WEIRD DETECTIVE, de Fred Van Lente y Guiu Vilanova

 


Título original
:

Weird Detective: “The Stars Are Wrong” TPB

Sello: Dark Horse Comics
Guionista: Fred Van Lente
Artista: Guiu Vilanova
Coloristas: Josan González y Mauricio Wallace
Contenido Weird Detective #1-5 (Jun. – Oct. 2016)

Publicación USA: Febrero 2017
Publicación España: Febrero 2017 (Medusa)
Valoración: Yo no sé qué tiene Cthulhu que me vuelve loco / 10

 

Hola.

Soy el típico tópico. El común. El normal. El mediocre. El que se creía especial porque sabía escribir Cthulhu de memoria sin cometer ninguna falta tipográfica u ortográfica. El friki anticuado que se encuentra fuera de sitio en un nuevo mundo lleno de fetiches que puede identificar, inmerso en una sociedad en la que lo que antes era extraño, ahora es guay; o cool; o trendy. El que afirmaba que el nombre de H.P. Lovecraft servía de mantra o contraseña en una logia secreta compuesta por un reducido grupo de lectores a la que pertenecía. Un inconsciente que ha comprobado entre complacido y sorprendido que lo que él consideraba patrimonio de una élite casi arcana, es hoy parte intrínseca de la cultura universal, de su imaginería, y fuente de inspiración de cualquiera que haya escrito sobre el terror desde principios del siglo XX, como demuestra el…

WEIRD DETECTIVE
de Fred Van Lente y Guiu Vilanova

A este tópico introductorio, basado en la popularización de elementos propios de pequeñas y sórdidas tiendas llenas de sudorosos hombres con tendencia a colocar la cintura de sus pantalones a dos centímetros del sobaco, se le une el ya clásico del todo está inventado. Reconozco que es una frase repleta de condescendencia y paternalismo, pero por muy cargante que nos resulte, no deja de ocultar una indiscutible verdad. No hay nada nuevo que crear, y lo máximo a lo que se puede optar es al uso ingenioso de la batidora para ofrecer nuevas combinaciones de elementos ya conocidos. Los autores son como químicos siempre dispuestos a crear nuevas sustancias, pero prisioneros del límite que impone la Tabla Periódica de los Elementos.

Sebastian Green, el protagonista de Weird Detective, recuerda de manera inevitable a un J’onn J’onnz recién llegado del planeta rojo, confundido todavía por una cultura que le cuesta asimilar y torpe al representar su papel de detective humano. En este caso, en lugar de venir de Marte, el ser que sustituye a Green es un trasunto de uno de esos Antiguos que poblaban las ciudades pre-glaciación perdidas en la Antártida, descritos de manera magistral en el clásico del maestro de Providence En las montañas de la locura. Si al combinado añadimos unas gotas del proceso de deducción lógica inverosímil cosecha de Sir Arthur Conan Doyle (aquí justificada por los 17 sentidos ampliados del ser ultraterreno), una compañera al más puro estilo Harry el Sucio y todo el catálogo de seres primigenios, tentaculares, cuajaditos de ojos y con una irritante tendencia a pergeñar el fin de la raza humana, tenemos una de esas historias irresistibles que te tocan la patata, te sacan la sonrisa y disfrutas de principio a fin.

El típico día después de una borrachera.

No voy a decir que lo de Fred Van Lente sea una sorpresa. De Action Philosophers a Archer & Armstrong, este guionista ha conseguido imprimir a sus obras un sentido del humor muy peculiar, mezclado con una visión del espectáculo y de la acción particularmente entretenidas. Van Lente es uno de esos devoradores culturales que utiliza todo lo que conoce para componer sus mosaicos, consciente de la máxima sobre la originalidad de la que hemos hablado al principio. Weird Detective emplea tantas cosas conocidas, que se convierte en un producto irresistible y divertido. Es como encontrarse con alguien que no ves desde hace una eternidad y te hace recordar anécdotas pasadas, aventuras que parecen gestas heroicas al ser deformadas por el tiempo y tu propia mitología. Su sentido del gag, sus diálogos ácidos y veloces, su uso medido de la sorpresa y la intriga… Cada faceta tallada en los personajes principales convierte este tebeo en una de esas lecturas que te llenan sin mostrarse superiores, y te van llevando a base de guiños, referencias y elementos usados con inteligencia.

En cuando al dibujo de Guiu Vilanova, lo calificaré de correcto y práctico. Sin más. Ni fantástico, ni horrendo, ni aburrido. Cumplidor. Eficaz. De una estética que aporta lo necesario para no sacarte de la historia y que se aprovecha de la gama de colores aplicada por Mauricio Wallace y Josan González con idéntica pulcritud y efectividad. Hay algo carente de espectacularidad en el trazo de Vilanova que me resulta anodino y, sin embargo, reconozco su eficiencia para ir enlazando las partes de la trama en un conjunto coherente que disculpa algunas viñetas de aspecto apresurado. Desde luego, es uno de esos cómics que no me habría comprado por las ilustraciones. No pertenece a esa clase de tebeos que te atrapa con poderosas imágenes mientras ojeas las páginas del tomo en tu librería preferida. Es cierto que esta espectacularidad gráfica no es ni mucho menos sinónimo de éxito, tal y como atestiguan mis estanterías de historietas llenas de splashpages molonas que resultaron ser mierda pestilente de un tamaño digno de sacar al planeta de su órbita, pero ese primer vistazo casual en tu ronda de caza semanal es el juez instantáneo que inclina la balanza de tus compras.

Ese despacho necesita una limpieza urgente.

Volviendo al cómic que nos ocupa, y de no ser la temática digna de Innsmouth y las recomendaciones de varios conocidos de confianza, habría sido el típico volumen al que no te vuelves a acercar porque, a simple vista, no consigues captar nada destacable en sus páginas más allá de las ubicuas y reconocibles referencias. Cuando lo que te gastas en tus compras mensuales puede financiar a una pequeña nación africana, hay que ser tajante y selectivo con tu consumo. O intentarlo. O proponértelo como acción de buena voluntad de Año Nuevo. Conseguirlo es una cuestión ligada a esta enfermedad febril que padecemos los coleccionistas. Es decir, una quimera; un imposible. Sabiendo que en tu proceso de elección actúan fuerzas más allá de la comprensión de un humano corriente, la necesidad de establecer algún tipo de criterio que te salve de la ruina absoluta se convierte en una cuestión de pura supervivencia.

Por fortuna (o por desgracia, si nos atenemos a esa urgencia que te obliga a cribar para poder comer caliente), en este caso me fié de las recomendaciones y piqué, si bien con cierto miedo por la bipolaridad editorial que me producen las series editadas por Medusa Cómics, que oscilan entre el espanto y la obra maestra. Mis dudas eran infundadas. Sin duda estamos ante la de cal, ya que Weird Detective es uno de esos tebeos perfectos para pasar un buen rato y disfrutar sin preocupaciones. Una estupenda elección de la que espero se editen más sagas, pues el universo creado por Van Lente es un campo con infinitas posibilidades que merecen ser explotadas.

“Y le he puesto de nombre Bobby…”

Vale. Lo sé. Tengo la sensación de que las conclusiones finales acerca de productos que no me desilusionan siguen siempre la meliflua senda de la tibieza. Cada vez me doy más cuenta de que, en la madurez, en lugar de las emociones viscerales lo que uno busca es la tranquilidad cómoda de una recompensa que no te defraude. Reservo el riesgo de la vanguardia para tardes más esotéricas o lisérgicas, pero cada vez pongo más en valor aquellas cosas que te dejan evadirte sin preocupaciones después de uno de esos días laborales dignos de muerte por desesperación. Es tan grande la necesidad de huida sin reflexión que nos asalta e ocasiones, que se convierte en un lema recurrente que utilizo en el noventa por ciento de mis reseñas. A veces necesitamos distraernos, no pensar, dejarnos llevar y disfrutar sin complejos de las cosas sencillas de la vida, como los terribles dioses de presencia inasumible para nuestra endeble psique, venidos de los límites que existen más allá del tiempo…

O las gabardinas.

¡Nos vemos en la Zona!

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