#ZZYearEight: 20 años de… FULLMETAL ALCHEMIST de Hiromu Arakawa

¡Cumpleañeros saludos, zhéroes!

Por octavo año consecutivo celebramos nuestro aniversario de la única manera que sabemos: reseñando muchas cosas sin parar. Como ya viene siendo tradición, a lo largo de esta semana iremos publicando artículos sobre obras míticas que, al igual que nosotros, cumplen años y que aún no habíamos recogido en nuestro cada vez más interesante catálogo de reseñas.

Bienvenidos al #ZZYearEight y… ¡que no os lo cuenten!



Título original:
Hagane no Renkinjutsushi (鋼の錬金術師)
Editorial: Square Enix
Género: Shonen
Mangaka: Hiromu Arakawa
Publicación Japón: Julio 2001 – Junio 2010
Publicación España: Octubre 2013 – Junio 2015 (Norma Editorial)
Valoración: Experiencia equivalente


Creo haber perdido mi voz. Fullmetal Alchemist es mi manga favorito y probablemente uno de los mejores que se han hecho teniendo en cuenta lo que se propone, el contexto en que se publicó y lo que acaba consiguiendo. Fue el primer manga a la que le vi los temas que proponía, obsesionándome con ellos y su respuesta frente a estos. Fui invitado por el genial Sergio de El Descampao a hablar largo y tendido sobre las aventuras de los hermanos Elric para uno de sus no menos geniales especiales. Es una de mis lecturas anuales disfrutándola como si fuera la primera vez que lo hago y, además, este año he podido leer Tras la Puerta de la Verdad, el fantástico ensayo de Mariela Gonzalez al respecto de la obra y todo lo que se produjo a partir de esta. Y aun con todo esto me veo incapaz de hablar sobre…

FULLMETAL ALCHEMIST
de Hiromu Arakawa

Para cualquiera que preste un mínimo de atención a la Zona esto no es ninguna sorpresa. No es que piense que ya se ha dicho lo que se haya tenido que decir sobre la obra de Hiromu Arakawa o que, como todas las voces mínimamente relevantes ya han dado su opinión, la mía resulte insignificante al respecto. Por ejemplo, se suele pasar muy de puntillas sobre la ideología conservadora que permea levemente este shonen, donde se plantea la vuelta al campo como una solución al demasiado complejo porvenir y en el cual en ningún momento se busca una alternativa a un estamento militar demasiado bien asentado en el poder. Algo que en manos de una escritora mucho más mediocre podría parecerse en exceso al discurso de Ana Iris Simon, aquí fluye con extraordinaria suavidad debido al cariño que se coge a sus personajes y el carácter humanista que adquiere su obra. No, esta reticencia a escribir no es a causa de las obras sobre las que lo hago.

Desde hace unos años (y el confinamiento no ha ayudado en absoluto) me cuesta más y más articular cada texto. Al enfrentarme a una página en blanco lo primero que veo es un “¿POR QUÉ?” enorme bloqueándome el acceso debido (o al menos eso quiero creer) a que con el tiempo me encuentro menos satisfecho con lo que hago y el cómo lo hago. Como Edward Elric descubre por las malas, somos una ínfima parte del universo y llegar a abarcar todo el conocimiento disponible es, además de imposible, increíblemente peligroso de la misma forma que a medida que he ido sumando nuevos elementos a mi vida, más insignificante me parecían mis intentos de escribir sobre cosas. Pese a que la respuesta a lo que hago en este sentido (y, siendo sincero, en muchos otros aspectos de mi vida) siempre ha sido positiva, nunca dejo de ver fallos al mirar atrás. Errores garrafales que no me puedo creer que los dejase pasar en su momento y que, en el caso de que tuviera la oportunidad, no dudaría un segundo en volver atrás para intentar hacerlo de una manera correcta, como bien les gustaría hacer a los veteranos de la guerra de Ishval.

Hacia lo profundo del subconsciente.

Es al ser cada vez más consciente de mis imperfecciones lo que hace plantearme si, tras tanto tiempo, sirvo para esto. Extirparlas sin más no haría otra cosa que eliminar por completo mi identidad por mucha perfección que pudiese alcanzar y dejar que estas controlen lo que puedo hacer o lo que no es la manera más fácil de caer en el pozo de la autocompasión más absoluta. Buscar un equilibrio no es fácil: es un camino tortuoso que con el mínimo desliz se puede regresar a la casilla de salida en un abrir y cerrar de ojos. Quizás la solución esté en Hohenheim y la clave esté en conocerse a uno mismo tratando de buscar el equilibrio entre las diferentes partes que conforman la identidad de uno mismo para acabar encontrando una especie de paz interior.

Sin embargo, lo que más temo es que todas estas dudas e inseguridades acumuladas a lo largo del tiempo acaben afectando a como me relaciono con mis conocidos. Que el miedo a ser calificado como “no apto” me impida pedir ayuda a mis amistades o que vea egoísta pedir ayuda para un problema que depende únicamente de mi mismo. El individualismo en el que vivimos da miedo y, al contrario que sucede en la mayoría de shonens, Fullmetal Alchemist no acaba cayendo en él. La solución parte de la acción colectiva y de la comprensión mutua para alcanzar un bien mayor, no de la creación y apoyo incondicional de un avatar que represente todo lo bueno del universo. La única pega que le puedo poner a este mensaje es que en la realidad no sea más fácil.

No diréis que no tiene buena planta

 

Puede que haya perdido mi voz, pero lo que si que tengo claro es que si en algún momento la recupero será gracias a obras como Fullmetal Alchemist y a toda la gente que me acompaña en el camino. Gracias por estar ahí.

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¡Nos vemos en la Zona!

Ferran

Hago como que estudio Química pero en verdad me inflo a cómics y videojuegos desde pequeño. Soy de esa gente rara a la que le gusta más el manga que el anime.

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