#ZZYearSeven: 70 años de… PEANUTS, de Charles M. Schulz

¡Cumpleañeros saludos, zhéroes!

Ya van siete años hablándoos de cómics, cine, series, videojuegos, películas, juegos de mesa… y todo lo que nos gusta y apasiona. Pese a lo duro que ha sido este último año (y lo está siendo) para todo el mundo, aquí seguimos unidos cual familia numerosa. Así que tomad asiento y disfrutad de todas las cosas que os tenemos preparadas para vuestro deleite y gozo.

Es momento de reseñar obras, películas o juegos que cumplan años al mismo tiempo que nosotros y que, a la postre, nos han marcado de una forma u otra…

Sed bienvenidos al #ZZYearSeven y ¡que no os lo cuenten!

Título original:
The complete Peanuts #1-26 HC
Sello: Fantagraphics Books
Artista: Charles M. Schulz
Contenido: Peanuts #1∼18000 (Oct. 1950 – Feb. 2000)

Publicación USA: Feb. 2004 – Nov. 2016
Publicación España: Jun. 2005 – Oct. 2019 (Planeta)
Valoración: Recuerdos de infancia


Cuando llega nuestro querido aniversario siempre pienso en qué obras han marcado algún momento importante en mi vida que, por diversas razones guardo en un rinconcito con añoranza y leo de vez en cuando, en esos momentos en los que quiero poner una sonrisa en mi rostro o simplemente cuando quiero sentarme y leer algún fragmento ligero que me caliente el corazón un poquito y me haga cosquillitas en la tripa.

PEANUTS
de Charles M. Schulz

No es de extrañar que este año, por no sé qué vez consecutiva, vuelva a escribir sobre una tira cómica que aparecía en los periódicos en el Estados Unidos de los años cincuenta. Porque no puedo negar que se me estremece el corazón al recordar el olor del café con leche recién hecho y de las tostadas de los domingos por la mañana en casa de mis abuelos, donde se abría el periódico en el salón y se pasaban las páginas hasta llegar a esas magníficas tiras. Si bien tengo que confirmar que conocí Peanuts bastante más tarde y bajo otro formato.

Estaremos todos de acuerdo en que la biblioteca del colegio tenía siempre ejemplares de esos con tapas de colores bien chillones con el mítico perro blanco o alguno de sus amigos en la portada, así fue como lo conocí y así fue como entramos en una relación casi amorosa de casi veinte años de mi vida, y los que me quedan, así como Schulz acompañó a su fiel obra hasta su último suspiro.

La destrucción iracunda nunca tiene límites…

Los de mi generación quizás sabrán de lo que hablo cuando digo que he crecido con Snoopy, Charlie Brown y su pandilla, otros quizá algo menos pues en España la generación de los noventa lo tenía hasta en la sopa… En la biblioteca de la clase en el colegio, en la biblioteca municipal, la del barrio y hasta en la televisión. Sí, en la televisión también, pues el Beagle más famoso de los periódicos tuvo una serie televisiva, que pasaba todas las mañanas en las emisiones infantiles durante el desayuno. Así que crecimos con él, aunque muchos no se acuerdan, pero todos sabemos quién es el perro más famoso de la tele y quién es su dueño.

Pero ¿qué es lo que hace a este “comic” tan especial? Puede que sea la trama tan sencilla que tienen las historias, las cuales constan de situaciones cotidianas en la vida de los niños, reconocibles por todos y que en un primer momento nos llenan de nostalgia, pero con un toque diferente. Y es que en las reflexiones de los pequeños se perciben ciertas críticas sociales, sí, muy sutiles y más bien dirigidas a la adquisición de ciertos valores humanos necesarios para la vida en sociedad, como lo son la honestidad, la comprensión o la ayuda al prójimo; esto en la mayoría de los casos, ya que en otros vemos como son actores de problemas reales, como lo son la dependencia, el acoso o la depresión.

Que mala es la abstinencia de mantita. Es un maldito suplicio.

Todo esto es aderezado con la inocencia infantil que lleva a los personajes a mostrar su lado más tierno equivocándose de vocablos o teniendo miedo a irse a la quiebra, porque ¿quién no ha repetido a sus padres sin tener la más remota idea de lo que están hablando? Pero lo cierto es que son las evidencias de situaciones reales de la época en la que se escriben las tiras, los gobiernos tienen miedo a la quiebra después de la crisis de los años veinte y los dorados cincuenta no parecen un sueño tan esperado.

Por otro lado, no se puede dejar aparte el papel del célebre Snoopy, quien es más famoso incluso que sus compañeros de viñeta, ya que juega un papel esencial en el imaginario general porque es él quien encarna la propia imaginación, dejándonos bien claro que no podemos tomarnos al pie de la letra lo que se dice. Y esto lo consigue el autor haciéndonos partícipes de los sueños y juegos del pequeño Beagle, trasladándonos a una fantasía infantil muy precisa, la del amigo imaginario, la cual se refuerza gracias a la etapa infantil por la que todos pasamos: la de la afirmación del yo y la construcción de la personalidad. Algo que nos lleva a identificarnos con la pandilla de Charlie Brown y a reírnos con inocencia y nostalgia de los delirios de su perro, el cual es abogado, escritor, senderista, aviador de la segunda guerra mundial, ligón de instituto, detective y un largo etcétera.

En esta vida el flow se tiene o no se tiene.

Si debo ser sincera, Peanuts es todo lo dicho y mucho más, porque es una de esas obras que tienen un no sé qué inidentificable que no se puede describir. Tiene esa magia que solo se puede identificar con el cariño, con el sentimiento de amar lo que uno hace y para quien lo hace, porque todos y cada uno de los personajes de Schulz rebosan de felicidad, carisma y, sobre todo, de amor y pasión. Algo que falta mucho en estos días y, si me permitís un consejo de ya no tan joven, no leáis esta obra solos, sino con los pequeños de la casa, ved la serie animada, ved la película un sábado por la tarde con ellos; porque el mejor regalo que podemos ofrecer a quien queremos es algo hecho con el más grande amor, y si está aderezado con tiempo, cariño y un chocolate caliente es aún más maravilloso.

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¡Nos vemos en la Zona!

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