#ZZYearEight: 30 años de… LE LLAMAN BODHI. En la cresta de la ola

¡Cumpleañeros saludos, zhéroes!

Por octavo año consecutivo celebramos nuestro aniversario de la única manera que sabemos: reseñando muchas cosas sin parar. 
Como ya viene siendo tradición, a lo largo de esta semana iremos publicando artículos sobre obras míticas que, al igual que nosotros, cumplen años y que aún no habíamos recogido en nuestro cada vez más interesante catálogo de reseñas.

Bienvenidos al #ZZYearEight y… ¡que no os lo cuenten!

Título original:
Point Break
Año: 1991
Dirección: Kathryn Bigelow
Guión: Rick King, W. Peter Iliff
Fotografía: Donald Peterman
Reparto: Patrick Swayze, Keanu Reeves, Gary Busey, Lori Petty, John C. McGinley, James LeGros, John Philbin, Bojesse Christopher, Julian Reyes, Daniel Beer, Chris Pedersen, Vincent Klyn, Antonhy Kiedis, Dave Olson, Lee Tergesen, Sydney Walsh, Christopher Pettiet, Dino Andino

Valoración: Surfin’ USA 

Sinopsis: Decidido a atrapar a unos criminales que llevan años campando a sus anchas Johnny Utah, un agente del FBI recién licenciado, se hará pasar por surfista para infiltrarse en un mundo poblado de gente con sus propios códigos y cuyo espíritu de libertad pondrá patas arriba la vida del joven agente. Finalmente Utah se verá entre la espada y la pared cuando descubra que los tipos a los que busca son los mismos con los que ha estado viviendo los mejores momentos de su vida.

A diferencia de muchas otras películas que he ido reseñando en los AniverZZarios no recuerdo la primera vez que vi Le Llaman Bodhi. Sí recuerdo, en cambio, que cuando acabó sentí en mí una necesidad imperiosa de aprender a hacer surf, tal fue el impacto que me provocó la cinta. Por suerte o por desgracia, nunca acabé cumpliendo dicho cometido y aquello quedó como una locura de juventud. Pero hoy, después de volverla a ver muchos años después de la última vez, he vuelto a sentir ese deseo. Y es que estamos ante una película cuyo magnetismo embriagador no ha menguado nada en estos 30 años, es más, me atrevería a decir que como el buen vino ha mejorado con el tiempo, con unas virtudes (muchas) muy potentes en cuanto a realización, personajes y escenas memorables mientras que sus defectos (pocos) podrían considerarse hijos de su época.

Al principio, los investigadores van de culo.

Los ’90 fueron unos años muy locos, una época de cambios en los que se buscaba romper con la tendencia de la década anterior apostando por un look de modernidad ya que los 2000 estaban a la vuelta de la esquina. Dicho espíritu de ruptura y modernidad se basaba en una sola idea, la idea de molonidad. Los ’90 tenían que ser cool, tenían que ser descarados, atrevidos, desenfadados e incluso provocadores. Una descripción que encaja a la perfección con las Spice Girls pero no estamos aquí para hablar de ellas sino de una película que supo plasmar toda esa molonidad con un trasfondo más profundo. Porque de lo que no cabe duda es que Le Llaman Bodhi es una cinta plagada de momentos molones, desde las escenas de surf hasta los saltos al vacío, pasando por tiroteos, persecuciones, peleas, gente guapa y tipos más duros que el cemento armado. Pero detrás de toda esta capa de molonidad hay más, mucho más.

Le Llaman Bodhi, amén de ser una de las pelis que salió ganando mucho con el cambio en la traducción del título original, es una cinta acerca de la libertad del individuo sobre el yugo que le impone la sociedad. Los surfistas se representan como esos individuos que viven al margen del sistema para poder ser libres, para conectar con la madre naturaleza y para sentirse vivos, alejados del horario de oficina y la búsqueda de la felicidad en formato boda-hijos-hipoteca. Son criminales que sólo roban a los grandes bancos cuyo dinero está asegurado y que usan ese dinero para exprimir la vida al máximo, ya sea surfeando las mejores olas o tirándose en paracaídas en caída libre. Unos adictos a la adrenalina que es lo único que los hace sentirse realmente libres. No es de extrañar, pues, que Utah se sienta fuertemente atraído por ellos y por su estilo de vida.

El concurso de camisetas mojadas está reñido.

Por encima de todos destaca Bodhi, un excepcional Patrick Swayze que no puede desprender más carisma, el líder espiritual de la banda y casi un gurú en el mundo del surf en el que todos lo conocen y admiran. Bodhi siempre busca la ola más difícil, el desafío más extremo y el riesgo más peligroso, siendo un loco en los momentos de demostrar que nadie está más loco que él, como en la escena del salto al vacío en la que se niega a abrir su paracaídas hasta que no lo haga Utah. Será en el agente del FBI en el que vea, no su igual pero si un carácter imposible de domar, siendo este el desafío más grande ante el que se encuentre y que acabará derivando a la postre en tragedia. En definitiva, una fuerza de la naturaleza y un personaje tan bien construido e interpretado que no sería extraño afirmar que es el protagonista de la cinta, teniendo los mejores diálogos, las mejores escenas y uno de los mejores finales de la historia del noveno arte.

Con dos personajes tan potentes como antagonistas lo normal sería pensar que la peli fuera un desfile de testosterona puro y duro pero por suerte el tercer pilar de esta cinta, tan importante para su éxito como los dos protagonistas, es su directora Kathryn  Bigelow. Ver todo este mundo de gente guapa haciendo cosas molonas desde el punto de vista de una mujer hace que luzca mejor en pantalla, más real, más creíble y, definitivamente, menos pasado de vueltas. El buen gusto de Bigelow se plasma tanto en los encuadres a la hora de mostrar la belleza del surf a cámara lenta y con una música ensoñadora como cuando desarrolla las escenas de acción, todas ellas frenéticas pero a su vez perfectamente entendibles para el espectador que puede seguirlas sin problemas. Mención especial para la persecución rodada con steady cam por diferentes calles, metiéndose por entre casas y jardines.

Unos políticos que roban, lo nunca visto.

Pero lo cierto es que toda la película es una sucesión de buenas escenas, empezando por el examen final de Utah bajo la lluvia, pasando por el primer atraco de los Ex Presidentes, la teoría de que son surfistas, los primeros pasos del joven agente como surfista, el momento en el que conoce a Bodhi y sus colegas en el partido de fútbol americano en la playa bajo los faros de los todoterreno y las hogueras en los barriles. Y así hasta el final que, como he dicho anteriormente, me parece uno de los mejores finales de la historia del cine. Seguro que todos los que lo habéis visto lo tenéis grabado en la retina y sentís un pequeño escalofrío al recordar el último enfrentamiento entre los dos protagonistas, de nuevo bajo la lluvia, y la última ola de Bodhi.

Seguramente Le llaman Bodhi no esté en el Top 10 de películas favoritas de mucha gente, entre los que me incluyo, pero no creo que nadie que la haya visto tenga un mal recuerdo de ella pues cuenta con un par de protagonistas excepcionales, mucha acción, un mensaje directo a nuestras conciencias y una realización técnica notable. Elementos más que suficientes para acabar siendo una gran película que es además un divertimento de primer nivel. Es probable que nunca acabe haciendo surf pero siempre disfrutaré viendo Le llaman Bodhi y recordando cómo me hizo sentir. Y es que, con los años, uno acabando valorando más los recuerdos. Pero eso, amigos, es otra historia…

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¡Nos vemos en la Zona!

CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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