YO, LOCO, de Antonio Altarriba y Keko

 


Título original:
Moi, Fou HC
Sello:
Denoël Graphic
Guionista:
Antonio Altarriba
Artista:
Keko
Publicación Francia: Octubre 2018
Publicación España:
Noviembre 2018 (Norma)
Valoración: ¡Feliz, feliz no cumpleaños!

 

 

Creo que estoy pirado perdido. Años de intentar encontrar el norte han desembocado en una total pérdida de la noción del espacio y la dirección. No sabría decir si el paso del tiempo ha ayudado a que mi mente crezca y se estabilice o, por contra, la cantidad ingente de información, formación y búsqueda de conocimiento sólo han servido para estar todavía más perdido. ¿En qué momento de mi vida los sueños comenzaron a tener más importancia que mi realidad? ¿Desde cuándo el esoterismo fue ganando peso dentro del «razonamiento» de mi ser? Si podemos volver infinitas veces a la casilla de inicio, ¿significa que la mente no funciona de manera lineal? Empiezo a pensar que estoy condenado a no salir nunca de este bucle enfermizo que me jala hacia su vórtice de sinsentido. Cuanto más estudio el comportamiento de la mente en todas sus formas, menor control tengo sobre la mía. Especialmente ahora que no paran de salir enfermedades o trastornos psicológicos por meses. Estamos en la era de la locura. Abrazad vuestro TOC, ya sea este comprobar el gas de manera obsesiva o no poder leer un texto con fallos ortográficos. Todo es válido para que el doctor Molinos pueda definir tu perfil en…

YO, LOCO
de Antonio Altarriba y Keko

Siempre se ha dicho que las grandes farmacéuticas son las encargadas de controlar las enfermedades que asolan nuestro planeta, ya sea porque encuentran sus curas o porque son los encargados de soltarlas ellos mismos. No existe mejor remedio que aquel creado expresamente para algo en concreto, antes de que siquiera exista. Una de esas farmacéuticas internacionales se trata de Pfizin, un gigante de la medicación que se apoya en en observatorios de trastornos mentales como Otrament, un cajón de sastre en el que especialistas en diferentes ramas se dedican a catalogar e inventar nuevos problemas mentales o patologías que afecten a la población para seguir con la estafa de la estampita a nivel de drogas legales. Nuestro protagonista, Ángel Molinos, es uno de estos especialistas en estudiar perfiles y lograr sacar rentabilidad de conductas humanas para su empresa. Pero lo que inicialmente no es más que una gran treta comercial, quizá un poco más macabra de lo normal pero que no deja de ser legal, termina desembocando en una retahíla de pruebas acusadoras contra la empresa que demuestran que utiliza a personas sin familia ni hogar para experimentar con ellos. Y no está muy desencaminada la cosa cuando pronto Molinos se da cuenta de que hay alguien a quien lo hace mucha gracia que esté investigando por su propia cuenta…

Pues lo han vuelto a hacer. La dupla que hace unos años nos regaló ese pedazo de cómic que es Yo, Asesino ha vuelto para demostrarnos que siguen siendo de lo mejor del panorama español, pasen los años que pasen. Estos dinosaurios (y nótese que lo digo con todo el respeto y la admiración posible) que son Antonio Altarriba y Keko no son capaces de crear algo medianamente mediocre o aprobado por los pelos. Si se comprometen a hacer una trilogía de historias independientes, pues lo hacen a lo grande. Fijaos que acabo de terminarme Yo, Loco y no soy capaz de imaginarme con qué nos sorprenderán en Yo, Mentiroso. Ya estoy pensando en la genialidad con la que volverán a dejarnos con la boca abierta. Porque este Yo, Loco es eso: una genialidad. Una manera sublime de mezclar una historia de suspense y crítica social con un gusto tan excelso que uno se da cuenta pronto de que está ante uno de los mejores cómics que va a leer en esta eterna cuarentena. Y eso no es moco de pavo, señores.

Hagamos un negocio de todo…

Personalmente, el guión de Altarriba me ha llevado por donde ha querido desde el principio de la obra y eso que la premisa de «no creas nada, no confíes en nadie» está bien clara. El personaje de Ángel está muy trabajado y es fácil empatizar con él e, inclusive, sentirse identificado en ciertos aspectos. Al fin y al cabo, somos seres racionales que basan la mitad de su existencia en creer en aquello que pueden demostrar y la otra mitad creyendo que los molinos en realidad son gigantes. Toda la investigación de nuestro protagonista tiene todos los buenos clichés de la novela negra, de investigación más puramente detectivesca y ese halo conspiranoico que inunda todo en la actualidad. Sobre todo cuando se trata de enfermedades, ya sean estas físicas o mentales, y hay farmacéuticas de por medio. Porque el «lobby de la medicación» es un tema que nos escama a todos desde hace demasiado tiempo. Y también porque las multinacionales son monstruos capaces de soportar cualquier tipo de baja justificada siempre que el fin sea el deseado. Al final la trama de la historia se comienza a complicar y retorcer dejando tras de sí una crítica durísima a las farmacéuticas y haciendo que nos planteémos seriamente nuestra propia salud mental.

Me gustaría destacar también ese punto de terror que tiene la obra. Ese miedo a la ambigüedad de saber qué es real y qué producto de nuestra imaginación. Que todo son risas hasta que te das cuenta de que puedes estar loco y no ser consciente de ello. Esa angustia que genera la pérdida del ser se ve acrecentada con el arte de Keko, que con su trazo duro dibuja una realidad de claroscuros en el que la nota discordante es el color amarillo. Al igual que sucediera en Yo, Asesino con el color rojo, aquí los detalles gualdos sirven para dirigir la mirada del lector a ciertos detalles, puntos estratégicos que también marcan al mismo protagonista, cogiéndonos de la mano para dejarnos allí donde los autores quieren llevarnos. El apartados artístico es sublime, haciendo especial hincapié en los momentos oníricos en los que Ángel tiene todos esos sueños llenos de mensajes y casi presagios de lo que está por venir. Una historia genial que también goza de algo que me parece importantísimo: un gran final. Creo que no me equivoco cuando aseguro que será de lo mejorcito que voy a leer en mucho tiempo.

Pesadillas como vehículo condutor de tu vida.

Si no habéis leído antes su Yo, Asesino, no pasa absolutamente nada. Este cómic se puede leer con total independencia, salvo por algún cameo ocasional de su anterior protagonista. Una obra que os llevará por el negocio de la psiquiatría para sumergiros en la locura más absoluta. Ahora me da hasta reparo recordar los sueños, no sea que terminé más chiflado de lo que ya estoy. Tanto me ha calado el cómic de Yo, Loco

¡Nos vemos en la Zona!

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Joe Runner

Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Zona. Vivo mejor que quiero.

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