WHY I HATE… Kentaro Miura

Amores reñidos son los más queridos. Quien bien te quiere te hará llorar. Por si el refranero no dejara su deriva cercana a la violencia de género lo suficientemente clara, concluiré con la prueba más definitiva de todas: El amor mata. No debería, pero lo hace. Por si fuera poco, yo diría que el amor a ciertos cómics te remata. Por si acaso. No vayas a levantar cabeza creyendo que vas a escapar. Y lo que es peor, si lo consigues, si sobrevives al trance, te amargas. Mucho. Con una profundidad de resquemor y quejumbre que roza lo culebroniano.

Hay cosas que, simplemente, no se pueden hacer. Jugar con los sentimientos de tus seguidores de esta manera es un crimen de lesa humanidad. Tengo que decírtelo, Kentaro: eres muy mala persona. Me tienes al borde de la desesperación más absoluta. Al borde de un ataque de nervios. Sufriendo como un cerdito la víspera de San Martín. Colgando en tus manos. Me haces sentir como el mismísimo Carlos Baute, y ya sabes que esa es una condena peor que la misma muerte.

Kentaro, te quiero…. matar.

Que tu obra sea capaz de destruir editoriales me la trae floja. En serio. Al final, siempre hay algún pardillo que se juega los cuartos hipnotizado por la calidad de tu trabajo. Siempre pica algún inconsciente ajeno la demoledora maldición que persigue a tu obra, capaz de hundir editoriales en cuestión de días. Es lo que tiene ser un genio. Que gustas. Que gustas mucho. Uno lee Berserk y se caga por la pata abajo. Lo flipa. Alucina putos pepinillos. Es así. Has conseguido crear un manga irresistible que engancha como la heroína a todo el que se acerca a él. Eres droga peligrosa, Kentaro, porque tus viajes son maravillosos pero no se puede vivir sin ti. Y así no se puede. Porque destruyes mi esperanza. Porque me minas la moral.

Llevamos años consumiéndote con cuentagotas, rezando cada día porque no salga la enésima entrega del The Idolmaster y te entregues (válgame la redundancia) a procesos lúdicos más digitales, onanismo obsesivo incluido. Años de ver cómo la trama avanza a la velocidad de un caracol, que se estanca, que apenas va a ninguna parte mientras tu dibujo, de una forma casi impensable, se vuelve cada vez más espectacular, más preciosista, más puro y salvaje. Nos enseñas la patita y luego nos cierras la puerta en los morros. Nos prometes amor eterno y luego nos dejas esperando bajo la lluvia vistiendo nuestras mejores galas y con una sensación irrefrenable de abandono. Nos calientas como un horno atómico y luego te piras sin tener la decencia de indicarnos donde está la ducha y el grifo del agua fría.

Me tienes calentito, Kentaro.

Y siempre nos haces lo mismo. Una y otra vez. Ahora que parecía que habías vuelto para quedarte, te vuelves a ir sin fecha de retorno establecida, dejándonos como hijos bastardos a la puerta de la inclusa. Mal, Kentaro, muy mal. Y yo lo siento mucho, pero tengo que decírtelo: VAS A IR AL INFIERNO. Aunque, viendo tu compartimiento, creo que ya ni siquiera tienes alma.

Puedo entender que, tras años dándole la vuelta a la misma historia, sientas una comprensible sensación de hartazgo y fatiga mental. Es lógico que depender siempre del mismo personaje acabe por saturar la parte cognitiva de tu cerebro que se dedica a crear historias. Gigantomakhia demostró que tenías una necesidad real de diversificar y enfocar tu talento hacia otras perspectivas, unos pastos quizá más contenidas y, sobre todo, más breves. Sé también que es inevitable sentirte esclavizado por una industria editorial que te obliga con métodos cercanos a lo ilegal a producir como un robot mientras sigas vendiendo bien, y que una parte de tu espíritu sindical y guerrero se toma la venganza por su mano repitiendo estas huelgas creativas con una frecuencia algo perniciosa. Estoy convencido de que eres ávido lector de Marx y Engels, pero creo que nunca has compartido el pensamiento de Stajánov. Y se nota.

¡Deja de jugar a las idols ya!

Puestos a llorar por imposibles, te pediría que volvieras por última vez. Te lo suplicaría, si hiciera falta. Lo justo, al menos, como para acabar la historia de la Banda del Halcón. Sí. Lo sé. Tal y como tienes planteado tu chiringuito, intuyo que, incluso dibujando de forma más o menos continua y sin tomarte ningún hiato, ibas a necesitar un mínimo de 20 volúmenes. Eso, traducido a tu ritmo de producción, coloca a la humanidad cerca de los motores cuánticos y la conquista de la galaxia. Es decir, algo que nosotros no vamos a ver jamás.

Entonces, Kentaro, ¿qué hacemos? ¿Qué esperanza nos queda?

Ninguna de las dos posibilidades que se me ocurren arroja algún tipo de luz sobre este asunto. A los aficionados a tu serie, Kentaro, sólo nos has dejado dos opciones, ambas de una tristeza y un desarraigo que roza con el suicidio: o lo dejamos, o nos conformamos. Dejarlo implica abandonarte en tu singladura y olvidar que alguna vez te conocimos. Es como desaparecer sin dejar rastro de la vida de alguien, confiando en que la ausencia de noticias sane las profundas heridas causadas por la relación. Huyes y no miras atrás. Te alejas y tratas de no pensar nunca más en ello. Lo borras. Desconectas. Te vas.

¡¡Acaba Berserk de una puta veeeez!!

La otra opción se me antoja aún peor. Conformarse supone rendirse, bajar los brazos, aceptar que tu relación es una mierda y que nunca vas a tener nada mejor. Encogerse de hombros y esperar con paciencia infinita algo que sabes que no va a llegar jamás. Porque, como he dicho antes, Kentaro, tú sabes perfectamente que Berserk es un manga que no acabarás nunca. Es algo tan obvio y evidente ya, que muchos solo esperamos que tengas la decencia de admitirlo, en vez de simplemente comportarte como un vago redomado que prefiere un videojuego a cerrar un tebeo mítico, histórico.

Quizá lo que pasa es que eres un cobarde. No quieres admitir la realidad. Te aterra enfrentarte a todos los que te admiramos con una dualidad tan cercana a la pasión y al odio que te perdonamos todo cuando vuelves a las tintas para maravillarnos. Te horroriza dejar ir definitivamente a ese amigo de tantos años que languidece preso de una enfermedad terminal. Pero es así. Asúmelo. Berserk está muerto. Lo único que lo mantiene con vida son las drogas médicas y las máquinas de respiración. El coma inducido. Dos tomos cada 5 años. Eso no es vida. Ten piedad. Ayúdanos. Nada más. Déjalo ir. Ya no tiene remedio. Por ti. Por todos los que te leemos. Da un paso al frente y cierra esa puerta antes de que el cadáver empiece oler a podrido. Haznos ese jodido y terrible favor a todos.

¡Nos vemos en la Zona!

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2 Respuestas

  1. Carlos padilla soriano dice:

    Joer Javier hacen falta mas artículos asi!me ha encantado ese tono,me has hecho hasta reir con esos pies de foto,gracias!
    Ah!y que tienes- razon-en-to-do..como siempre!

    • Muchísimas gracias por leerme Carlos. Debo decirte que los pies de foto los ponen nuestros maravillosos editores, así que el mérito de tus risas no es mío. En realidad, SOY UN FRAUDE.

      De nuevo gracias por tus palabras y espero que sigas en la brecha leyendo Zona Zhero.

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