WACKY RACELAND, de Ken Pontac y Leonardo Manco

 


Título original
:

Wacky Raceland TPB

Sello: DC Comics
Guionista: Ken Pontac
Artista: Leonardo Manco
Colorista: Mariana Sanzone
Contenido:
Wacky Raceland #1-6 (Ago. 2016 – Ene. 2017)

Publicación USA: Marzo 2017
Public. España: –
Valoración: Huyendo de esto A Todo Gas/10

WACKY RACELAND
de Ken Pontac y Leonardo Manco

Ya hace casi 50 años desde que la más que célebre productora Hannah Barbera estrenase la que es una de sus creaciones a la que mayor estima tengo: Los Autos Locos. A diferencia de sus otras archiconocidas series como Los Picapiedras o Los Supersónicos, en este caso la creación de William Hanna se aparta de la típica historia centrada en uno o varios núcleos familiares, dando cancha hasta un total de 23 personajes bien distinguibles entre sí divididos en 11 vehículos cada uno más estrafalario que el anterior. Esta diversidad es sin duda la mejor de sus bazas, aportando carisma a raudales a sus corredores y a las diferentes habilidades que tienen para evitar las trampas del pérfido Pierre Nodoyuna. Sin embargo, no nos dejemos embriagar por la nostalgia. Más allá de lo atractivo que era visualmente y el humor puramente slapstick bien ejecutado y dirigido a los más jóvenes de la casa, es en cierto sentido inevitable que acabase por resultar repetitiva dado el uso constante de las mismas herramientas de los coches que, sumado al poco protagonismo que tienen los conductores al no poseer más de cuatro líneas conjuntamente en cada capítulo (dejando de lado al vil Nodoyuna), lastra el resultado final haciendo que sea hasta un alivio que únicamente tuviese una duración de 17 capítulos dobles.

Los clásicos…

Ahora bien, DC se ha puesto las manos a la obra para ofrecernos una versión más adulta y más madura, pasando de los bucólicos paisajes llenos de colorido a un yermo devastado y post-apocalíptico lleno de despojos biológicos con altas dosis de dramatismo y casquería gratuita que… no, esto no va a acabar bien, ¿verdad?

Una serie de desastres medioambientales y enfermedades virulentas han acabado con prácticamente la totalidad de la humanidad y solo unos pocos escogidos por el ente que se hace llamar “The Announcer” tendrán una segunda oportunidad para llegar a Utopia y escapar de la devastación que asola el planeta. Estos “afortunados” tendrán que disputar una serie de carreras por inhóspitos parajes poblados de monstruosidades aberrantes junto a sus coches, que han recibido una I.A. por cortesía de su benefactor.

… y los modernos.

No me voy a andar con rodeos. La historia es totalmente accesoria. Una serie de excusas para mover la acción llevada a cabo por personajes que, a excepción de Penelope Pitstop y Dick Dastarly (conocidos aquí con los nombres Penélope Glamour y Pierre Nodoyuna respectivamente), no hacen más que bulto y soltar un par de frases cortantes durante este esperpento de aventura. Se ve como Kent Pontac simplemente nos quiere proporcionar una aventura palomitera sin más aspiraciones, pero es que hasta seguir el hilo dentro de un mismo número es confuso y las continuas elipsis, flashforwards, flashbacks y demás trucos para evitar crear algo mínimamente cohesionado no ayudan. Todo esto viene culminado por un clímax totalmente absurdo que atenta contra la inteligencia del lector con una serie de intentos de última hora de darle algo de sentido a la trama.

Muy posiblemente haya pecado de cínico, es decir, la “historia” (por llamarlo de algún modo) de la serie original tampoco era ningún portento, pero es que lo peor sin duda es la sangría de personalidad que han sufrido los conductores. Tal como he comentado anteriormente, la mayor parte únicamente están como relleno. Relleno del malo. Relleno de Naruto. Colocados con el único objetivo que poder decir que no falta ningún coche de los posibles favoritos del público, pese a que haya sufrido una succión de todo lo que lo hacía guay y distinguible del resto. Todo esto acompañado de una personalidad clónica para todos los concursantes de motorista enfadado que se lía a guantazos en un bar de mala muerte a las primeras de cambio. Ni tan siquiera el tímido intento de dar algo de profundidad a Penelope o Dick merece la pena ser mentado, dado que acaban igual que empiezan y, sinceramente, tampoco es que sea algo mínimamente interesante.

Y absurdo también Penelope, absurdo también.

Y, desgraciadamente, el dibujo tampoco hace que salga a flote el cómic. Como era de esperar, no conocía de antes el trabajo de Leonardo Manco pero con una rápida ojeada a sus obras anteriores queda claro que ha bajado el nivel. Lo que antes eran personajes detallados ahora parecen bocetos en comparación, dando la sensación de haberse hecho de forma, como poco, rápida y descuidada. Además, los colores de Mariana Sanzone lo único que consiguen es dar un aspecto más homogéneo al resultado final lo que, una vez más, resta personalidad a los vehículos.

No se que han intentado hacer con esta colección. Bueno, si, está claro que lo que han intentado conseguir es dinero. Pasta fácil y rápida de fans nostálgicos que quieran una versión de los Autos Locos para “adultos”. Por más que sea un arco corto me resulta imposible recomendarla, ni tan siquiera como diversión morbosa o para sentenciar a Carlos a otro #CotU. Pisad a fondo y huid de esta bazofia.

Me entristece bastante el resultado final de lo que podría haber sido una colección interesante, y más viendo como ha sido la “resurrección” de otras series clásicas de Hanna Barbera como Los Picapiedra, que son una auténtica gozada. Por desgracia, nunca llueve a gusto de todos y los aficionados a la carismática serie nos tendremos que conformar con este wannabe cutre de Mad Max.

¡Nos vemos en la Zona!

Ferran

Hago como que estudio Química pero en verdad me inflo a cómics y videojuegos desde pequeño. Soy de esa gente rara a la que le gusta más el manga que el anime.

You may also like...

Deja un comentario, zhéroe