#ZZYearSeven: 30 años de… ANIMAL MAN, de Grant Morrison y Chaz Truog

¡Cumpleañeros saludos, zhéroes!

Ya van siete años hablándoos de cómics, cine, series, videojuegos, películas, juegos de mesa… y todo lo que nos gusta y apasiona. Pese a lo duro que ha sido este último año (y lo está siendo) para todo el mundo, aquí seguimos unidos cual familia numerosa. Así que tomad asiento y disfrutad de todas las cosas que os tenemos preparadas para vuestro deleite y gozo.

Es momento de reseñar obras, películas o juegos que cumplan años al mismo tiempo que nosotros y que, a la postre, nos han marcado de una forma u otra…

Sed bienvenidos al #ZZYearSeven y ¡que no os lo cuenten!

 


Título original
:
Animal Man Vol. 1-3  TPB

Sello: Vertigo Comics
Guionista: Grant Morrison
Artistas: Chaz Truog, Tom Grummet y Paris Cullins
Entintadores: Doug Hazlewood y Mark Farmer
Colorista: Tatjiana Wood
Contenido: Animal Man #1-26 (Sep. 1988 – Ago. 1990)

Publicación USA: Jun. 1991 – Oct. 2003
Publicación EspañaFeb. – Ago.  2016 (ECC)
Valoración: ¡Puedo veros!

 

Este pasado agosto se cumplieron treinta años de la publicación de Deus Ex Machina, el vigésimo sexto y último número de la célebre etapa de Animal Man guionizada por el escritor escocés Grant Morrison. Siendo precisamente este último número el que verdaderamente supuso una revolución narrativa para el cómic, así como el que probablemente los lectores más recuerden.

ANIMAL MAN
de Grant Morrison y Chaz Truog

Animal Man es el primer trabajo de Grant Morrison para una editorial norteamericana de cómics, que, junto con el Sandman de Gaiman y La Cosa del Pantano de Moore entre otros, constituiría la primera oleada de la conocida british invasion del tebeo superheroico de finales de los años 80. Una colección de obras que no solo comparten la autoría británica, sino que demuestran una clara vertiente política y un fuerte criticismo social que las aleja de sus coetáneas y que, en definitiva, es lo que acabaría impulsando la creación del sello Vertigo años después, separándolo del resto de la continuidad de DC.

Es precisamente esta vocación claramente política y de denuncia social, con ese humor irónico y casi cínico que tan bien saben plasmar los guionistas británicos, lo que hizo que estas obras se consideraran superiores al resto de historias de superhéroes de la época, o al menos más adultas. Siguiendo por tanto el patrón establecido por Alan Moore en La Cosa del Pantano, Grant Morrison comienza su andadura al frente de Animal Man con una clara intención reivindicativa. Denunciando el riesgo que supone la presencia del hombre para la supervivencia del planeta, a través de lo que podrían ser simples aventuras pulp de Animal Man. Representando así una lucha por salvar el mundo, la que libra Buddy Baker, radicalmente opuesta a la que podrían tener Batman o Superman, y que tendrá como principal objetivo poner fin a la crueldad animal y reducir el impacto del ser humano sobre la Tierra.

Al principio todo son gatitos, cabriolas y felicidad…

Pero quizá por lo que más destaca esta primeriza obra de Morrison sea por su forma, más que por su contenido. Pues si en algo se diferencia de sus compatriotas de la british invasion (al menos durante estos primeros años), es en que el escocés no busca únicamente trascender las historias de superhéroes mediante el tono más adulto y reflexivo de las mismas o el mensaje moral que hay detrás de ellas, sino que también se propone el ejercicio de llevar el medio a sus límites, exprimiendo las posibilidades narrativas del cómic hasta su último exponente.

Y es que no hablamos únicamente de una ruptura de la cuarta pared o de utilizar el universo de ficción en el que transcurre la historia como alegoría de la realidad, que probablemente sean los recurso más evidentes. Sino que Morrison se dedica, a lo largo de toda la etapa, a jugar con los conceptos narrativos, retorciéndolos hasta límites insospechados, involucrando tanto al lector como a los personajes de la obra en su lectura, haciéndoles participes en todo momento de la historia que se cuenta. Una experimentación formal y narrativa, que culminará en este célebre Deus Ex Machina que recientemente ha cumplido treinta años. Pues es en este último número de la colección en el que el propio Grant Morrison pasa a convertirse en un personaje dentro del propio tebeo. Encarnando la figura de ese dios bajado de la grúa, que viene a dar un último giro y cierre a la historia redefiniendo con ello la existencia de Buddy Baker, Animal Man.

Sí, Animal Man, es increíble. Grant Morrison con pelo. Como se nota la ficción.

De ahí ese doble juego de palabras presente en el título Deus Ex Machina, pues no se trata tan solo de un final sacado de la chistera del mago escocés, sino que también juega con el concepto de Dios, trasladando sus ideas existenciales sobre el sentido de la vida y la existencia de un dios omnisciente y titiritero que maneja los hilos de nuestras vidas, al reducido espacio que puede suponer el universo DC, haciendo el ególatra símil de que Grant Morrison, como guionista, es ese dios que controla la totalidad de lo que sucede en la vida e historia de Buddy, o al menos lo es durante el tiempo que se lo permiten.

A pesar de que toda esta pomposidad en las formas pueda en muchas ocasiones ensombrecer todo lo que hizo Morrison en su Animal Man, ésta no es ni mucho menos una obra vacía. Pues el escocés también la utiliza como mecanismo de reflexión sobre la familia y las emociones humanas, la existencia de dios o el sentido de la vida. Del mismo modo, y como ya quedaría patente en los posteriores trabajos del escocés, no puede haber obra de Grant Morrison sin su buena dosis de sustancias psicotrópicas. Pues durante los dos años que estuvo al frente de Animal Man, su protagonista, Buddy Baker, acabó convirtiéndose casi en un reflejo del propio autor. Y por ello, entre otras cosas, le veremos convirtiéndose en vegetariano o teniendo una experiencia espiritual provocada por el consumo de peyote.

Hay que ser bastardo para hacerle un spoiler así a tu personaje.

Por último, dedicar unas líneas al más que digno apartado gráfico, a cargo de Chaz Truog, Doug Hazlewood y Tatjana Wood, que aun siendo muy hijo de su época, es de una ejecución impecablemente limpia. Pero si algo ha pasado a la historia en estos más de treinta años son las increíbles portadas que realizó Brian Bolland durante toda la colección, desplegando un nivel artístico como el que quizá jamás hayamos vuelto a ver.

Se cumplen treinta años del culmen a una obra que supuso una completa innovación narrativa, tanto por los temas tratados como por la forma de tratarlos. Grant Morrison sentó un precedente al llevar los límites narrativos del cómic más allá de la página impresa en un completo alarde de las formas, que hasta puede llegar a perjudicar la difusión de su propio mensaje: no hay nada en este mundo que justifique la crueldad animal.

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¡Nos vemos en la Zona!

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