WARHAMMER 40.000, de George Mann y Tazio Bettin


Título original: 
Warhammer 40.000: Will of Iron TPB
Warhammer 40.000: Revelations TPB
Sello: Titan Comics
Guionista: George Mann
Artista: Tazio Bettin
Colorista: Enrica Angiolioni
Contenido: Warhammer 40.000 #1-8 (Nov. 2016 – Ago. 2017)

Publicación USA: May. – Sep. 2017
Publicación España: Ago. – Oct. 2017 (ECC Ediciones)
Valoración: La droja mata y yo quiero morir joven /10

 

¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Para esto me pagaron mis padres una educación universitaria? ¿Por qué consumo mi muy escaso y precioso tiempo en leer cosas como esta? O, lo que es peor, ¿por qué dedico esfuerzo y trabajo a escribir reseñas sobre este detrito? ¿Qué tiene el universo de Warhammer 40.000 que me convierte en un adicto? ¿Qué mierda peligrosa y prohibida contienen sus ideas, conceptos e historias para hacer que me enganche a ellas de un modo casi fanático? ¿Por qué nadie se plantea hacer un cómic flipante de verdad con todo esto? Hablo de algo de calidad aplastante basado en todas esas maravillosas ideas llenas de cadáveres divinos, dioses del caos, humanos modificados genéticamente y aliens profundamente cabrones. Ya sabéis, todas esas cosas que nos ponen cachondos. ¿Por qué a todo lo que llega el tebeo cuando se mezcla con el Imperio, el Waaaaagh, muertos vivientes robóticos, herejía y el Inmaterium son cosas como los tomos…

WARHAMMER 40.000
de George Mann y Tazio Bettin

Y lo que me jode. De verdad. Lo digo como fan. Dadas las casi inacabables posibilidades temáticas y gráficas del Warhammer 40K, el cómic parece el medio más adecuado para sacarle todo el partido real a esta mastodóntica saga espacial surgida de los juegos de tablero y convertida en todo un entramado lúdico y literario capaz de destruir cuentas corrientes y economías con un mero parpadeo. Hay un qué sé yo lúbrico en la imagen de hombres del futuro creados en una probeta empuñando rifles que escupen proyectiles tan grandes como tu brazo al que es muy difícil resistirse. La eterna lucha del bien y el mal, la guerra civil entre esos enigmáticos semidioses llamados Primarcas, la figura divina y tiránica del padre omnipotente e inmortal, el panteón repugnante y caótico formado por Khorne, Slaanesh, Nurgle y Tzeench, los alienígenas despiadados y crueles… todo lo que uno puede encontrar en la millonaria franquicia creada por Games Workshop es una referencia cruzada y múltiple a mitos clásicos de la literatura y la ciencia ficción pasada por la batidora macarra de un mundo en guerra constante.

Infalible. Os lo aseguro.

¿Qué ocurre entonces? ¿Por qué no funciona? La verdad es que lo ignoro. Lo que en literatura se ha convertido en una enorme mole superventas que no deja de producir literatura de pulpa barata pero absorbente y totalmente adictiva, en el cómic se reduce a una serie de intentos bastante cutres y lastimosos carentes de cualquier tipo de continuidad. Quizá por la falta de interés de editoriales grandes o por la inexperiencia o el en ocasiones limitado talento de los artistas que se encargan de los proyectos relacionados con el 40K, lo que en teoría debería ser un alucinante despliegue de colores, acción y espectaculares servoarmaduras, acaba derivando en una rutinaria representación de un esquema que, si bien en el fondo es más de lo mismo, cobra vida e interés cuando vistes el muñeco con emoción, violencia desmedida y espectacularidad grandilocuente y salvaje. Justo todo de lo que carecen estos tebeos. Si lo piensas con frialdad, es como fallar un tiro a bocajarro con una escopeta de postas. Tan difícil que parece imposible.

De topicazo a topicazo y purifico el Caos porque me toca.

Guión digno de estepa siberiana, dibujo justito y plano que a veces te saca un bostezo, colores que no te tocan ninguna fibra y la sensación de que los autores no acaban de comprender al 100% las infinitas posibilidades de lo que tienen entre manos. Por mucho que nos aseguren que el guionistas es una estrella superventas curtido en los entresijos whovianos de la Tardis. Una nueva decepción que añadir a mi lista. Una más. Qué le vamos a hacer.

Pero, sin embargo (y aquí llega la contradicción estúpida que solo los que han probado mierda de la buena pueden comprender), me compraré todos los tomos que saquen de este desastre de mediocridad. Sí. TODOS. Porque las drogas son así. Malas. Muy malas. Algo que hay que evitar a toda costa. Algo como esa ex novia que te destrozó como una trilladora y con la que tratas de hacerte el encontradizo . Algo que buscas. Algo que necesitas. Algo de lo que no puedes escapar. A pesar de que los demonios del Caos y sus marines espaciales traidores aquí reflejados estén lejos de la aterradora iconografía que se destila de los libros. A pesar de que la inquisidora no desprenda ese poder aterrador, extraño y diminuto a la vez; esa aura que simboliza la eterna lucha de la humanidad y del Administratum contra una miríada de planetas que apenas pueden gestionar. A pesar del rutinario y poco inspirado dibujo de un Tazio Bettin que dispone de una infinita paleta de conceptos a sus disposición para destacar en composiciones, ilustraciones e imaginería en general. A pesar del guión de Gorge Mann lapidado a base de tópicos. A pesar de todo esto, pueden contar conmigo. No me importa. Yo lo único que quiero es mi dosis.

¿Alguna herejía que confesar?

Son cosas comunes a las drogas y a la estupidez humana. Su dureza. Su capacidad adictiva. Su letal y explosiva combinación. El proverbial canto de sirena. Y no me cabe duda de que las cosas que pasan en el milenio 41 son de las más duras, adictivas y letales que he probado jamás. Creedme. Palabra de bólter.

¡Nos vemos en la Zona!

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