WHY I HATE… Batman

Los matones no le gustan a nadie. Son una figura despreciable de la que todos abominamos. Un arquetipo nauseabundo que siempre causa rechazo. Y, sin embargo, hay cierta excitación en el acto de ejercer un poder ilimitado basado en la fuerza que produce erecciones tan sólidas como reprobables. El acto en sí de abusar y obligar a alguien a que haga algo contra su voluntad está impreso en nuestro cerebro más primitivo a modo de pecado original, de condena. Es el mordisco a la manzana. El roce lascivo que viene acompañado de la inevitable hostia de realidad. La base irrefutable de poder y control que, sumada a la impunidad, da como resultado una lista interminable de crímenes de guerra.

Por eso Batman tiene tanto éxito. Por eso gusta tanto. Es la representación gráfica de todo lo que nos avergonzaría hacer, pero nos morimos por realizar. Es el epítome de nuestras pajas más sádicas y masoquistas. Es el sexo con cuero, látigo y mantequilla practicado por nuestros padres. La eyaculación por tacto rectal en la consulta del urólogo. La magia del desequilibrado fascista al que admiras con repulsiva fascinación, consciente de la hijoputez inherente al individuo.

Soy Batman.

Batman, en el fondo, es el triunfador máximo. El delegado de la clase. El listillo con carisma. Un vigilante ajeno a las normas de convivencia más básicas. Un justiciero que hace lo que debe hacerse, al menos en su distorsionado patrón de valores. Lo supera todo. Lo consigue todo. No consiente nada. Por eso es tan odioso.

Millonario, playboy, atleta consumado, genio científico imbatible, guerrero letal y personaje superventas. Hace lo que quiere y maneja el dinero suficiente para permitírselo. Una fuente inagotable de asco supremo. Icono insuperable, invencible, total; un repelente niño Vicente de los cómics. Un estúpido de manual que siempre te corrige y pretende tener la razón en todo. El típico rey de las redes sociales cuyo discurso glorioso se basa en la contundencia de ser un gilipollas contumaz. El youtuber que se gana la vida sacando cómics de bolsas y colocándolos en la estantería sin quitarles el plástico.

Mirad mi pechote de Batman.

Pero si sólo basara mi odio exacerbado hacia el personaje en estas evidencias, aportaría muy poco a la galería de odio que tanto me estoy esforzando por crear. Batman tiene un plus, un algo más. Un puntillo deleznable y magnético afianzado por el hecho de de ser fiel reflejo de todo aquello que despreciamos con el anhelo del que se droga a escondidas. Un matiz odioso ligado con la perfección arquetípica del personaje. Un brillo que te atrae con el asco del pusilánime, del que no deja de fumar porque es incapaz de contener sus vicios letales.

Y es que Batman es el emblema de una gran compañía, de una corporación cuyo presente errático garantiza un futuro, cuando menos, dudoso. Batman es la cara más visible de DC (y una de las más reconocibles de Warner), con todo lo que eso conlleva. El estandarte de un capitalismo desatado. De maniobras expansivas ridículas. El adalid de un concepto basado en la sobrecarga temática ineludible. Y sí, también es el compañero y amigo del jodido Superman, ese personaje tan conocido como previsible; tan buenista como tostón.

Joder, Superman, ¡que te digo que soy Batman!

Así pues, odio a Batman porque es la razón de todo lo malo que hoy aqueja al cómic de superhéroes. De todos sus tics más perniciosos y sus mecanismos más chuscos y vomitivos. Lo odio porque después de protagonizar varias de las mejores obras completas que alguien puede leer en este amado y denostado arte, sigue siendo el brazo ejecutor más reconocible de una política empresarial basada en la burbuja, en la saturación y en el “mientras dure dura, durará” al que no le importa la implosión del sistema si puede salir corriendo con la pasta antes del colapso. Lo odio porque es una sombra omnipresente, alargada hasta la caricatura, imposible de esquivar. Un Lobezno de los noventa transformado en el Masacre de los dos mil. Ubicuo hasta lo desesperante. Forzado hasta lo patético. Deformado hasta la pérdida de la propia identidad. Batman es la portada. El engaño. La trampa. La bolita que no encuentras porque siempre está en la mano del trilero.

Más Adam West que el propio Adam West, Batman se ha ido transformando en una parodia de sí mismo. Puro reclamo que sobrevive a duras penas como personaje gracias a los esfuerzos puntuales de guionistas y artistas voluntariosos que todavía comprenden cuál es la esencia que lo mueve todo. Y la rescatan. Y hacen grandes historias a pesar de los pesares. Esquivando una censura castrante formada por ejecutivos con la retinas tatuadas con el símbolo del dólar. Navegando contra el cansancio implícito de un modelo que desconoce que se está muriendo, conectado a un respirador artificial llamado cine.

¿Batman? No, yo no soy Batman. Quita bicho.

Odio a Batman porque es el ejemplo que no se debe seguir. La carretera hacia el precipicio que nadie debería tomar y por la que todos discurren a velocidad terminal. Lo odio porque su potencialidad sigue intacta, inexplorada a pesar de las múltiples y brillantes interpretaciones, sólida en su icónica originalidad. Lo odio porque me recuerda a una época en la que todo era más fácil, en la que la coherencia creaba un universo fascinante y seguir el camino no era un confuso delirio de colores, divisiones, saltos temporales y galimatías argumentales. Lo odio porque, como los matones, utiliza todo lo bueno que atesora para dominar con suficiencia pero sin rematar, como un equipo que aburre por dominio, pero fallece por cobardía e inoperancia.

Batman es un dios con pies de barro que vive dentro de una letrina contemplando a lo lejos su palacio. Un testigo perfecto de la dualidad de una industria necesaria, pero cancerígena cuando se carece de los controles necesarios para domar la avaricia. Un brillo único convertido en producto mate. Una rosa transformada en escobilla para váter. El ocaso pútrido de todo lo bueno que hay en los cómics de superhéroes.

¡Nos vemos en la Zona!

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

También te podría gustar...

Deja un comentario, zhéroe

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.