#ZZYearFour: 30 años de… ROBOCOP, de Paul Verhoeven

¡Fantásticos saludos, zhéroes!

Hace unos días nos reunimos las mentes pensantes de Zona Zhero y no sabíamos muy bien cómo celebrar nuestro cuarto aniversario. En un principio habíamos pensado en ir puerta por puerta ofreciendo cava y regalando camisetas de la Zona a todos los que nos visitáis diariamente, pero al final se nos juntaría con el siguiente aniversario y sería volver a empezar otra vez. Luego hemos pensado que mejor lanzábamos al aire un fuego artifical en el que se viera nuestro logo desde cualquier parte de España (Sudamérica queda bastante lejos), pero no nos llegaba ni para comprar un ticket del metro. Cuando ya habíamos perdido la esperanza de qué narices hacer para celebrar con vosotros nuestro cumpleaños, una voz ha resonado por encima del murmullo: “¿Y si hacemos lo mismo que años anteriores?“. El silencio se hizo en toda la habitación y todos miramos al becario asombrados por su ingenio. Así que…

¡Bienvenidos a nuestro cuarto aniversario, zhéroes! Durante esta semana os regalaremos reseñas sobre obras clásicas que también cumplan años como nosotros, como señal de nuestro amor verdadero y puro a todos vosotros. ¡Porque os lo merecéis! ¡Porque sois gente maja, bonica y muy aseada! Pasad y acomodáos en nuestro #ZZYearFour.

Título original:
Robocop.
Año: 1987
Director: Paul Verhoeven
Guión: Edward Neumeier, Michael Miner 
Fotografía Jost Vacano

Reparto: Peter Weller, Nancy Allen, Kurtwood Smith, Miguel Ferrer, Ronny Cox, Dan O´Harlihy, Robert DoQui, Paul McCrane, Ray Wise, Jesse D. Goins, Felton Perry, Del Zamora.

Valoración: Vivo o muerto, vendrás conmigo /10

Sinopsis: Ambientada en una sociedad futura. Alex J. Murphy, agente de policía de Detroit, es asesinado en acto de servicio. Para acabar con la delincuencia en la ciudad, las autoridades aprueban la creación de una máquina letal, mitad robot, mitad Murphy. El experimento parece un éxito, pero el policía, a pesar de estar muerto, conserva la memoria y decide vengarse de sus asesinos.

Decíamos ayer (siempre he querido empezar una reseña así) o más concretamente en  una reseña anterior (Batman: Las 10 noches de la Bestia) que se me había ocurrido acuñar el término “El Síndrome Robocop” para definir aquellas cosas que cada vez que las revisitamos nos siguen haciendo disfrutar como el primer día o, como en el caso de esta película cada vez nos gustan más. Llegó el momento de saber el porqué…

Si existiera un mundo en el que Coppola no hubiera rodado El Padrino, Robocop sería mi película favorita. No es sólo una peli que me retrotrae a mi adolescencia, una de aquellas que veo siempre que puedo en Phenomena o que me pongo cada tanto, es también un icono pop por derecho propio, una de las mejores cintas de los ’80 y una de las mejores pelis de superhéroes de la historia. Todo esto y mucho más es Robocop.

En su primer día en la Comisaria de Detroit el agente Alex Murphy sufrirá un salvaje ataque por parte de una banda de lunáticos. Dado por muerto  su cuerpo será utilizado por una corporación armamentística privada como base para crear a Robocop, una máquina perfecta de combatir el crimen. Pero detrás de la máquina sigue habiendo un hombre atrapado…

¡¡¡Lo compraría por un dólar!!!

Mitad hombre, mitad máquina, todo policía. Este eslogan se me grabó a fuego en aquellos lejanos días en los que la cinta se estrenó en nuestros cines. Además mis primos mayores ya la habían visto y no paraban de hablar de ella y, por si fuera poco, en los tebeos de Forum se anunciaba la adaptación al cómic y el dibujo promocional era la hostia. Tenía 12 años y necesitaba ver esa peli… Poco más recuerdo de mi primera vez si bien como buen producto de su época también tuvo adaptación para juego de ordenador (¡¡¡en cinta!!!!) y casi recuerdo más las escenas  por ese juego (calcado a la peli, por cierto), como el momento del disparo al violador por debajo de la falda de la asustada chica o la identificación de Antonowsky mediante una búsqueda exhaustiva por la base de datos de la policía con ese pincho tan prometedor.

Cuando pasados unos cuantos años me reencontré con Robocop, recuerdo verla con asombro por las excesivas dosis de violencia que retrataba con tanta crudeza, y más al pensar en mi primera vez ocurrida en medio de una tierna post infancia/ pre adolescencia/ lo que sea que eres cuando tienes 12 años. Pero más allá de una peli ultra violenta sobre un tipo que dejan hecho un coladero en la primera escena vislumbré una cinta cargada de mala leche, con momentos tan exagerados que acababan siendo absurdos y no podía dejar de reír mientras el ED209 vaciaba sus cargadores sobre aquel pobre mindundi que naufragó en un mundo de tiburones. Descubrí unos personajes que no sólo desprendían carisma sino que tenían tanto cinismo que acababa por arrancarte una sonrisa, especialmente ese villano llamado Clarence cuya firma en su informe de detención es un detalle más de lo cojonuda que era toda la peli y otro momento de risas.

No es una peli de acción de los ’80 si no hay coca y prostitutas.

Pasaron los años y un día me dije, “Hace demasiado que no veo Robocop” y fue entonces cuando me explotó la cabeza. En ese momento me di cuenta que detrás de aquella capa extra gruesa de violencia brutal, detrás de esos litros de sangre, de cientos de disparos y de frases lapidarias, detrás de toda esa molonidad y de ese tono retro futurista, de esa mala baba que desprendía toda la cinta, había una crítica feroz a la sociedad de consumo y a la privatización de los servicios públicos. También se apreciaban los paralelismos con la historia de Jesucristo por aquello de morir y volver a la vida como un salvador, amén (nunca mejor dicho) de una historia sobre la capacidad del hombre por sobrevivir como individuo y del despertar de la conciencia en las máquinas. Todos estos temas  se sugerían entre enormes escenas de acción que apenas notaban el paso de los años.

Y entonces llegó el Phenomena. Para aquellos que no lo conozcan, Phenomena es un cine de Barcelona que combina lo último en tecnología de imagen y sonido con una cartelera donde se dan de la mano estrenos y grandes clásicos de todos los tiempos. Todo esto no es publicidad sino que quería situaros antes de explicar como vi por primera vez (sí, siguieron más, ¿Acaso lo dudáis a estas alturas de la reseña?) Robocop en ese cine y, esta vez definitivamente, mi cabeza explotó  con semejante obra de arte. Ver en pantalla grande la película me permitió apreciar con detalle los planos grandilocuentes que marcan el inicio de cada escena, ya sea el edificio de la OCP, la fábrica abandonada o la comisaria, pude disfrutar como se merece las escenas de tiroteos salvajes donde se combinan primerísimos planos de las armas logrando reminiscencias a la escena de la ducha de Psicosis y, por encima de todo, se me puso la piel de gallina escuchando a todo trapo la banda sonora de Basil Poledouris.

El soundtrack de la peli es una fanfarria constante que alcanza su zenit en el tema principal, que puede que no sea tan popular como el de Conan (del propio Poledouris) pero que resulta igual de pegadizo y contundente. Curiosamente la versión de este tema que más me gusta es la más melódica, usada en la escena en la que Robocop visita la casa de Murphy, ahora vacía y sin vida, como el propio Murphy. Una escena a reivindicar entre tanta violencia y poderío visual. Salí del cine totalmente enamorado de la peli y fue entonces cuando todo empeoró.

Sí, amigos, yo tuve este videojuego. Para que luego me vengáis con la PS4.

Como supongo que nos pasa a muchos frikis (espero) cuando nos da por algo queremos saberlo todo, nos volvemos fanáticos a tope y queremos exprimir a fondo cada detalle de aquello que nos ha atrapado de tal modo. Así fue como indagando sobre Robocop con gente que sabe mucho más que yo, descubrí que la película del director holandés es una historia que se pliega sobre si misma en un ejercicio de simetría pocas veces visto en el cine. Cada escena tiene una replica en la segunda mitad de la cinta tanto en lo narrativo como en lo visual. Para explicarlo mejor pondré de ejemplo dos escenas, una recordada por todos y otra que nadie debería olvidar. Al principio de la peli el agente Murphy es acribillado hasta la extenuación por un grupo de criminales. Pues bien, en otro momento de la peli es Robocop quien es acribillado esta vez por las fuerzas especiales que lo ven como enemigo, si bien acaba rescatado por la única persona que lo ve como a Murphy, el policía, el hombre.

La escena de Robocop atacado salvajemente por los que se supone que son los buenos de la peli es un espectáculo visual de primer orden acompañado de nuevo por el leit motiv de la banda sonora en un tono mucho más bajo que le aporta un dramatismo brutal. Pero lo mejor de esta escena es que nos recuerda a otra en la que un héroe que está empezando se ve acorralado por la policía, estoy hablando de Batman Año Uno (ese cómic del que ya os he hablado en este EspeZZial #ZZYearFour) y no sería el único detalle del trabajo de Frank Miller en los cómics que se vería reflejado en la peli. Esos telediarios que nos presentan un mundo caótico beben claramente de los noticiarios de The Dark Night Returns pero estos son mejores porque tienen esos anuncios tan locos que son una risa por exagerados en su crítica mordaz al estilo de vida americano. Y es que no me podía ir sin hablar de los anuncios...

Así luce un editor de ZZ después del AniverZZario.

Y como bonustrack destacar el anuncio de Nukem, ese juego de mesa que dispara misiles, que seguro sirvió de inspiración a los guionistas de HIMYM para el personaje del padre de Lily. Una vez metida la cuña de HIMYM va siendo momento de dejarlo.

La historia de Frank Miller con Robocop continuó, del mismo modo que el personaje tuvo dos secuelas, una serie de televisión de dibujos, una serie de televisión de acción real y varias adaptaciones al cómic. Pero como fan acérrimo (se me ha notado, ¿no?) de la película siempre me he negado a ver cualquier versión de Robocop que no fuera esta obra maestra. Miento, me compré el cómic de Robocop vs Terminator que acabó siendo un cómic muy especial de mi colección…

Pero eso, amigos, es otra historia…

Si quieres saber más de nuestro #ZZYearFour pincha en el hashtag y…

¡Nos vemos en la Zona!

CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

También te podría gustar...

Deja un comentario, zhéroe

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.