WHY I HATE…. Ales Kot

¿Por qué tanto odio?

¿La verdad? Porque alguien tiene que hacerlo. Porque es necesario. Porque, de otra manera, esto sería un campo de alabanzas y loas en el que los pagos y los favores pesan más que el criterio. Un campo de lamefalos,  mascavulvas y sorbeortos de blandura insoportable. Y, sobre todo, porque como terapia es un método maravilloso de soltar gas caliente de la caldera y reducir presión y tensiones. Te alivias. Te relajas. Sueltas estrés y mala baba por un tubo.

Eso sí, aunque a primera vista pueda parecerlo, no hay nada personal en todo esto. No hay animadversión, ni rencillas, ni el típico “quítame allá esas pajas” que crea una enemistad legendaria que se extiende por generaciones a lo largo de los años. A mí Ales Kot no me ha hecho nada. Bueno, algo sí me ha hecho. Escribir cómics que son pura bazofia y que he tenido la desgracia de leer. Pero eso no le convierte en mi némesis, ni hace que lo odie. Seguro que si lo conozco en persona al final me cae bien porque tenemos muchas cosas en común. Digo yo. Algo habrá. Pero en lo que se refiere a lo artístico, nadie es perfecto y no puedes gustar a todo el mundo. La vida es así y no pasa nada. No hay que ofenderse ni llevarlo al agravio contra un ser humano como ente.

No es personal, te lo juro

El problema con Ales Kot, para su desgracia, no es ese. El problema es que es un guionista mediocre y bastante ramplón al que le han hecho creer que es el próximo Alan Moore. Su problema es que ni siquiera es culpable de su problema. Su problema son los otros, que cual conspiración illuminati han creado una burbuja a su alrededor. Una cúpula de cumplidos y fuegos artificiales que toda buena horda de nuevos aficionados carentes de ídolos necesita para establecer figuras y referentes frescos, propios y alejados de ese moho rancio que cubre ya a muchas de las estrellas de antaño.

Esto, por supuesto, también es comprensible. El salto generacional necesita derribar lo antiguo para forjar algo nuevo. Destruir para erigir desde el erial. Es una manera de reafirmarse y de consolidar cambios en las tendencias que hoy rompen y mañana se convierten en canon. Así ha sido y así será. Por los siglos de los siglos, amén.

Ya le tocaría acabar con parte de su ego a alguien.

El problema es cuando te equivocas de referente. Cuando te dejas llevar por la urgencia y la necesidad y te cuelan espuma hueca y pretenciosa que no va a ninguna parte. El problema es dejarte cegar por el fulgor de la bisutería barata que lo llena todo de palabras y de carga metatextual impostada para luego dejarte colgado de la brocha con argumentos que no tienen ni pies ni cabeza ni se justifican de manera alguna. Y eso es precisamente lo que es Ales Kot. Vacio. Vacío negro, denso y frío cubierto con un envoltorio pijo que justifica el onanismo de creadores de opinión y ególatras ansiosos por demostrar algo que a nadie le importa una puta mierda.

Como un Grant Morrison venido a menos, todo lo que he leído de Kot se queda en medio de la nada y no va a ningún sitio. Debería haber consumido un número mayor de colecciones para poder haber fundamentado este artículo en poco más que cuatro experiencias desoladoras y traumáticas, pero, la verdad, después de sufrir tanta caspa pretenciosa, a uno se lo quitan las ganas de seguir insistiendo. Eso y todas las opiniones favorables sobre obras que no se sostienen ni con un andamio de adamantium. Véase Wolf, por ejemplo. Un tebeo que es como un callejón sin salida, porque no va a ninguna parte. Utilizando el truco de combinar cosas que a priori molan, Kot construye una patochada tan artificial que parece pixelada. No hay por donde cogerla y, lo que es peor, no para de empeorar.

Cuando sabes que lo que estás haciendo es mediocre pero y lo bien que vende

Lo sé, lo sé. El criterio, los gustos, los culos… Hay para todos y de todos. Y, sin embargo, sigo sin comprender como una sima tan profunda de incoherencia puede resultarle atractiva a alguien. Y lo dice uno que profesa auténtica devoción por el señor Morrison, ínclito guionista que también se caracteriza por su incontenible diarrea mental y aparente falta de rumbo. Sin embargo, lo que en el escocés se fundamenta en un aberrante y enciclopédico conocimiento cultural, en Kot parece armado con palillos y saliva. Mientras el acero indestructible y lisérgico sobre el que Morrison construye sus ideas siempre acaba asomando cual sólida viga maestra por muy enloquecido que sea el argumento, Kot arma superpetroleros con papel cebolla y orina. Parecen imponentes hasta que son puestos a prueba. Entonces una gota de agua o un simple estornudo lo manda todo al carajo. Se le ven sus trucos. O, lo que es peor, se nota que ni siquiera conoce cómo funcionan esos jodidos trucos. Kot es un anzuelo tan grande que no hay carnaza que lo pueda ocultar. Un trilero que usa cubiletes transparentes. Un mago que no se salva ni con Magia Borrás.

Vale, pero, y aunque así fuera, ¿por qué tanto odio?

Podría decir que no tengo ni idea, pero mentiría. Porque lo sé. Claro que lo sé. No tiene nada que ver con el limitado talento como guionista de un tipo que se gana la vida con esto. Hay miles de ejemplos iguales o peores que él. Lo de juntar letras, por ahora, no es delito. No. No es eso. Qué va. Aquí la cuestión son las expectativas. Y los vendemotos. El engaño. La estafa. Todo esa corriente que genera esperanzas enormes que jamás, repito, JAMÁS, vas a ver cumplidas.

Escóndete niño que viene Ales Kot y te escribe una adaptación de mierda

Llegar a una colección creyendo que va a ser la nueva venida de Jesucristo y acabar leyendo un panfleto que no serviría ni de servilleta en un restaurante de comida rápida. Eso es lo jodido. Lo que duele. La desilusión. El desencanto. Y en eso el pobre Kot no tiene culpa alguna.

La culpa, como el infierno, siempre son los otros.

¡Nos vemos en la Zona!

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4 Respuestas

  1. Garrak dice:

    Um, yo (ahora más relajado por cierto XD) de este tío solo he leído Wolf, y recuerdo que en su día ni entendí de lo que iba. Para mí el problema es que con Morrison aunque tampoco suelo entenderle mucho él sí me deja momentos memorables en casi todos sus comics, algo que recordar con cariño… y de Wolf no recuerdo casi nada, literalmente. Y no me anima a seguir leyéndole.

    Aunque al calvo parece interesarle más apoyar a Gerard Way para la nueva generación

  2. RapEnValencia dice:

    Después de lo de Ales Kot y los Ultimates de Ewing, espero un ataque de honradez por tu parte con un Why I Hate… Batman de Tom King.

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