WALLMAN, de Boichi


 

Título original:
U~ōruman (ウォールマン) Vol. 1-3
Sello: Shueisha
Género: Seinen/ Ecchi/ Acción/ Comedia
Mangaka: Boichi
Publicación Japón: Jun. 2013 – Abr. 2015
Public. España: Dic. 2015 – Abr. 2016.

(Milky Way)
ValoraciónVulva usted mañana / 10

 


Hay algo en el ritmo narrativo del manga que se me suele atragantar. Se me hace cuesta arriba. Tiene una cadencia que me cuesta asimilar, como si mi cerebro careciera de los mecanismos adecuados para la interpretación de un cómic japonés. Es culpa mía, soy consciente de ello. Un producto con un éxito mundial tan apabullante no puede ser uniformemente malo. No digo que odie TODOS los mangas, sino que para poder procesarlos correctamente y disfrutar de todo lo que tiene que ofrecerme, tanto la historia como el dibujo deben cumplir una serie de requisitos que pueden resumirse en una triada sencilla de enumerar: cyborgs, sangre y tías buenas. Cualquiera de estos tres elementos convierte una obra realizada en el sol naciente en un plato de digestión más sencilla para mi primitivo córtex cerebral, y si por casualidades galácticas y astrales se juntan los tres a la vez, puedo abandonarme a la contemplación irracional de tecnología, sexo y violencia sin preocuparme demasiado de lo absurdo, reiterativo y patético de los diálogos o de la coherencia inexistente del argumento de la serie. Ser un repugnante macho lascivo fruto de la alienante maquinaria patriarcal es lo que tiene. Fusiles de plasma integrados, gore y mamas. Cuanto más grandes mejor. Menos mal que existen cosas como…

WALLMAN
de Boichi

Esta obra reúne dos de los tres elementos que necesito para que un manga me llame la atención. Incluso, y si nos concedemos alguna licencia e interpretamos las tres normas de una manera algo más laxa, podríamos decir que es un perfecto 3/3. Sólo hay que echarle un poco de imaginación y asumir que el instrumental similar al utilizado para hacer rápel y toda la parafernalia de apoyo adjunta sustituye el elemento robótico/tecnológico et voilà, tenemos un pleno total.

La historia de unos asesinos a sueldo llamados wallman, cuya especialidad es descolgarse de la fachada de los rascacielos para acabar con su presa, aprovechando el factor sorpresa que te concede entrar rompiendo la ventana de un piso treinta y cuatro, conjuga con solvencia todo lo necesario para que podamos untar las cubiertas con testosterona. El protagonista es un hombre de mediana edad, asesino de élite retirado que malvive rodeado de grasas polisaturadas y un colega mangaka, regordete y calvo adicto a las escopetas de cañones recortados. Su vida da un vuelco radical cuando, de repente, aparece una chica que, ¡sorpresa!, además de tener una más que afortunada necesidad de alojarse con dos desconocidos de apariencia degenerada, es uno de esos pibones que sólo aparecen en la portada del Playboy. Por si fuera poco, y fruto de una casualidad totalmente justificada, es una wallman novata dispuesta a convertirse en la número uno del negocio. Esta circunstancia dará pie a que tanto nuestro sufrido héroe como su fofo y grácil compañero regresen al asesinato y en el proceso se enfrenten a mafiosos, ex colegas y demás repertorio típico de todo shonen camuflado de seinen que se precie.

A pesar de que la acumulación de tópicos podría parecer intoxicante, hay una sensación de parodia que consigue aliviar la estupidez general del concepto. Boichi es consciente de lo superficial de todo lo que cuenta, y lo potencia utilizando humor, acción llena de arneses y cables y una protagonista buenorra que no para de contonearse, girar y pivotar para que el lector pueda disfrutar de primerísimos planos de sus genitales cubiertos por cuero ajustado. Wallman es un festival mesmerizante de posturitas y coños. Una sobrecarga sensorial protagonizada por chochos, vulvas, higos, chonas, chirlas, conchas, potorros, cucas, chichis y totos envueltos por elementos textiles aptos para resaltar sus formas. Una fiesta de erotismo de charcutería lleno de representaciones pornográficas tan delicadas como la deglución lenta e insinuante de una salchicha pinchada en un palo. Rubias ninfómanas, pezones cubiertos con esparadrapo, cremalleras que suben y bajan en un baile entre masoquista y gótico, un protagonista que evoluciona de barrigón acabado a letal tío bueno y un gordo ágil como una bailarina de ballet utilizado como descarga cómica a tanto erotismo para pajillero adolescente. Y todo en tres únicos tomos. ¡Bravo!

No puedo más que agradecer la brevedad con la que se finiquita el asunto, alejándonos de ese cáncer provocado por las ventas, llamado elongación exasperante de la trama. Lejos de encadenarnos a la compra de su material durante quince años, Boichi precipita la historia en un sindiós de combates aéreos, poses vaginales, cuchillos que se mueven a la velocidad de una picadora de carne y explosiones que causan acertados desgarros en la ropa, ventilándose lo que otros autores exprimirían durante 10 tomos en unos cuantos capítulos de la historia. Todo un mérito dentro de este mundo de sagas hipertrofiadas, argumentos inacabables y capítulos de relleno. Wallman nos deja con una sorprendente sensación de resolución precipitada indigna de tantas colecciones que no se acaban nunca y genera una extraordinaria y nunca antes vivida (¡hay que joderse!) necesidad de continuación.

Como he dicho antes, la gran virtud de Wallman es la autoconsciencia. La manera en la que desmonta por sobreexposición el absurdo intrínseco del género. Es un manga que asume desde el principio sus limitaciones y las utiliza como artillería pesada. Sin concesiones. Cada primer plano de labios sugeridos entre unos muslos cerrados es una invitación al examen de conciencia del público, aunque gran parte de dicha audiencia esté más preocupada en liberar la mano hábil correspondiente y tener cerca el papel higiénico. Una parodia de grafismo espectacular que sabe en todo momento a lo que juega y que, muy sensible a la sobrecarga hormonal de sus potenciales lectores, ofrece exactamente lo que promete.

Ni intimismo, ni existencialismo, ni profundidad. ¿Quién coño necesita eso? En Wallman hay acción, violencia y chuminos. El que quiera sufrimiento y la desolación causada por el sinsentido de la vida, que se lea a Camus.

¡Nos vemos en la Zona!

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