#ZZYearFive: 10 años de… LOS CRONOCRÍMENES, de Nacho Vigalondo

¡Bienvenidos seáis todos y todas a nuestro 5º aniversario!

Como viene siendo habitual pretendemos celebrar nuestro cumple, y esta vez por todo lo alto. Para ello os vamos a hablar de obras que cumplen años como nosotros y que se merecen ser parte de esta gran fiesta que se verá redondeada con veinticinco artículos en los próximos cinco días. ¡Todo relacionado con el número de la rima fácil!

Así que poneos cómodos, pillad algo de picar y preparaos para el mejor aluvión de artículos comiqueros y cinéfilos. ¡Allé vamos!

Título original:
Los Cronocrímenes

Año: 2008
Director: Nacho Vigalondo
Guión: Nacho Vigalondo

Fotografía: Flavio Martínez Labiano
Reparto: Karra Elejalde, Bárbara Goenaga, Candela Fernández, Nacho Vigalondo, Juan Inciarte, Nicole Dionne

Valoración: Héctor 10 /10

Sinopsis: Un hombre descubre a través de sus prismáticos a una preciosa joven e intenta encontrarla en la profundidad del bosque. De repente, un individuo armado con unas tijeras y la cara vendada lo ataca por la espalda, a pesar de lo cual consigue huir y llega a un laboratorio científico situado en mitad del bosque. Allí, una máquina le ofrece la oportunidad de realizar un viaje extraordinario, un viaje en el que la posibilidad de encontrarse a sí mismo será la primera de una serie de catástrofes de consecuencias imprevisibles..

Cuando la gente habla de “cine español” me gusta imaginarme que se refieren a cosas como esta y no a sagas de apellidos autonómicos tan vacías de contenido como tan llenas de chistes fáciles y trillados. Veo el suficiente cine como para darme cuenta de que poseemos suficientes títulos y directores de calidad como para poder desvincularnos del cine de comedia familiar. De Tesis a Secuestrados, pasando por el Orfanato o Rec existe una corriente de cine de género muy potente que lo peta mucho en salas, pero pronto cae en el olvido y el poso que queda es el de Paco Martínez Soria.

Me he quedado traspuesta.

Uno de los directores que engorda esa lista es Nacho Vigalondo, el creador de largomentrajes anteriormente conocido como cortometrajista. No es la primera vez que lo digo, ni que lo escribo: tengo debilidad por el trabajo de este tío. He aludido mil veces al corto de la batbola (Una lección de cine) y aún canto A las 7:35 de la Mañana cuando veo esa hora en mi reloj, aunque sea por la tarde. Y hasta la fecha, nada de lo que ha presentado me ha defraudado. Ni siquiera Me huele el pito a canela, obra maestra del absurdo musical donde las haya.

Me gusta porque siempre escoge la senda conceptual más larga y retuerce la forma para dejarnos el mejor fondo, partiendo de las premisas más sencillas y sin importar la cuantía del presupuesto, mucho mayor ahora que cuando se lanzó a la dirección de largos con Los Cronocrímenes, hace ahora diez años. Bueno, en realidad tiene once, pero como España es asín, no fue hasta el verano de 2008 que pudimos disfrutar de ella fuera de los festivales de cine. Toda Europa y parte del extranjero disfrutando de este peliculón que ha llegado a formar parte de ese “selecto grupo de películas que gozan de su remake americano” (léase con sorna), como Abre los Ojos (Vanilla Sky) o la ya mencionada Rec (Quarentine) y ese año la crítica flipándolo con Camino En fin, es lo que tiene el cine de culto.

Hola, Don Pepito.

Para su ópera prima, el director cántabro dio en el clavo con una trama original y capaz de captar la atención de cualquiera que entre en su juego: Héctor, un hombre que estaba tranquilamente en su jardín, viaja accidentalmente en el tiempo, varias veces y pocas horas, desencadenando una serie de desastres intentando solucionar los anteriores.

Vale, así contado por encima el argumento parece que no da para mucho, pero es que lo que realmente mola de Cronocrímenes es que te invita a jugar, te engaña y te da la información en pequeñas dosis y sólo te muestra unas tijeras, un móvil o un calendario cuando es necesario, para que reconstruyas las vidas de Héctor en tiempos distintos. Y te invita a volver una y otra vez para ser partícipe de cada uno de esos detalles.

Hola, Don José.

Precisamente en esos detalles es sobre los que se apoya un guión preciso y sirven como nexos de unión entre subtramas de una trama múltiple. Y en torno a esos mismos detalles gira el casi milimétrico montaje, haciendo que todas las piezas encajen como un puzzle (como digo, esta sensación se acrecenta en posteriores visionados). Los Cronocrímenes es el claro ejemplo de que no hace falta un gran presupuesto, un montón de personajes ni de intérpretes para producir algo memorable.

A Vigalondo le bastan un puñado de personajes, unas localizaciones sencillitas y una iluminación realista para dar rienda suelta a una idea brillante que explota el concepto de los viajes en el tiempo y exprime el de las identidades cuánticas basándose (un poco) en la teoría de universos consistentes. Los mismos lugares y el mismo espacio de tiempo se reproducen con exactitud cambiando el punto de vista y aumentando la complejidad de una historia que va ganando cuerpo y tensión dramática conforme avanza.

Por su casa yo pasé, pero es que resulta que era la mía.

No es perfecta, claro que no, pero no vas a ver Cronocrímenes para justificar teorías físicas sino para disfrutar de un fantástico thriller metafísico que logra generar atmósferas de gran tensión dramática, con un severo regusto kubrickiano (ahora que la RAE lo acepta, vamos a usarlo, kubrickiano), su toque de ciencia ficción y al que no le falta la sangre. Incluso al final el bucle emocional y existencial cobra sentido. Si es que lo tiene todo.

Bueno no, todo no. Para ser justos, de puesta en escena tiene poco y la dirección de actores (los que son actores, porque sale el propio Vigalondo, a lo Hitchcock) brilla por su ausencia. Y esa música…

Mira, tú con otro tú, sois un tú-tú.

Tras ese divertimento en torno al tiempo y a los intentos por corregir los acontecimientos del pasado o anticiparse a los del futuro, lo que decía al principio de retorcer la forma, se puede extraer una segunda lectura de mayor profundidad que nos deja el mejor fondo. Un sinfín de reflexiones que, además, vienen de tres en tres, y se representan en cada una de las tres identidades de Héctor: la identidad, la conciencia y la culpa; el deseo, la infidelidad y la expiación; observar, imaginar y actuar… por no hablar del voyeurismo como vía de escape para la insatisfacción.

Para una apasionada de los juegos temporales y los guiños cinéfilos no podía dejar que pasase este, nuestro AniverZZario, sin hacer un hueco a este thriller metafísico y emocional, de suspense y ciencia ficción que todo fan del séptimo arte debería disfrutar. Tres veces.

Recordad que podéis pasaros por #ZZYearFive para disfrutar de todas las reseñas del aniversario y…

¡Nos vemos en la Zona!

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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