antecedentes. Este origen es importante y este tipo de mensaje reaccionario, con muchas referencias casposas y gran cantidad de racismo, machismo, ridiculización de los judíos, etc… se irá viendo con el paso de los años en las creaciones de Hergé, no siendo algo simplemente anecdótico de sus primeras obras. Tengamos esto en cuenta para seguir.

Portada de la reedición de Casterman.

Cuando por fin pude tener en mis manos una reedición moderna del personaje, ojeando las páginas vi aquella famosa viñeta en la que se hace una referencia despectiva hacia los gitanos al principio de Las Joyas de la Castafiore. Mentiría si no dijera que quedé en shock. No recordaba tal mensaje siendo un niño, aunque tampoco es que me diese cuenta de ese tipo de cosas por aquel entonces. Decidí seguir investigando sobre el personaje y le dije a mi madre cuánto me había impactado aquello. Por lo visto a ella le pasó algo parecido cuando era joven y no creía que fuese una lectura adecuada para su hijo, por lo que tampoco le puedo reprochar nada referente al tema. Ahora viene la parte dicotómica: Tintín es una serie que me encanta. No lo puedo evitar. Me lo pasé tan bien con sus aventuras de pequeño, me parece una narración visual tan deliciosa y atractiva, que me chifla. No puedo decir lo mismo de Georges Remi. Aunque sea difícil de comprender, es así. No acepto las partes reaccionarias e -istas de la obra, pero no renuncio a sus aventuras. Y aquí es donde yo quería llegar.

Creo que sí existe el contexto histórico. Entiendo que Hergé fuese un fascista (de hecho siempre se rumoreó que se basó en un dirigente de las SS para crear al personaje) y que por aquel entonces, amparado por el catolicismo más férreo y la invasión del país, ser un nazi no estaba mal visto. Comprendo todas estas tachas que tienen Las Aventuras de Tintín, que puede molestar a aquellas personas que compartan algo con los colectivos que se ridiculiza: mujeres, comunistas, africanos, árabes, gitanos, etc. Es más, creo que debería ofendernos a todos los que leemos al personaje. Hay que ofenderse más. Hay que hacer crítica general, crítica particular y autocrítica. Siempre. Eso denota salud social. Pero no hay que olvidar nunca el pasado y, mucho menos, quemarlo. Entonces nos estamos haciendo un flaco favor.

Si cancelamos obras clásicas como Tintín por ser racistas, sería reducir todo al absurdo. Me recuerda cuando hace unos meses se intentó cancelar la adaptación cinematográfica de Lo que el viento se llevó. Claro que tiene un contexto histórico, claro que no hay que medir todo con la misma vara temporal y no podemos simplemente echarla a la quema y olvidarla para siempre. Al hacerlo no dejará de ser racista. Porque no cancelarlo no es equivalente a no decir lo que es. Tintín es una obra con claras reminiscencias fascistas. Y mucho. Eso es así. Cuando leo el tebeo, sé en todo momento lo que estoy leyendo y no me siento culpable de hacerlo. Porque no comparto su ideología política ni social, solo admiro una obra que otrora entraba dentro de una mentalidad aceptada por una mayoría de caucásicos reaccionarios. Difícilmente leería una obra parecida con un personaje actual. Sería inviable. Sin embargo, hay que admitir que Tintín y Hergé son y serán referentes en el noveno arte europeo y una clara inspiración para los artistas que han venido después de ellos. Y os lo dice un mestizo comunista. 

¡Dí que sí, capitán Haddock! Me cago en mi vida…

Me gustaría terminar la reseña mencionando algo que me parece maravilloso y es el trabajo que está haciendo Zephyrum Ediciones publicando el material clásico de Las Aventuras de Tintín en varios idiomas y dialectos de la península ibérica como el aragonés, aranés, castúo, euskera, galego, valenciano, asturiano o mallorquín. De hecho, he usado la portada de la versión castúa de Las Joyas de la Castafiore porque creo que se trata de una idea genial que dice mucho (y muy bien) de la editorial española. Es un ejemplo perfecto de que se pueden hacer las cosas mejor y, encima, con una serie de cómic que se presta a ello y que parece estar siempre redimiéndose por su pasado. Todo lo que genere pluralidad y enriquezca, para mí es bienvenido. Como cabría esperar, Tintín siempre estará lleno de luces y sombras.

Espero que haya quedado claro mi mensaje analítico. Me alegro de haber podido hablaros de Tintín, de que cumple 90 años y os animo a ejercer la famosa arqueología tebeística. Los clásicos están para inspirarnos y motivarnos. Lo de crecer y hacernos mejores que nuestros anteriores sólo está en nuestras manos. La solución no se encuentra en tirar tierra al asunto, sino en mirar lo que fuimos y proyectar qué queremos ser. Siempre hay que abogar por la claridad, la sinceridad y la verdad. Y eso es algo que Tintín siempre habría defendido.

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¡Nos vemos en la Zona!

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Joe Runner

Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Zona. Vivo mejor que quiero.

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