#ZZYearSeven: 20 años de… EL PROTEGIDO. No todos los héroes llevan chubasquero

¡Cumpleañeros saludos, zhéroes!

Ya van siete años hablándoos de cómics, cine, series, videojuegos, películas, juegos de mesa… y todo lo que nos gusta y apasiona. Pese a lo duro que ha sido este último año (y lo está siendo) para todo el mundo, aquí seguimos unidos cual familia numerosa. Así que tomad asiento y disfrutad de todas las cosas que os tenemos preparadas para vuestro deleite y gozo.

Es momento de reseñar obras, películas o juegos que cumplan años al mismo tiempo que nosotros y que, a la postre, nos han marcado de una forma u otra…

Sed bienvenidos al #ZZYearSeven y ¡que no os lo cuenten!

Título Original:
Unbreakable
Año: 2000
DirectorM. Night Shyamalan
Guión: M. Night Shyamalan
Fotografía: Eduardo Serra

Reparto: Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Robin Wright, Spencer Treat Clark, Eamonn Walker, Charlayne Woodard, Leslie Stefanson, Johnny Hiram Jamison, M. Night Shyamalan, Julia Yorks, James Handy, Davis Duffield, Bostin Christopher, Elizabeth Lawrence, Laura Regan, Chance Kelly, Michael Kelly, Firdous Bamji, Johanna Day, Richard Council, Damian Young, Sasha Neulinger, Ukee Washington, Susan Wilder, Greg Horos, Anthony Lawton, John Patrick Amedori, Simms Thomas, Andrea Havens, Jose L. Rodriguez, Whitney Sugarman, Sherman Roberts

Valoración: Protegida frente al paso del tiempo

Sinopsis: Tras un accidente de tren, todos los pasajeros resultan muertos, excepto David Dunn. Un misterioso desconocido, le plantea una extraña hipótesis que explicaría por qué David ha salido indemne del accidente, pero esta explicación, de ser cierta, podría cambiar para siempre la vida de David y la de su familia.

Hay que ver cómo pasa el tiempo, querido público. Vale, que llevo poco tiempo con los Zhéroes, pero ya era lector antes de ser parte del manicomio éste. Cuando te quieres dar cuenta, siete añazos y bofetón en la cara, porque he de reconocer que elegir las obras a reseñar para este especial ha sido demoledor. Creo que en el proceso me han salido un puñado de canas.

Por ejemplo, reencontrarme con esta película ha sido como un suplex dorsal (referente que da buena cuenta de la senectud de este vuestro servidor, esclavo, amigo…). Es meterse en la ficha de la película y ver que cumple, nada más y nada menos, veinte años.

Veinte.

Años.

Vaya con la ciclogénesis explosiva.

Parece que fue ayer cuando M. Night Shyamalan lo había petado fuerte con un tenso espectáculo paranormal de aires a lo Hitchcock, armado de su famoso giro final que dejó con esguince de cerebro a toda una generación. Además de ese providencial efecto, el aroma a clásico se respiraba en cada fotograma de El sexto sentido, gracias al maravilloso sentido del ritmo y la calma tensa que imprimía el director en la recordada obra. Había mucho cine ahí, amiguis.

Imaginad como estaba el público ante la perspectiva de una nueva película de aquel director de nombre cantarín, dispuesto a repetir emociones e intrépidos malabares argumentales, soplo de aire fresco entre el ruido de los blockbusters habituales. Entonces, vimos El protegido. Lo que nadie esperaba. La primera vez, de muchas, que el director indio-estadounidense conseguía que el público levantara la ceja, confuso ante la inesperada propuesta. Porque aquella obra no tenía nada que ver con El sexto sentido, nadie podía prever que Shyamalan ignoraría las expectativas de un público rendido a sus pies y daría el primer puñetazo sobre la mesa de su esencia como autor. Porque, con independencia del resultado final, siempre ha quedado claro que ha conseguido hacer lo que le ha dado la gana con su carrera, a pesar de los batacazos.

Vestido así no sé si salvar la ciudad o enrolarme para pescar Fletán.

El Protegido, a grandes rasgos, era una película de superhéroes. A pesar de la personal interpretación de los mitos modernos extirpados de las páginas de los cómics, los elementos reconocibles del género estaban ahí, trasladados con ingenio a la realidad reconocible de los espectadores. Expuesto todo ello con una economía de medios envidiable, sin grandes aspavientos ni demostraciones de músculo, sin salirse ni un ápice de las líneas de estilo que marcó en su anterior película.

Hay que ser muy valiente para desarrollar una idea como la que sustenta El protegido sin que se quede en tierra de nadie. Shyamalan, aunque provocó sensaciones encontradas entre los que se acercaron a los cines, regaló una película única, inteligente, capaz de aunar la épica de los enmascarados del cómic con el desarrollo de un thriller criminal, con ese aire clásico y calmado del que Shyamalan hizo gala en El sexto sentido.

Papá, por favor, que no te dibuje Rob Liefeld.

Agarraba de la pechera los conceptos mínimos de los cómics y los envolvía de naturalidad creíble. Porque al final, El Protegido es la eterna lucha del bien contra el mal, aunque, en este caso, la naturaleza del mal estaba tan bien presentada y argumentada que no pude evitar el aplauso en los compases finales de la propuesta. Decía el propio Hitchcock que una película es tan buena como lo es su villano, así que, en ese sentido, El protegido es una obra maestra incuestionable. El mal surge de la desesperación, de la soledad, de la determinación de encontrar la luz en un mundo de oscuridad. Nada de planes de dominación mundial, ni venganza, ni ninguno de los lugares comunes. Tan sólo la esperanza de un hombre atrapado en su propio cuerpo en que podemos aspirar a ser mejores. Demoledor, triste, emocionante, la relación entre los dos protagonistas es magistral.

Entre medias, Shyamalan, empeñado en rizar el rizo, introducía elementos de drama familiar y psicología de personajes, alejado de los maniqueismos habituales en el colorido mundo de tipos en pijama. Historias de tipos normales y casi aburridos empujados a lo imposible, ese parece ser el mantra que repite el director en la mayoría de su producción, y que en El Protegido funciona de manera orgánica, natural, sin nada forzado en una historia de orígenes atípica y cercana.

Esta imagen es mejor con los Bee Gees de fondo.

Todo esto está muy bien, claro. Pero es que, además, hubo algo que en el momento del estreno de El Protegido me llegó muy dentro. En una película destinada a reventar la taquilla se hablaba de cómics. Con respeto, con categoría de arte, como elemento cultural significativo incrustado en la idiosincrasia cultural del siglo XX. Un medio capaz de ser sinónimo de esperanza y de cambiar vidas. Porque, como decía al principio, a pesar de los malabares de Shyamalan, El Protegido era una historia de superhéroes. Contado con una voz tan propia, tan alejada de los clichés, que aprecía algo nuevo y brillante, pero que los aficionados a la viñeta reconocimos desde el minuto uno.

Con El protegido empezó la leyenda de Shyamalan como director impredecible, traducido en una carrera que es una montaña rusa. Aún así, con los tropiezos, hay que reconocer que ha mantenido la dignidad (casi siempre, que tenemos Avatar por ahí) y su voz de autor contra viento y marea, e incluso en la peor de sus películas encontramos los signos identificables de un estilo visual fascinante (Bueno, y perdonad que me repita… en Avatar NO).

Esto se llama tebeo, no novela gráfica, snob de mierda.

Me parecía justo recordar esta película, por sus implicaciones emocionales con el mundo que manejamos normalmente en la Zona, porque el tiempo ha tratado muy bien a El Protegido, que sigue siendo una gran película veinte años después, iniciando un extraño universo de héroes y villanos que finalizó hace poco tiempo.

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¡Nos vemos en la Zona!

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Santi Negro

Lector. Cinéfago. Sueño en viñetas

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