#ZZYearSeven: 15 años de… RARUTO, de Jesulink

¡Cumpleañeros saludos, zhéroes!

Ya van siete años hablándoos de cómics, cine, series, videojuegos, películas, juegos de mesa… y todo lo que nos gusta y apasiona. Pese a lo duro que ha sido este último año (y lo está siendo) para todo el mundo, aquí seguimos unidos cual familia numerosa. Así que tomad asiento y disfrutad de todas las cosas que os tenemos preparadas para vuestro deleite y gozo.

Es momento de reseñar obras, películas o juegos que cumplan años al mismo tiempo que nosotros y que, a la postre, nos han marcado de una forma u otra…

Sed bienvenidos al #ZZYearSeven y ¡que no os lo cuenten!

 

 


Título original
:

Raruto
Sello: Loftur Studio
Artista: Jesús García Ferrer (Jesulink) 
Publicación España: Nov. 2005 – Nov. 2017
Valoración: Siento una presencia

 

 

 

A poco que alguien me conozca debe saber que uno de los mangas más importantes para mí (al igual que para gran parte de mi generación) fue Naruto. La obra de Masashi Kishimoto fue mi puerta de entrada al cómic nipón cuando hasta el momento lo más que había leído del medio era Astérix o Mortadelo y Filemón (el pijameo norteamericano ni olerlo) moldeando al entrañable y sucio otaco que conocéis hoy en día. Sin embargo aun tenía que recibir un segundo empujoncito. Y es que si esa fue mi entrada al mainstream, lo que celebro en esta reseña es cómo me adentré en los fanzines, los artistas locales, la comunidad, los salones del manga… En definitiva, voy a hablar de…

RARUTO
de Jesulink

En un mundo de ninjas donde todo se hace con chakra y los shurikens nunca dan, el Jefazo de Torroja da su vida para detener al monstruoso zorro de nueve colas borracho que amenaza destruir la villa sellándolo en una urna. El problema está en que la urna no es tal, en verdad es un niño muy cabezón llamado Raruto que al contener a la bestia en su interior se convierte en el marginado de la aldea. Sin resignarse, nuestro protagonista está más que dispuesto a convertirse en el próximo Jefazo para así conseguir el reconocimiento de todos sus vecinos. Y ya de paso un sueldazo. Pero para ello primero tendrá que convertirse en un ninja y aprender todo lo que ello implica como trabajar en equipo con sus compañeros Flora y Saske y limpiar retretes.

La historia de Jesulink ya la he contado. De hecho, lo hice hace justo un año hablando de 5 Elementos en su correspondiente aniversario y como cambió mi vida. Porque es verdad, sin Raruto no sería la misma persona y es posible que mi acercamiento al manga hubiera sido completamente diferente. En una época en que se es un crío influenciable y cuando es muy sencillo endiosar cualquier cosa recién descubierta se generan las condiciones idóneas para crear nuestras vacas sagradas. Personalmente, recorrí la senda de no ducharme como cualquier otro en mi situación, tanto generacional como social: One Piece en Tele5, reposiciones infinitas de Dragon Ball en Cuatro, todo el anime que ponían en K3, fansubs que preferían poner notas de traducción antes que traducir, los AMV que hacía tu compañero de clase (hola Fran) con temas de Linkin Park… Y podría haber seguido así, poniendo los animes que más me obsesionaban en ese momento en un pedestal intocable y establecer mis gustos posteriores utilizándolos como falso (porque lo que verdaderamente crea nostalgia es el recuerdo de la obra no la obra en sí) baremo incuestionable, convirtiéndome en la clase de persona que más odio. Pero Raruto lo impidió.

Sorprendentes técnicas que nada tienen que envidiar a las originales.

Supongo que esa es la magia de las parodias. Coger algo conocido, familiar e incluso que aprecias y mofarte de ello señalando las partes más ridículas o con menos sentido es una de las formas más sanas para afrontar la ficción y cuando eres un adolescente flipado con Naruto, que te venga a la cara algo que va tan a machete como Raruto es probablemente una de las mejores cosas que te puede pasar. Entender esta clase de ridiculización, no como una forma simple y cruda de hacer burla, sino como manera para poner en valor lo que hace que estas historias funcionen, es lo que más valoro de la obra de Jesulink. Porque los momentos claves siguen ahí. Esos instantes en que te emocionas por la epicidad de lo que va a acontecer, por mucho que sepas que van a llegar, nunca dejan de dibujarte una sonrisa de satisfacción.

Y Raruto no se quedó ahí. Momentos que surgieron como un simple chascarrillo o estupidez con presunta gracia acabaron convirtiéndose en elementos centrales de la historia dando lugar a algo más que una simple parodia. Y esta es otra de las cosas que aprendí, cómo evolucionan las historias y cómo madurar como autor no significa dejar de lado el humor absurdo. Porque la idea de que “más adulto y más maduro” significa más casquería y tetas en la cara es una lacra más dañina en la adolescencia que el acné y la obra en cuestión se ríe de esto con más fuerza todavía que de la obra original.

Siempre perspicaz Raruto.

Es muy difícil que Raruto deje de ser uno de los cómics más importantes de mi vida y es por eso que no puedo dejar de recomendarlo a pesar de que tiene un componente generacional muy importante y, fuera de su contexto, puede parecer una tontería sin sentido. Pero, aun con todo, no deja de ser absurdamente divertido.

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¡Nos vemos en la Zona!

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Ferran

Hago como que estudio Química pero en verdad me inflo a cómics y videojuegos desde pequeño. Soy de esa gente rara a la que le gusta más el manga que el anime.

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