#ZZYearFive: 10 años de… CLOVERFIELD (Monstruoso), de Matt Reeves

¡Bienvenidos seáis todos y todas a nuestro 5º aniversario!

Como viene siendo habitual pretendemos celebrar nuestro cumple, y esta vez por todo lo alto. Para ello os vamos a hablar de obras que cumplen años como nosotros y que se merecen ser parte de esta gran fiesta que se verá redondeada con veinticinco artículos en los próximos cinco días. ¡Todo relacionado con el número de la rima fácil!

Así que poneos cómodos, pillad algo de picar y preparaos para el mejor aluvión de artículos comiqueros y cinéfilos. ¡Allé vamos!

Título original:
Cloverfield

Año: 2008
Director: Matt Reeves
Guión: Drew Goddard

Fotografía: Michael Bonvillain
Reparto: Michael Stahl-David, Mike Vogel, Jessica Lucas, Lizzy Caplan, Odette Annable,T.J. Miller, Margot Farley, Theo Rossi

Valoración: Me encanta esta mierda /10

Sinopsis: La noche en que varios jóvenes neoyorquinos celebran la fiesta de despedida de un amigo en Manhattan, un monstruo del tamaño de un rascacielos llega a la ciudad. Contada desde el punto de vista de la videocámara de uno de ellos, este es el escalofriante documento sobre sus intentos por sobrevivir durante los momentos más increíbles y terroríficos de sus vidas.

Creo que lo mío empezó con Mazinger Z. Robots gigantes. Monstruos lisérgicos. Villanos bisexuales. Metales raros. Tetas balísticas. Puños enormes. Todo infinito.

Yo era un crío apenas consciente de su propia existencia y ya blandía mi muñeco plastiquero (casi tan grande como yo por aquel tiempo) del robot creado por Go Nagai mientras balbuceaba la sintonía de los dibujos animados, todo ello siglos antes de que los gilipollas bautizaran a este tipo de canciones como ‘openings. Era mi serie favorita. Me fascinaba. Alucinaba con cada uno de los desordenados capítulos doblados con ese acento pretendidamente “neutro”. No puedo describir con palabras las sensaciones de desolación y miseria que me invadieron cuando, un día, sin previo aviso, la sustituyeron por ese cáncer visual digno solo de pervertidos y demenciados llamado Orzowei. Tan grande fue el trauma, que desarrolle una malsana fijación por la temática. Una obsesión que me llevó a descubrir las películas de Godzilla, a Bioman y, en última instancia, a beber vodka con zumo de naranja para merendar mientras asistía anonadado a ese multicolor festín para los sentidos llamado Mighty Morphin Power Rangers.

¡¡¿Dónde está mi Godzillaaaaa?!!

Así pues, Monstruoso se convirtió, de manera inevitable, en el siguiente paso evolutivo de mi adicción. Sin ni siquiera saberlo, incluso. Y no sin cierta lógica. La expectación generada por el film venía precedida de una depurada campaña de publicidad basada en el metacine y heredada de ese fenómeno sociológico que fue El Proyecto de la Bruja de Blair. El vendehumo más avispado de la historia, el infame J.J. Abrahams, había construido un espectáculo de fuegos artificiales y espejos en el que todo parecía casi real. Tengo que admitirlo, una de esas trampas de trilero me parece brillante: la creación de un refresco, el Slusho, que ha acompañado al director, guionista y productor a lo largo de toda su carrera, alcanzando las cotas de genial y prodigioso McGuffin en Cloverfield, título original de la cinta. Los falsos informes, los videos robados, la misteriosa página web que dejaba caer la información con cuentagotas… todo el marketing asociado creó un aura de misterio que explotó cuando, por fin, pudimos acudir al cine a ver de qué coño iba todo ese enigma.

Como no podía ser de otra manera, Abrahams nos la había vuelto a meter. Y, quizá, de forma innecesaria. Porque no hacía falta inflar un producto cuyas virtudes me parecen más que suficientes para su propia superviviencia. Creo que muchos se sintieron decepcionados con esta película porque sus expectativas deseaban algo muy diferente. Llegaron esperando una catarsis propia del misterio de la creación y se encontraron con una película de género bien construida. El relato troceado, misterioso, que no necesita explicar de forma exhaustiva nada para resultar efectivo, fue una dosis de realidad demasiado impactante para muchos de los que asistieron al estreno esperando encontrar respuestas a preguntas vitales. Porque, señores, la vida rara vez te explica las razones por las que te putea. Casi nunca te da un motivo para infectarte de algo letal y doloroso. Y Drew Goddard lo sabe muy bien. La vida es una mierda. Al final te mueres. Como leitmotiv no está nada mal.

Y yo volé de él.

Más allá de una efectiva y diligente dirección a cargo de Matt Reeves que le da textura de superproducción a una cinta basada en el ‘metraje encontrado’, es el guión de Goddard el que lo consolida como un autor a tener en cuenta, bregado en series de culto como Buffy y Alias, guionista de los dos mejores episodios jamás hechos en una serie sobre superhéroes (los dos primeros episodios de la primera temporada de Daredevil son suyos) y escritor de, entre otras, Cabin in the Woods, una de esas películas que pasó de puntillas por España y que merece un hueco en el salón de la fama de lo fantástico por su espléndido homenaje al cine mágico y terrible que tanto adoramos.

Volviendo a Monstruoso, la película es un carrusel trepidante que narra la historia de un grupo de hormigas que tratan de escapar de un elefante enloquecido. Siguiendo a rajatabla la regla mágica que dice que acojona mucho más lo sugerido que lo mostrado, Reeves y Goddard juegan con el espectador al gato y al ratón, mostrando en fotogramas veloces partes de un todo inconcebible cuya forma final es lo de menos. Es mucho más interesante experimentar casi en primera persona esa carrera por una Manhattan devastada que saber con detalle qué lo está causando todo. El viaje siempre es más interesante que el destino en sí, y Monstruoso es una inteligente manera de renovar un género apasionante, dotándolo de vida a través de un tratamiento posmoderno y capitalista. El engendro gigante generado por la ambición del mercado que carga sin ninguna razón contra aquellos que lo crearon. El misterio salido de ninguna parte que nos barre del mismo planeta al que llevamos años violando. La miserable futilidad de nuestra propia existencia. La bomba. El meteorito. La tormenta perfecta. Nombres diferentes para un mismo hecho: somos pequeños, pretenciosos e imbéciles.

Ciudad a la barbacoa.

Fundamentar la película en una serie de actores desconocidos (a excepción quizá de Lizzy Chaplan, esa bomba sexual sin detonar que acabó de eclosionar en Masters of Sex) es otro de sus aciertos. Obligados quizá por el vaivén mareante de la cámara que impide casi cualquier tipo de reconocimiento, la película logra un desapego necesario para comprender tanto acto heroico y estúpido. Los protagonistas se difuminan alrededor del espectáculo, se convierten en gasolina para el fuego de la traca final, son marionetas sin alma consciente de su papel como atrezo de un escenario mucho mayor y su epílogo, más que entristecernos, es un épico y merecido final en el que lo único que queda claro es el destino de la humanidad como especie: nos vamos todos a la mierda.

Existen muchas razones por las que le estoy agradecido a Monstruoso. Una de las principales es, quizá, una revitalización de un género que hace posible pajas deliciosas como Pacific Rim o peliculones como Shin Godzilla. Una vuelta de tuerca actualizada en la que el monstruo, tan posmoderno en su forma como en su concepto y luego utilizado hasta la saciedad en todo lo que Abrahams toca (véase Super 8 y comprobaréis los parecidos morfológicos), es una excusa para definir una nueva manera de hacer cine de catástrofes. ¿Se podría hacer mejor? Sin duda. Todo se puede mejorar, pero nos iba a costar bastante. Y es tan difícil enriquecer algo bueno como sencillo cagarlo por completo. Despojada de todo ese globo mediático con el que las productoras se hacen de oro, Monstruoso es cine fantástico de calidad, emocionante, bien hecho y muy digno. Una película que te sujeta, no te suelta y te deja con esas dudas que ponen tu cerebro a trabajar. Píldoras de reconstituyente para la imaginación. Un elige tu propia aventura de infinitos cómos, cuándos y porqués. Una perfecta definición para Noveno Arte del bueno.

Y recordad que podéis pasaros por #ZZYearFive para disfrutar de todas las reseñas del aniversario.

¡Nos vemos en la Zona!

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