WHY I HATE… ULTIMATES, de Al Ewing y Kenneth Rocafort

Miro el teclado y pienso: “Quizá estás siendo injusto. No es lo peor que has leído. El primer tomo incluso te gustó”. Mis dedos están apoyados sobre la E, la D, la R, la M, la I, y la A sin razón lógica aparente. Tengo que cortarme las uñas. Hay algo de roña en la del dedo índice. “Sí. Claro”, continúo. “Injusto mis cojones”.

El pago de cuatro tomos en rústica me da cierta autoridad moral. Es un acto de consumo que también me desautoriza. Una mezcla de enfermedad y masoquismo que me lleva a completar hasta lo inaguantable. En este caso, puede que tenga cierta excusa, que mi acto de derroche tenga cierta justificación. Podemos decir que fui engañado. Estafado. Timado. Sometido a un fraude de manual en el que me enseñaron algo en apariencia irresistible, solo para dejarme luego con un sobre lleno de recortes de periódicos viejos y hojas parroquiales amarillentas.

Veo, veo… mamoneo.

Sí. Exacto. Esa es una definición perfecta para los Ultimates de Al Ewing. El timo de la estampita. Prometo mucho y me disuelvo en nada. Parece que, pero no. Todo muy grande para que pierdas la perspectiva, para que no te fijes en el vacío enorme en el que se sume la trama, para que quedes confundido con las dimensiones colosales de unos personajes de relleno que no le importan a nadie.  Fuegos artificiales de pólvora mojada. Promesas de algo mejor inminente que, al final, es humo, vacío y nada. Obras fibra. Obras laxante. Obra que te miran a los ojos mientras te roban el reloj y te susurran PARDILLO en la puta cara.

Porque no. Por mucho que los defensores de lo indefendible se empeñen, hay cosas que no hay por donde cogerlas. Creo que es una cuestión de perspectiva, de miras, de variedad. Si te pasas la vida comiendo brotes de alfalfa, el día que pasas al melón se producen una serie de reacciones en tu paladar que pueden llevarte del éxtasis al horror. Puedes negar la evidencia (el melón, como alimento, es mucho más dulce que la alfalfa) agarrándote a esos ejemplares que no arreglas ni metiéndolos en una ensalada, pero la realidad es tozuda y evidente. Es cierto que hay un tiempo para cada cosa y que existe un irrefrenable espíritu de sobrecompensación que se junta con el mohoso aroma de lo retrógrado, pero son todo detalles en una ecuación cuya solución se mantiene inmutable por muchas ecuaciones secundarias que añadamos para condicionar su resultado: Los Ultimates de Ewing es uno de esos bluffs sin sentido que te deja igual que estabas. Son una demostración que es mejor irse antes de seguir nadando en una dirección que te lleva directo al fondo de una sima sin nombre. Hay que saber parar. Decir no. Resignarse y marcharse a tiempo antes de que el fuego consuma las escaleras que conducen a la salida de emergencia.

¡Qué bonito! ¡Qué original! ¡Qué pereza!

Resulta desconcertante comprobar la cantidad de personajes sin carisma alguno que han salido a la luz en los últimos años. Seres con poderes difusos y poco magnéticos que se arrastran por las listas de ventas condenados por su propia mediocridad. Epítomes megapoderosos de una sección de realidad tan poco definida que acaban siendo paladines invencibles de lo intrascendente. Por mucho que intentemos vigorizarlos, la realidad sigue siendo tozuda y su planicie conceptual sólo se ve puntualmente revitalizada por mentes brillantes que deben sucumbir a la realidad de las ventas. Al final. La triste realidad es la que es, y el ocaso de un concepto se va haciendo cada vez más evidente a que pasa el tiempo. Hay honrosas excepciones, pero no establecen una norma.  Querer anclarse a la idea de que renovarse es cambiar de color o de uniforme es caer en el mismo error mil veces cometido. Crear personajes que se apoyan en el diseño más que en la idea, tampoco funciona. Garantizado. Un Galactus dorado defensor de la vida, puro “trap” en plan Celestial. Un mejunje que, por mucho que ciegue con su purpurina de bola de discoteca, nunca tendrá el carisma del que Kirby dotó al original.

Cuatro tomos. Un principio prometedor. Una segunda parte contaminada por CIVIL WAR II, esa peste lamentable, vergonzosa y dañina llamada “grandes eventos llenos de cruces entre colecciones que cambiaran el universo para siempre” y una recta final catastrófica, mermada por un baile sin sentido de dibujantes, unas apariciones estelares carentes de toda lógica y un final tan anodino, tan inconsecuente, tan poco trascendente a pesar de su propia trascendencia, que invita a revender los tomos en Wallapop antes de que algún incauto inocente se siente a leer tu reseña.

Luchando contra el monstruo editorial.

Marvel y DC están acabadas, sólo que no lo saben. Son un cadáver que se mueve empujado por una legión de fanáticos que se niega a reconocer la evidencia, cegados por colecciones muy puntuales en un mar de desechos mensuales infectos. Un zombie sustentado de manera artificial por el dinero de un medio, el cine, que es el mismo que está condenado a muerte la arquitectura que enamoró a miles durante décadas. Un despojo transformado en subproducto por las compañías de entretenimiento más grandes sobre la faz de la Tierra, que no dejan de producir aburrimiento envuelto con celofanes preciosos.

¡Nos vemos en la Zona!

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4 Respuestas

  1. Bof, menos mal que nos soy el único que piensa así!

  2. Garrak dice:

    Hombre, hablas de Marvel Cómics como una gran empresa multiventas, cuando no lo es. A mí ese falso elitismo que utiliza sobre el material una visión irónicamente capitalista me la suda tres cojones. Hoy en día, en la era de Internet, lees lo que quieres a un solo click, y compras lo que te haya gustado. Si eligen solo leer algo una vez lo hayan comprado entre un montonazo de compras mensuales, entonces es culpa suya por no saber ser selectivo y no saber utilizar las herramientas tecnológicas.

    Tampoco quiero que quede esto como un “Ultimates no te gusta porque tienes el gusto en el culo” porque no estoy para nada de acuerdo con la reseña. Es verdad que el mejor dibujo está en los primeros tomos, con Christian Ward y Rocafort, y que a la serie le hace mucho daño el puto crossover (Joder, Spencer, no me metas a Pantera Negra en la Tierra) pero la segunda miad, cuando ya va más a su bola con Galactus en plan retrospectivo y con todas esas reflexiones que rascar sobre el enfrentamiento entre los millenials y la generación anterior son bastante interesantes. Y es muy divertido ver a Ewing jugar con los juguetes cósmicos de Marvel

    ¿”baile sin sentido de dibujantes”? ¡Pero si la segunda mitad es la que menos baile tiene! Travel Foeman, y Aud Koch en dos números (flojillos en dibujo, eso sí)

    Y no sé qué tiene de malo el cambio de Galactus, que es el único que está medio argumentado (¿Nuevos personajes? ¡Si casi todos son viejos!) Ya en al etapa de Byrne se nos decía que Galactus no acababa de estar muy contento con su existencia ¡Le preguntó a la mismísima existencia cual era su papel en el universo! Pero esta le respondió diciendo que tenía un papel que cumplir. En su día Byrne pensaba en la historia épica que estaba haciendo que terminaba con el Doctor Muerte convertido en Galactus justo en el fin del mundo, pero como nunca llegó a ser canon, ahora Ewing aprovecha esa conversación para revelarnos que Galactus aun no estaba completo ¡Y eso me parece una genialidad! Galactus pasando de ser una entidad triste, desvirtuada en miles de cómics (puto Waid) y recibiendo miles de burlas, pasa a convertirse en una entidad benigna y positiva que da vida en vez de muerte. A mí me gusta mucho el cambio, y me parece refrescante. No es solo un cambio de colores y ya, es dar algo positivo a un universo rodeado de hijos de puta (como se muestra a lo largo de toda la primera mitad por cierto)

    Porque, si tienes una idea tan jugosa ¿Pa qué independizarte y hacerlo por tu cuenta si te van a acusar de plagio? Hacer lo mismo en un universo compartido, con juguetes ya usados, puede ser igual de interesante, al igual que las historias que puedes hacer con ellos. Aunque si se echa en falta en muchas series de superhéroes la creación de nuevos personajes (ugh, que PEREZA me da el Capi de Waid y Samnee) Ewing trae nuevos conceptos interesantes a la palestra, como el “equipo” de las múltiples eternidades, el cambio de Humo Hickman destruyéndolo todo a un universo en el que nada muere, donde la juventud reclama el universo de las manos de sus ancianos, y donde al final nadie acaba muriendo, además que se dignifique a los pobres celestiales, o se pueda interpretar todo como un cuento subversivo de la realidad actual, donde el caos y el orden se han fusionado para destruir todos los avances conseguidos y devolverlo todo a como estaba antes

    Aun así, no puedo decir que sea una serie perfecta, o esa exquisita delicatessen que busquen los que vengan de leer Odisea de la metamorfosis o el Cuarto Mundo, pero sí me parece una serie interesante, atrevida, y muy disfrutable.

    Si se quiere criticar el estado actual de las Big Two creo que se puede empezar por otras “cosas” como Doomsday Clock o el Capi actual de Waid

    • Garrak dice:

      Vaya, me ha quedado un poco más borde de lo que quería, pero sigo defendiendo que ante tanto desbordamiento de material, nuestra mejor defensa debería ser aprovechar la comunidad global. Aunque a veces sea complicado… Y lo digo como algo más en general que para este artículo en concreto

      • Lo primero gracias por leer y comentar. Es evidente que puedo tener el gusto el culo. Como siempre esto es cuestión de culos y gustos y de la unilatelaridad de los mismos. Sin embargo, la verdadera intención de esta nueva sección es precisamente que ocurra lo que acaba de ocurrir. Que se lea la reseña y que alguien de su opinión (a favor o en contra, eso es lo de menos) acerca de la colección odiada. Siento haber sido tan inespecífico en algunos asuntos, pero es que esta colección pasó por mi vida con tan poco interés e intensidad, que en incluso cuando empecé a escribir el artículo creía que eran tres tomos en lugar de cuatro. Te puedes imaginar la profunda marca que dejaron los mismos en mi vida. De ahí que sea una reseña más basada en las sensaciones que en la investigación, y que la tortura gráfica del último tomo apareciera ante mis ojos como un “baile de dibujantes”. Es lo que tiene el sufrimiento, que condiciona tu percepción y provoca visiones dantescas que te hacen alucinar.

        En cuanto a lo de descargarte el tebeo de forma pirata y luego comprarte solo lo que te gusta, estoy de acuerdo. Uno es culpable de la mierda por la que paga. Que le voy a hacer si soy un nostálgico que se deja guiar por le instinto y apenas lee nada en formato digital.

        De cualquier forma, reitero: gracias por aportar tu opinión, por rebatirme y por llevarme la contraria de manera argumentada y consistente. Confío en que tengas el talco a mano para que todo ese sudor que brota de tu escroto mutante (tres cojones son tres cojones) no te acabe irritando la ingles.

        Saludos y espero tus comentarios en sucesivos episodios.

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