UNA VOZ SILENCIOSA, de Naoko Yamada

Título original: Koe no katachi  (聲の形)
Año: 2016
Director: Naoko Yamada
Guión: Reiko Yoshida (manga: Yoshitoki Ōima)
Fotografía: Kazuya Takao
Reparto: Animación (Kyoto Animation)

Valoración: Por mucho que escriba no podré hacer justicia a tal belleza /10

Sinopsis: Una estudiante de primaria sorda comienza a sentir el bullying de sus compañeros al cambiarse de colegio. Uno de los principales responsables es Ishida Shôya quien termina por forzar que Nishimiya se cambie de escuela. Años después, Ishida busca la redención de sus malas acciones.

El cine de animación japonés está de moda. Este hecho lo podemos contrastar con la entrada en taquillas no especializadas de películas de animación procedentes del país nipón, o también por el gran número de licencias sobre estas películas por parte de las distribuidoras occidentales. Tal cine tiene unas características muy diferentes a las que nos tiene acostumbrados el cine occidental, ya sea de animación o de interpretación. Muchas de ellas son propias de la cultura japonesa, referencias directas a poesías, leyendas o tradiciones muy arraigadas en su cultura pero que para nosotros pueden ser complejas o imposibles de entender. Entonces, ¿Por qué consiguen tanto éxito estas películas? Si no podemos entender referencias claras y que hacen alusión a la trama o los personajes, ¿Por qué elegimos verlas y además las disfrutamos tanto? En mi opinión, las principales razones de ello son la belleza y diferente visión artística del mundo que nos aportan y su gran capacidad de crear historias que, pese a parecer comunes y triviales, poseen y transmiten los sentimientos más primitivos y exacerbados que pueden mostrar las personas. Es obvio que no todo el éxito ni todas las películas cuentan con estas ideas, pero la que sí que lo hace y de una manera magistral es Koe no katachi, “mal” traducida al inglés como A Silent Voice y de ahí al castellano como Una voz silenciosa.

Los protagonistas en una de las localizaciones recurrentes de la historia.

La película empieza con un claro protagonista, Shouya Ishida, un adolescente  perturbado por su pasado y como todo eso le afecta a su presente. Y es que, en el último curso de la escuela primaria, entró una nueva compañera a su clase, Shouko Nishimiya, con una peculiaridad que les sorprendió a todos desde el primer momento, era sorda. Esa condición física, su incapacidad de oír y hablar, sus dificultades para comunicarse y como todo eso puede verse para esos niños despiadados e ineptos en cuanto a empatía o compasión, la llevó a sufrir molestias y abusos constantes por parte de sus compañeros, en especial por parte de Ishida. Pero como en este tipo de situaciones, todos estaban inmiscuidos de una manera u otra, abusando de ella, ayudando a Ishida, callándose ante los demás, no saliendo en su defensa… Hasta que un día Nishimiya huye de esa situación trasladándose de colegio alegando haber recibido abusos, de los que la clase al completo culpa únicamente a Ishida y extiende la voz por los jóvenes de toda la zona. Tras los años, volvemos a ver a Ishida, una persona cambiada, arrepentida y destrozada, que, desde su posición, intentará enmendar sus errores con la persona a la que le destrozó la infancia. La historia está basada en el manga del mismo nombre del que podéis leer su reseña aquí.

Esta historia, situada entre las ciudades de Ogaki y Yoro, cerca de Nagoya, nos traslada a un Japón poco común en muchos animes. No vamos a visitar ni ver los grandes edificios tokiotas, no vamos a observar el bullicio, los ríos de gente o el ruido de una gran ciudad. Todo lo contrario, la película nos trasladará desde un inicio a un ambiente calmado, con sus estruendos en las disputas y los conflictos pero a la vez con la calma, la suavidad y la amabilidad que transmite su banda sonora. En alusión al problema físico sufrido por Nishimiya, este ambiente sonoro y musical durante la película va a ser clave en el desarrollo de las escenas más conmovedoras, y es que el valor añadido de poder contar con sonidos la realidad de cómo siente el mundo una adolescente sorda es algo difícil de explicar y a la vez muy entrañable de sentir como en esta producción audiovisual consiguen evocarlo y traspasárselo al espectador. Desde luego que este aspecto le da a la película una nueva y distinguida interpretación de toda la historia, del desarrollo de los personajes, de cómo distintos protagonistas afrontarán la misma situación de manera muy distinta generando esa diferencia sobre el ambiente creado por el conjunto de todos ellos, volviendo este conglomerado de sonidos más estridente o más calmado, más cálido o más frío… Incluso en algunos momentos las notas del piano logran transmitir emociones, como empatía, ternura, alegría, compasión… Consiguen hacer una sinestesia formidable, algo tan loco e inconcebible como darle forma a la voz, y es que ese es el título original de esta obra, Koe no katachi , La forma de la voz, en japonés.

Ondas sobre el agua de un estanque, referentes al sonido del momento.

Diferenciándose de otras películas de animación del estilo, esta obra no tiene un arte que se pueda distinguir mucho de la realidad. Sus acabados definidos y detallistas en los personajes, los entornos, los carteles o las mismas calles nos llevan a situaciones puras y cotidianas, sin interpretaciones artísticas de la realidad, sin florituras entorno a colores o formas, simplemente la realidad. Esa realidad familiar, cálida, acogedora y simple que nos pone tan fácil empatizar con los personajes, acercarnos a sus pensamientos y sensaciones y entender cada una de las motivaciones de los mismos.

La extrema calidad en el dibujo nos ayuda a disfrutar y a sentir la obra, en cada momento de la misma, y con escenas, ángulos e iluminaciones que te hacen sentir como si hubieras visto una bella maravilla natural por primera vez. Gracias a eso y al apartado musical antes citado, la obra no se convierte en un drama, no es una película que te hará sentir solamente tristeza y más tristeza. Pese a la dureza de su trama, las escenas, los actos y el cómo están representados en la película no pararan de evocarte distintos sentimientos, incluso contradiciéndote a ti mismo durante el recorrido de la historia.

Apreciad el detalle y la iluminación de la animación.

Pese a su larga duración para ser una película de animación japonesa, alrededor de dos horas, Koe no katachi es una película tierna, para disfrutar a través de los escenarios y las emociones. Una de esas obras magistrales que gustaran a seguidores y no tan seguidores del anime casi por igual. Los guiños a la cultura japonesa son superfluos, como las últimas pinceladas sobre un gran cuadro, y que nos darán ese aliciente a los amantes de la cultura nipona, pero que no empañarán ni harán perderse nada a los no tan acostumbrados a ellos. En definitiva, una película que amarás o te encantará, y que desde luego no te dejará indiferente.

¡Nos vemos en la Zona!

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