WARGROOVE. Pasando la antorcha de la guerra.

Ha llegado el momento. Sabía que era inevitable y que más pronto que tarde iba a suceder. No somos más que un conjunto de experiencias que, guiándonos por lo que recordamos haber vivido, extraemos unas conclusiones que nos llevan a actuar en nuestro presente. Somos carne de nostalgia y hoy me ha tocado a mí.

Hablemos de Advance Wars. Pese a que el verdadero origen de la saga se remonta a la primera consola de Nintendo con un casi desconocido Famicon Wars, fue gracias a los juegos que empezaron a salir en la Game Boy Advance cuando se dio a conocer en occidente la apuesta por la estrategia bélica de Intelligent Systems. Si en Fire Emblem, su franquicia más popular y la que ha acabado por eclipsar al resto de sus desarrollos, cada unidad tiene su trasfondo e importancia en la historia produciéndose un pequeño drama con cada pérdida, en Advance Wars las unidades siempre han sido de usar y tirar, limitando su importancia al dinero que se necesita para desplegarlas. Esta diferencia dota al juego de los tanques de un aspecto más arcade que a un joven otaco en ciernes le llegó a la patata hace cosa de 15 años.

Yo voy por mi izquierda, yo voy por mi izquierda…

Y aquí nos encontramos. Tras sacar la última iteración de la saga en 2008 y centrar casi la totalidad de sus esfuerzos en más y más juegos de espadas y waifus, los fans hemos acabado rogando a la compañía japonesa que se acuerde de nosotros. Pero no es esta la que nos ha escuchado. Ha sido la compañía independiente Chucklefish Games, conocida por desarrollar Starbound y publicar geniales juegos como Risk of Rain o Stardew Valley, la que ha decidido ver si quedaba alguien en la trinchera y realizar esta especie de secuela espiritual en la que no tratan de ocultar en ningún momento sus influencias.

Esta maniobra no está exenta de riesgos, pues si de algo está saturado la comunidad de «trve gamers» es de tiquismiquis llorones que un día claman al cielo por el cambio en la paleta de colores de una unidad y al siguiente del plagio descarado que es respecto a la obra original por dos mecánicas que tienen en común. Por suerte, en Wargroove no ha habido ningún temor en cambiar aspectos tan icónicos en la saga original como es, por ejemplo, la gestión de las ciudades y cómo se aprovechan de sus recursos las unidades. En general, el objetivo de estos cambios es aumentar la velocidad a la que se recuperan los combatientes, ofreciendo así partidas más intensas que no acaben centrándose en aguantar en una posición de manera indefinida.

¡Morid aliens!

Sin embargo, todo tiene un precio y en este caso el coste de hacer tabula rasa para ofrecer un juego más ágil ha sido reducir el número de unidades diferentes disponibles o algunas características de estas como el combustible, reduciendo la complejidad del título en el proceso. Se intenta compensar esta elección con la figura del comandante, una unidad extremadamente poderosa que entra desde el principio en batalla pero que al perderla se pierde la partida de forma automática, creando una nueva condición de victoria que alienta un juego más arriesgado y castiga de forma contundente el mínimo desliz en el posicionamiento. Y, hablando de colocar a las tropas, otro rasgo distintivo del juego es la capacidad que tiene cada una de ellas de infligir daño extra si se cumplen determinadas condiciones relativas a su posición o a la del contrario, dando una nueva capa de complejidad más centrada en las decisiones estratégicas tomadas que en las limitaciones propias de cada unidad.

La mayor pega que le podría encontrar al título es inherente a su existencia: lo ha hecho un estudio pequeño y se nota. Pequeños fallos aquí y allá, mecánicas no muy bien explicadas, algún que otro error en la traducción que en términos generales es bastante buena, una inteligencia artificial bastante simple… Elementos que, con el tiempo y dinero suficientes, se habrían acabado por pulir. Por el momento, Chucklefish está haciendo los deberes en ese aspecto escuchando a la comunidad del juego y dando especial importancia a los modos que la mantienen activa como el multijugador y el editor de escenarios.

#StopEspecismo

El gran punto a favor de esta obra es que, sin lugar a dudas, entra muy bien por los ojos. Tanto los diseños de personajes y unidades como las animaciones de todos ellos están cuidados al milímetro y es una verdadera gozada verlos en movimiento. Además, el mimo que han puesto a la hora de darle trasfondo propio a cada una de las tropas de las distintas facciones se nota a la legua y da más empaque a una obra que ha conseguido a pulso una personalidad propia, pese a basarse casi al completo en una franquicia ajena.

Puede que Wargroove no se pueda comparar a la gran saga que fue Advance Wars, al igual que puede que la nostalgia nuble mi experiencia al respecto. Puede incluso que este juego ni tan siquiera aspire a ser mejor que el original, que únicamente se trate se un tributo hecho por fans para fans en el que se han esforzado por ir más allá de un cambio de imagen y no tirar hacia lo seguro. En cada pequeña animación, en cada pequeño fragmento de audio y cada uno de los diseños se nota una cantidad apabullante de cariño que ha hecho inevitable que me enamore de este juego. 

¡Nos vemos en la Zona!

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Ferran

Hago como que estudio Química pero en verdad me inflo a cómics y videojuegos desde pequeño. Soy de esa gente rara a la que le gusta más el manga que el anime.

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