#ZZYearFour: 25 años de… BRAINDEAD, TU MADRE SE HA COMIDO A MI PERRO, de Peter Jackson

¡Fantásticos saludos, zhéroes!

Hace unos días nos reunimos las mentes pensantes de Zona Zhero y no sabíamos muy bien cómo celebrar nuestro cuarto aniversario. En un principio habíamos pensado en ir puerta por puerta ofreciendo cava y regalando camisetas de la Zona a todos los que nos visitáis diariamente, pero al final se nos juntaría con el siguiente aniversario y sería volver a empezar otra vez. Luego hemos pensado que mejor lanzábamos al aire un fuego artifical en el que se viera nuestro logo desde cualquier parte de España (Sudamérica queda bastante lejos), pero no nos llegaba ni para comprar un ticket del metro. Cuando ya habíamos perdido la esperanza de qué narices hacer para celebrar con vosotros nuestro cumpleaños, una voz ha resonado por encima del murmullo: “¿Y si hacemos lo mismo que años anteriores?“. El silencio se hizo en toda la habitación y todos miramos al becario asombrados por su ingenio. Así que…

¡Bienvenidos a nuestro cuarto aniversario, zhéroes! Durante esta semana os regalaremos reseñas sobre obras clásicas que también cumplan años como nosotros, como señal de nuestro amor verdadero y puro a todos vosotros. ¡Porque os lo merecéis! ¡Porque sois gente maja, bonica y muy aseada! Pasad y acomodáos en nuestro #ZZYearFour.

Título original:
Braindead (Dead Alive)

Año: 1992
Director: Peter Jackson
Guión: Peter Jackson, Stephen Sinclair, Fran Walsh

Fotografía: Murray Milne
Reparto: Timothy Balme, Diana Peñalver, Fran Walsh, Elizabeth Moody, Ian Watkin,Stuart Devenie, Brenda Kendall, Peter Jackson, Stephen Papps

Valoración: Yo quiero un mono rata de Sumatra /10

Sinopsis: Un científico descubre en Skull Island un ejemplar muy extraño de mono rata al que acompaña una terrible maldición, según los nativos. El ejemplar es trasladado a Nueva Zelanda para su estudio. Por otra parte, Lionel es un joven que vive con su insoportable madre, que no aprueba la relación que acaba de comenzar con Paquita, la hija del tendero. Cuando los dos enamorados realizan una visita al zoológico, ella les vigila en secreto, y será mordida por el animal encontrado en la isla. Poco a poco, la madre de Lionel se va convirtiendo en una especie de zombie, sedienta de carne, y que convierte en zombie a todo el que ataca.

Por fortuna, hubo un tiempo en que Peter Jackson era algo más que trilogías hipertrofiadas, canciones soporíferas y elfos saltarines. Algo más que gorilas trotones y el ínclito Andy Serkis prestando sus impresionantes dotes fáciles para dotar de vida a personajes infográficos. Sí, amigos, hubo un tiempo en el que el director neozelandés se dedicó a ser salvaje, bestia y políticamente incorrecto, dedicando sus esfuerzos y desvelos cinematográficos a revolvernos el estómago, a ofender nuestra delicada vista y a ser un bruto con conocimiento de causa excesivo y genial. Lejos de las superproducciones, la alfombra roja y el relumbrón de los focos y la fama, el inicio de su carrera está compuesto por tres películas diferentes pero con un fuerte nexo de unión: la gamberrada.

¡Que te calleeeees!

Comenzando por Mal Gusto, una cinta amateur llena de extraterrestres y gore y siguiendo por Meet the Feebles, una asombrosa aproximación ácida, misántropa y moralmente pornográfica al mundo de los teleñecos, la carrera de Jackson cobra enjundia y relevancia internacional después de rodar Braindead. Y con razón. Pocos de los que vimos esta sobredosis de plasma, zombies y desmembramientos, allá por el lejano y brumoso 1992, quedamos indiferentes ante la propuesta. Estaba claro que aquel era un nombre a seguir y eso se hizo evidente con el cambio de registro sorprendente de Criaturas Celestiales y con la muy denostada e incomprendida Agárrame esos fantasmas (The Frighteners) en 1996. En ambas, Jackson hacia un trabajo de adaptación a la industria notable, ya que mantenía sus marcas de identidad más características a pesar del aumento de presupuesto. Lo que vino después, como suele decirse, es historia: orcos, anillos y señores pequeños de fuertes y reprimidas tendencias homosexuales botando en una cama.

Pero centrémonos en esta Dead Alive que, en España, país que suele cuidar con mimo y respeto los títulos originales de las películas, fue acertadamente subtitulada como “Tu madre se ha comido a mi perro”. Calidad. Respeto. Spoiler-free. Y, sin embargo, no puedo imaginar una frase más acertada (sacada directamente de la película) para resumir de forma certera y concisa el contenido de lo que vamos a ver. Deudora de clásicos de Buster Keaton y Harold Lloyd (sí, en serio), Braindead es una auténtica orgía de violencia irreal, espesa y densa como la sangre que lo llena todo en el apocalipsis final. Te coloca en situaciones tan extremas y absurdas que no puedes evitar reír a carcajadas mientras una pobre muchacha es despedazada por una horda de muertos vivientes. Saturado por tanto miembro volador, tu cerebro desconecta de lo desagradable para centrarse en lo divertido, en lo cómico y, sobre todo, en lo imaginativo. Es imposible escapar del magnetismo de ese cura poseído por Bruce Lee, de ese angelote de escayola convertido en mortal shuriken o de los momentos cercanos a la arcada producidos por unas gachas o unas simples natillas. Jackson nos pone en situación con un comienzo salvaje y sin compasión, decelera con una composición costumbrista de los años cincuenta basada casi en exclusiva en los modelos de coche que circulan por las carreteras (todo un prodigio de localización, producción y ambientación), y luego va aumentando la intensidad hasta una traca final en la que la falsa hemoglobina aparece, de forma literal, a cubos. Y no es coña.

¿Véis? No es coña.

Todo el Peter Jackson actual, amerado y contenido en cintas posteriores, está aquí. Los primeros planos, la cámara colocada en ángulos extremos y ese movimiento de zoom más cercano a Valerio Lazarov de lo que nos gustaría reconocer, adquieren en esta película un grado cercano al paroxismo. Elementos que ayudan a dotar al conjunto de la irrealidad necesaria para convertir la masacre en algo soportable y, a la vez, para acentuar los aspectos de humor cercano a esas comedias del cine primigenio en la que la actuación corporal era la que generaba la risa.

Es imposible no sentir lástima por ese protagonista absorbido por una madre tiránica y monstruosa mucho antes de ser mordida e infectada. Es imposible no enamorarse del zombie  dividido, de la cabeza patinadora zombie, de las tripas/pulmones zombie o del bebé zombie. Es imposible no alcanzar un estado empático y trascendente al contemplar esa historia de amor loco entre muertos vivientes que, por encima de la sed de cerebro, sienten el impulso inextinguible del fornicio. Y Paquita. Qué decir de esa Diana Peñalver que se mueve con soltura entre la maldición gitana, la obsesión por el casorio y el uso experto y fatal de la batidora.

Ay, Paquita…

Si uno se fija bien, puede ver homenajes evidentes a la cintas de Romero, al Sam Raimi de Terroríficamente Muertos o a los monstruos de silicona de ese genio desaparecido e injustamente olvidado llamado Rob Bottin. Influencias que hablan de una base sólida y respetuosa con un tipo de cine autoconsciente, irónico, brutal  y que muchas veces no se toma en serio a sí mismo, lo que lo dota de un empaque que no lograría si intentara confundirnos con seriedad y pretendido realismo. Un cine que abriría las puertas del éxito mundial a un director de indiscutible talento que ha decidido enterrarse en unas brumas nacidas de la Tierra Media de las que no creo que pueda ya escapar.

Quizá al revisitarla para escribir esta reseña de aniversario haya perdido algo de esa magia loca que me conquistó la primera vez que la vi, pero Braindead sigue siendo un hito en la historia del gore que me hace reír como siempre, con esa frescura absurda de las comedias de mamporro y tarta de nata. Por su argumento disparatado a todos los momentos absurdos que te hacen pensar que Lionel sufre un trastorno mental cercano al retraso; por los personajes extremos como el tío Les o el veterinario Nazi que culminaron en el maravilloso Milton Dammers (interpretado por el Re-Animator por excelencia: Jeffrey Combs) de The Frighteners; por todo la mezcla de maravillosa paranoia tras la que jamás volverás a comerte unas natillas de la misma manera… Sólo por eso, esta película merece pasar a la posteridad. Y con galones.

Si quieres saber más sobre nuestro  #ZZYearFour pincha sobre el hashtag y…

¡Nos vemos en la Zona!

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