VOCES DE CHIMALPOPOCA, de Shu Otero

 

 

Título original:
Voces de Chimalpopoca HC
Sello: Astiberri
Artista: Shu Otero
Publicación España: Abril 2021
Valoración: El testimonio de la huella que deja un seísmo

 


Recuerdo que aquella mañana de camino al trabajo escuché por la radio que en México se había sentido un terremoto de gran intensidad. Una vez instalada en mi mesa, entre papeles, escribí por wasap a mi amiga R. que vivé allá en México para preguntarle qué tal estaba. Deseaba que se repitiera la respuesta que me dio un par de semanas antes, cuando se produjo otro terremoto, y en su wasap R. decía que todo andaba bien. Pero en esta ocasión fue diferente. Ella y su familia estaban bien, pero se había instalado en su interior un miedo que le impedía cerrar los ojos (allí todavía era de noche cuando comenzamos a intercambiar mensajes) y mucho menos dormir. Estaba realmente asustada. Yo jamás he experimentado en mis carnes una acción de la naturaleza de esas características, por lo que no podía más que intentar comprender cómo se sentía y tratar de brindarle compañía en la distancia.

Tres años y medio después, los recuerdos asociados al terremoto que asoló México el 19 de septiembre de 2017 han vuelto a mi mente desde las páginas de …

VOCES DE CHIMALPOPOCA
de Shu Otero

Todo hecho o suceso que acontece en un espacio queda reflejado en las crónicas, en la hemeroteca de los medios de comunicación y en los archivos. Pero también en lo más profundo de quienes lo han vivido en primera persona. Y vivir un terremoto cuya magnitud sobrepasa el 7 en la escala sismológica de magnitud de momento debe ser algo que marque profundamente a una persona, bien como víctima, allegada de víctimas mortales o como mera espectadora contemplando el colapso a tu alrededor de un drama de grandes dimensiones. Ni que decir tiene lo que debe de ser haber pasado por ello varias veces, reviviendo angustiosas situaciones mientras afloran una serie de sentimientos que han quedado grabados a fuego en tu interior.

Los caprichos del destino hicieron que México sufriera dos devastadores terremotos en la misma fecha en 1985 y 2017, un 19 de septiembre. Voces de Chimalpopoca es un relato que nos traslada al epicentro del dolor tras esos seísmos en México, tomando casi como un personaje más la zona de intersección de la calle Bolívar con Chimalpopoca, escenario de uno de los derrumbes que se produjeron en esa fatídica jornada del 19 de septiembre tanto de 1985 como de 2017. Shu Otero, oriunda de Sunbilla (Navarra) y con ascendencia mexicana, se encontraba en México en 2017 cuando la tierra tembló. Tras haber estado un semestre de intercambio en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Otero quiso regresar al país en el que había crecido su madre con tal fortuna que experimentó algo con lo que no contaba y que acabaría siendo el germen para un proyecto que se ha ido gestando durante varios años y que ha tomado forma de cómic. La verdad es que nunca se sabe por qué derroteros te puede llevar a transitar la poderosísima llamada de la genealogía, ni qué sorpresas te depara esa patria que tus padres o abuelos llamaron hogar y que ejerce sobre ti una gran atracción.

¡Terremoto!

Aunque el relato adopta la primera persona y la voz de la historietista, pronto escuchamos en Voces de Chimalpopoca una polifonía de historias y voces que confluyen en el terremoto que tuvo lugar ese 19 de septiembre de 2017. Los lectores asistimos a una suerte de documental en el que los diversos testimonios se apoyan y complementan para mostrar no un acontecimiento, sino la incidencia de un desastre en una población y el sentir de quienes devienen en objeto directo de la tragedia. Las viñetas están impregnadas de un cariz social y cierta denuncia. Los personajes que sustentan la narración son el vivo retrato de todas esas personas anónimas cuyas vidas se ven azotadas por desgracias, ocupan unos minutos como colectivo damnificado en los medios y acaban cayendo en el olvido. Son víctimas de la inmediatez en la que nos hemos instaurado como sociedad y también de intereses gubernamentales y económicos. Las voces de todas esas personas a las que Otero brinda este espacio en forma de cómic trasladan a los lectores el sentir de las almas que pueblan una zona concreta de México en la que las fuerzas de la naturaleza en forma de seísmos han hecho acto de presencia en diversas ocasiones. Como en algún momento del cómic Otero explicita No hay desastres naturales … Los fenómenos son naturales, los desastres son humanos. A partir de los testimonios de esas gentes se percibe claramente la indefensión del pueblo llano, la sensación de abandono que experimentan por parte de sus dirigentes y la impotencia ante la acción, la inacción y la contra-acción. Es un relato que emana pesar y desazón, desde luego. Pero también cuenta con un importante matiz de la luminosidad que irradia el saber que puedes contar con tus iguales y el extraordinario poder que supone la unión de las gentes.

Su composición narrativa, ese trazo rápido que parece deudor de la vertiente autobiográfica del underground, los grises y las tramas que dan volumen y los contrastes del blanco y negro levantan la atmósfera, sostienen el tono y dan forma a una trama poblada de personajes que ofrecen un crudo y sincero testimonio directo. Otero articula el relato en una serie de capítulos que se corresponden con algunas de las cartas que forman parte de la lotería mexicana, un juego de azar parecido al bingo, dando a entender que estar en un momento dado y un lugar determinado puede ser el resultado de una sucesión de acontecimientos fortuitos que no podemos controlar.

México, la muerte y los terremotos.

Voces de Chimalpopoca funciona como un interesante reportaje en torno a la fuerza de la naturaleza y a los desastres que causa la acción e inacción del ser humano, así como crónica social de algo que sucedió y de la impronta que deja en nosotros aquello que vivimos. El cómic tiene en el territorio habitado y en el argumento de búsqueda los ejes principales para completar sendos mapas de la identidad personal, de la memoria colectiva y de la visibilización de la voz del pueblo. Pero personalmente, a mí me sugiere algo más. Igual que hay lugares, sabores u olores que nos traen a la mente momentos y personas, este tebeo me recuerda los vínculos que se crean entre personas y que no importa la distancia (aunque limite considerablemente la acción) cuando alguien necesita que le tiendas la mano.

¡Nos vemos en la Zona!

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