#ZZYearFour: 20 años de… BATMAN & ROBIN, de Joel Schumacher

¡Fantásticos saludos, zhéroes!

Hace unos días nos reunimos las mentes pensantes de Zona Zhero y no sabíamos muy bien cómo celebrar nuestro cuarto aniversario. En un principio habíamos pensado en ir puerta por puerta ofreciendo cava y regalando camisetas de la Zona a todos los que nos visitáis diariamente, pero al final se nos juntaría con el siguiente aniversario y sería volver a empezar otra vez. Luego hemos pensado que mejor lanzábamos al aire un fuego artifical en el que se viera nuestro logo desde cualquier parte de España (Sudamérica queda bastante lejos), pero no nos llegaba ni para comprar un ticket del metro. Cuando ya habíamos perdido la esperanza de qué narices hacer para celebrar con vosotros nuestro cumpleaños, una voz ha resonado por encima del murmullo: “¿Y si hacemos lo mismo que años anteriores?“. El silencio se hizo en toda la habitación y todos miramos al becario asombrados por su ingenio. Así que…

¡Bienvenidos a nuestro cuarto aniversario, zhéroes! Durante esta semana os regalaremos reseñas sobre obras clásicas que también cumplan años como nosotros, como señal de nuestro amor verdadero y puro a todos vosotros. ¡Porque os lo merecéis! ¡Porque sois gente maja, bonica y muy aseada! Pasad y acomodáos en nuestro #ZZYearFour.

Título original:
Batman & Robin
Año: 1997
Director: Joel Schumacher
Guión: Akiva Goldsman (Cómic: Bob Kane)
Fotografía Stephen Goldblatt

Reparto: George Clooney, Arnold Schwarzenegger, Uma Thurman, Chris O’Donell, Alicia Silverstone, Michael Gough, Pat Hingle, Elle MacPherson, Vivica A.Fox, John Glover, Joe Sabatino, Coolio, Nicky Katt, Doug Hutchison, Kimberly Scott, Michael Paul Chan, Jeep Swenson, Harry Van Gorkum.

Valoración: Mamá los demás Batmans no quieren jugar conmigo /10

Sinopsis: Los experimentos del doctor Victor Fries para conservar la vida de su esposa con técnicas criogénicas originaron un error fatal que lo convirtió en Mr. Frío, un villano que necesita mantener su cuerpo a temperaturas glaciales y que intentará congelar a todos los habitantes de la ciudad de Gotham. Además, la tímida botánica Pamela Isley se transforma en el transcurso de un experimento en la terrible Hiedra Venenosa que querrá asesinar a todos los seres humanos para que las plantas recuperen su hegemonía sobre la Tierra. Batman y su compañero Robin deberán enfrentarse a ellos para hacer fracasar sus siniestros planes.

Pese a lo que muchos puedan pensar, no estoy en Zona Zhero para sufrir. Ni siquiera me tienen atado con cadenas a una pared (*guiño guiño*). Puedo prometer que estoy en unas condiciones laborales dignas y mi cacahuete mensual como pago es el mejor ejemplo. Eso y la idea de una futura Expo a cargo de mi compañero Iron de sus bártulos y artilugios juguetiles. Cuando hace ya unos meses me desilusioné con Ales Kot y su participación en Valiant se abrió ante mí un abanico de posibilidades fuera de mi zona de confort: leer algo que sabía que no me iba a gustar por el simple placer de hacerlo. Y dejando de lado esa sufrida (y obligada) reseña de la etapa de Chuck Austen en X-Men, me agarré los machos y fui directo por Rob Liefeld. Sobreviví dejando malherida una parte de mí, pero sobreviví. Toda esta parrafada sirve como prólogo y explicación a porqué no dudé en elegir Batman & Robin como mi reseña para el aniversario. Lo que para muchos es una pérdida de tiempo, una puñalada en los ojos, un subproducto dentro de los blockbusters noventeros (incluso por debajo de Godzilla de Roland Emmerich), para mí, fan hasta la médula de un Batman fuera de todo canon posible como Adam West, es un producto, fallido sí, pero sobre todo incomprendido. Y ahora, que ya he hecho de abogado del diablo, pongámonos el cuero ajustado, marquemos paquete y vayamos a apatrullar la ciudad.

¡Corred, insensatos!

Que nadie os engañe u os imponga su opinión, que en la mayoría de casos es total y absolutamente de rebaño borreguil. Esta joya es un adalid del cine de superhéroes que estaba por venir. Un precursor en todos los sentidos que dio un giro de tuerca a lo creado por Tim Burton en 1989 y un claro exponente del universo del murciélago. Sin las ideas de Joel Schumacher, nada de loJAJAJAJAJAJA venga va, que aún queda para el día de los inocentes y me lo estoy creyendo hasta yo. El director neoyorkino pasará a la historia por crear, no sólo una, sino dos películas tan fallidas como divertidas (y que cada uno interprete “divertidas” como quiera) del encapuchado enmascarado, incluso llegando a pedir perdón por ello. Toma ya. 

Pero pongámonos en antecedentes para entender cómo, tras Batman Forever, volvieron a confiar en él para el siguiente estropicio. Todo se reduce al poderoso caballero Don Dinero ya que la primera película, estrenada en 1995, triplicó en beneficios el presupuesto y eso le dio alas a Warner Bros. para un segundo proyecto más ambicioso. Pero por lo visto no las tendrían todas consigo ya que una de las condiciones era convertir la película en algo, y cito textualmente, “juguetable”. Era la mejor forma de cubrirse las espaldas ante un más que probable fracaso: vender juguetes. Ese apoyo de la compañía hizo que el ego de Joel subiera hasta el infinito y más allá y todo lo que medianamente funcionó dos años antes (más menos que más), se exagerara de tal manera que el resultado acabó siendo una cinta ridícula y de vergüenza ajena (pero me repito, divertida). 

Para todo lo demás, MasterBat.

La herencia de Tim Burton es clara y aunque la Gotham industrial y oscura es sustituida por una macro discoteca de luces brillantes, coreografías dudosamente orquestadas y colores cegadores, se pueden apreciar los voluptuosos edificios que caracterizaron las cintas protagonizadas por Michael Keaton (que vio las orejas del lobo cuando cambiaron de director tras Batman Returns y supo huir a tiempo) y unas esculturas dueñas y señoras la ciudad. Aunque en reglas generales todo acaba siendo tragado por el agujero negro de la purpurina schumaquiana. El director quería que todo fuera más cartoon y alentaba a los actores diciéndoles que no estaban rodando una película sino un cómic. Seguramente el problema fue que no aclaró qué tipo de cómic quería que rodaran. Digo yo. 

Influencias de Burton aparte, la idea clara de un Batman más familiar y menos oscuro (que fue lo que acabó con éste fuera del proyecto) no terminó teniendo el relativo éxito antes conseguido y tanto los críticos como los fans se echaron, más aún, encima del director. La película, que costó más y recaudó muchísimo menos, ya no iba coja, sino que tenía amputadas ambas piernas. Quizá el empujoncito de Warner, en vez de ayudar, acabó tirando al abismo el proyecto pero era muy difícil equilibrar esa disminución de oscuridad y acabar haciendo una versión, ya no solo familiar que era la idea, sino una aberración del tono camp que tanto funcionó en los ’60 con Adam West y Burt Ward. Momentos tan surrealistas como la bat-tarjeta de crédito con la frase “no salgo de la cueva sin ella”, verle deslizarse por un dinosaurio como una bailarina o los tan mencionados pezones en el traje (que ya luciera Val Kilmer pero que no llegó a causar tanto revuelo) son solo unos ejemplos de que quisieron hacer algo para toda la familia y acabaron espantando hasta al perro. 

Batgirl, paga la coca.

Si hay algo que sí me duele de verdad es lo exageradamente desaprovechado que está todo el reparto, aunque claro, con un guión sin nada claro y a la deriva en pos de la acción, poco podían hacer. George Clooney, que estaba rodando a la vez Urgencias, era el guaperas perfecto para hacer de Bruce Wayne (ya que Kilmer también salió por patas) pero llevar por delante ambos rodajes le pasó factura. Arnold Schwarzenegger se dejó convencer cuando Schumacher afirmó que sin él no haría la película (chantajear al mismísimo Conan, ya te vale) mientras que a Uma Thurman solo le interesaba participar si su personaje no era una damisela en apuros pero que le acabaron endosando una versión de Bane sin cerebro que no aporta nada en absoluto a toda la película (que en el doblaje le llamaran Perdición ya es de juzgado de guardia). 

El resto del reparto pasa sin pena ni gloria y solo las apariciones de Michael Gough como Alfred tienen ese aroma a cine de verdad. Chris O’Donnell como Robin, y pese a la batalla emocional con Batman, se sigue quedando en la superficie y Alicia Silverstone, que aparece de la nada y acaba siendo Batgirl, bueno, cómo decirlo, no es que su personaje esté metido con calzador, es mucho peor. Dejémoslo ahí. Como curiosidad hay un cameo del rapero Coolio, que se dio a conocer al gran púbico con Gangsta’s Paradise, el tema principal de Mentes Peligrosas y protagonizada por Michelle Pfeiffer. Ay Joel, cómo echo de menos a Jim Carrey y su excéntrico pero trabajado Enigma en Batman Forever

¡Suelta Joel! ¡Yo ya no ruedo más contigo!

Joel Schumacher hace una cagada bien gorda. Un producto absurdo, ridículo y carnavalesco que se le va de las manos. Una mala copia del icónico Batman de Adam West que si te arranca alguna carcajada (que lo hará) será en contra de la propia película pero que como divertimento y curiosidad no tiene desperdicio. Incluso recomiendo. Un desastre necesario, un mal que hay que experimentar para valorar lo bueno. En definitiva: Hola, soy Fernando Aguilar y yo, pese a todo, disfruté Batman & Robin. 

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¡Nos vemos en la Zona!

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