#ZZYearFive: 25 años de… EXPEDIENTE X, de Chris Carter

¡Bienvenidos seáis todos y todas a nuestro 5º aniversario!

Como viene siendo habitual pretendemos celebrar nuestro cumple, y esta vez por todo lo alto. Para ello os vamos a hablar de obras que cumplen años como nosotros y que se merecen ser parte de esta gran fiesta que se verá redondeada con veinticinco artículos en los próximos cinco días. ¡Todo relacionado con el número de la rima fácil!

Así que poneos cómodos, pillad algo de picar y preparaos para el mejor aluvión de artículos comiqueros y cinéfilos. ¡Allé vamos!

Título original: The X Files
Fecha 1ª emisión: 10 de Septiembre, 1993
Cadena
: Fox

Creador: Chris Carter
Reparto: Gillian Anderson, David Duchovny, Mitch Pileggi, Robert Patrick, William B. Davis, Tom Braidwood, Bruce Harwood, Dean Haglund, Annabeth Gish, Nicholas Lea, James Pickens Jr., Sheila Larken, Don S. Williams, Steven Williams, Chris Owens, Jerry Hardin, Laurie Holden, Rebecca Toolan, Arlene Warren, Brian Thompson, Brendan Beiser, John Neville, Bill Dow, Travis Riker, Mimi Rogers, James Riker, Peter Donat, Cary Elwes, Morris Panych, John Moore, Bob Wilde, Charles Cioffi, Floyd ‘Red Crow’ Westerman, Kirk B.R. Woller, John Finn, Jeff Gulka.
Temporadas
: 11

Episodios: 202
Género: Ciencia ficción/ Sobrenatural
Valoración: I want to believe /10

El pasado septiembre se cumplieron 25 años de la primera aventura de los agentes Mulder y Scully. Once temporadas, dos largometrajes y una buena cantidad de libros, videojuegos y cómics. El número exacto lo desconozco, al igual que desconozco la mayoría de los más de 200 capítulos. La verdad vaya por delante: voy por la tercera temporada, y me lo tomo con calma. Ni siquiera estoy seguro de si habría llegado al 30 aniversario con todas las temporadas vistas. Pero tampoco me preocupa, ni frena mi empeño en hablar de la que es, nunca mejor dicho, mi serie de cabecera.

La verdad está ahí fuera.

Desde que hace unos dos años decidiera, fruto de mi adicción al misterio y de un curso aprobado, comprarme por buen precio una caja con las diez temporadas en DVD, convertí esta serie en un hábito. Cada noche, ya en la cama y con las luces y el WiFi apagados, es el turno de una nueva dosis de Expediente X. La cuestionable calidad de imagen que ofrece mi reproductor DVD portátil contribuye en mi empeño de romantizar algo tan anodino como tumbarse a ver una serie, convirtiéndolo en una especie de ritual a caballo entre lo místico y lo nostálgico. Las condiciones que me he autoimpuesto para ver esta serie suelen acabar jugando en su contra: más de la mitad de las veces no llego a terminar el capítulo, y cuando lo quiero retomar a la noche siguiente no consigo recordar nada, como un sueño que se desvanece al salir de la cama. No es práctico, pero como dije, tiene su toque romántico: nunca choca con el seguimiento de otras series, es una experiencia completamente offline, en un formato ya añejo y siempre está presente, en la mesilla, a mano para cualquier ocasión.

Sé que así contado suena casi enfermizo. ¿De qué sirve seguir una serie de esta forma? A veces yo mismo me pregunto qué saco de estos visionados nocturnos cada vez más esporádicos. La narrativa serializada, esa “mitología” de visitantes extraterrestres y conspiraciones que se va desarrollando a puñados de capítulos por cada temporada rara vez me llega. Conozco sus puntos de giro más importantes, por autospoilearme en revistas y otros sitios (maravilloso reportaje de Octavio López Sanjuán en el número 90 de SciFiWorld, de febrero de 2015) y porque ya son básicamente de dominio público, y sé que el hilo es infinito y que podrían seguir tirando de él eternamente (y probablemente lo hagan, aunque hasta Gillian Anderson haya dicho que ya basta).  

¡FBI! ¡Suelte ese contrato!

Quizás sea yo mismo como espectador ya totalmente inmerso en el tipo de serialidad Netflix y cía. el que no encuentra paciencia para las formas de narrativa y continuidad de una serie de los ’90. Y eso que Expediente X fue muy atrevida para su época, si no tanto en su estructura, sí en su estética y el tipo de historias qué contaba en sus capítulos autoconclusivos, que eran la inmensa mayoría. Un poco sí se le notan los años, y prueba de ello es que sus dos últimas temporadas, a modo de reinicio pero bastante continuistas, no hayan cuajado demasiado. La influencia que ha dejado la serie de Chris Carter en la cultura popular ha sido enorme, pero no ha sabido encontrar su lugar en el nuevo panorama de la ficción televisiva, en constante ebullición. Probablemente sea sólo cuestión de tiempo.

Pero nada de eso me quita el sueño cuando me acurruco cada noche frente a la granulada imagen de una nueva entrega de Expediente X. En su lugar, me dejo convencer por cualquiera que sea la propuesta del capítulo, y fantaseo con posibles explicaciones. Muchas veces, el desarrollo de la historia es lo de menos; ni lo que les pase a los personajes ni cómo termine me importa tanto como la propia noción del capítulo, la premisa, el supuesto que da lugar a cada caso y que yo decido creer. Los hay más o menos verosímiles, más o menos atractivos, más o menos predecibles, pero todos son capaces de estimular la imaginación y hacer de cada visionado un juego en sí mismo.

Eso lo has pintado tú, Mulder, no me vaciles.

En ese sentido, hay que decir que la serie encontró un estilo propio lleno de aciertos que no deben darse por sentado. Por un lado, salvo contadas ocasiones, rara vez se presta a efectismos hinchados y baratos. Prefiere terminar cada capítulo con una resolución vaga y abierta (o no explicarlo) que forzar un adelantamiento al espectador con trampas, sólo para buscar la sorpresa y la satisfacción del punto y final. Si los guionistas hubiesen cedido ante ese tipo de concesiones, probablemente estaría hablando de otra cosa ahora mismo. Y sí, esto hace que a veces sea frustrante, pero a la larga, hace que trascienda por encima de otras series formulaicas de casos y policías. Y al menos en mi experiencia, hace más partícipe al espectador, que muchas veces debe ser el que ate los cabos y escoja su propia teoría, haciendo posible el juego de “¿y si esto pasara de verdad?”.

También ayuda a empatizar más con sus personajes, la pareja formada por David Duchovny y Gillian Anderson que en realidad son las dos facetas del ser humano, la creyente y la escéptica, en una lucha interna constante que la serie nunca llega a solucionar. Y aunque cabría esperar que los guionistas “amañaran” ese conflicto para satisfacer a los Mulders, a los creyentes en lo sobrenatural, la serie de nuevo supera esa tentación para asegurarse de no poner nunca un punto final que destruya la ambigüedad que la hace tan fascinante. Porque sí, por supuesto que el gobierno y el FBI están llenos de gente corrupta que ocultarán la verdad a cualquier precio, y que Mulder y Scully están constantemente acosados por estos poderes. Pero la serie nunca llega a simplificarse a un único discurso cuadriculado. Es esa paleta de grises, tanto metafóricos como plásticos (en una cuidada puesta en escena que, aun con las limitaciones televisivas, consigue crear un catálogo impresionante de imágenes de puro terror) lo que hace que Expediente X siga siendo vigente, y siga siendo tan interesante: da de qué hablar.

Icono de los ´90.

Volviendo a mi particular caso, auto recetarme un capítulo de Expediente X al día supone estar en contacto constante con un mundo en el que lo sobrenatural es tratado con absoluto respeto, desde un punto de vista realista pero que tampoco descuida el entretenimiento. Es un tipo de narrativa sencilla, sin secretos, quizás incluso austera si nos ponemos (vilmente) a compararla con las tendencias más sofisticadas de la ficción televisiva actual, un mundo apasionante que queda muy lejos de la serie estrenada en Fox un 10 de septiembre de 1993. Pero no me importa lo más mínimo, es más, realza lo sorprendentemente maduro que es su contenido. Una serie que trata lo sobrenatural no como reclamo de circo, sino como representación de la psicología de unos personajes, los protagonistas de cada capítulo más allá de Mulder y Scully, increíblemente complejos para episodios 40 minutos, … y que rara vez acaban bien.

No entraré a criticar altibajos de la serie, que seguro que los tiene, como todas las series, porque ni es mi intención ni me parece relevante. Expediente X es un referente de todo el audiovisual que tenga que ver con la ciencia ficción y el terror, una serie en la que todo puede pasar y que requiere de un pequeño esfuerzo del espectador para dejarse atrapar por su mundo. Que muchas veces no es el más agradable ni el más divertido, pero que atrapa irremediablemente y urge a seguir persiguiendo, como Mulder y Scully, una verdad que casi nunca es plena y satisfactoria. Y, como todo en la vida, nunca lo será, ni debe serlo.

Y recordad que podéis pasaros por #ZZYearFive para disfrutar de todas las reseñas del aniversario.

¡Nos vemos en la Zona!

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