ULNA EN SU TORRETA, de Izu Toru

 


Título original
:
Juuza no Uruna (銃座のウルナ)

Editorial: Enterbrain, Inc.
Género: Seinen
Mangaka: Izu Toru
Contenido: Juuza no Uruna #1
Publicación Japón: Octubre 2015
Publicación España: Noviembre 2017
ValoraciónUlna cogió su fusil /10

 


El viejuno suele ser receloso. Retorcido. Mohíno. Odioso. Considera que es demasiado tarde para cambiar y que, además, está legitimado por una fuerza divina que otorga la experiencia para juzgar con desprecio todo aquello que rompa la placidez de su zona de confort. El viejuno, además, suele ser idiota. Ofuscado como está por su propio inmovilismo, olvida una cantidad de pruebas irrefutables que le indican cual neón de casino de Las Vegas lo equivocado de su planteamiento. Vive en las simas de unos cómics clásicos y maravillosos que le cegaron con su deslumbrante perfección, y se niega a dejar la umbría calidez de su mazmorra para comprobar que hay vida más allá de los ochenta.

Por ejemplo: el viejuno suele recelar de todo lo que huela a manga. Lo mira con disgusto y con una mueca agria en la boca, seguro de que aquello no le va a gustar, sea lo que sea. En su recalcitrante cerrazón se olvida de hechos consumados que le quitan la razón, así que huye de batallas dialécticas que sabe que tiene perdidas. Es cierto que el viejuno suele ser terco y dado a la imbecilidad, pero eso no le convierte en alguien estúpido. Comprende que el manga no es más que otra forma localista de denominación del tebeo, solo que se niega a aceptarlo. Al enmarcarlo en un tipo de global, el cómic japonés se equipará con las historietas de otras regiones del mundo, compartiendo características como la variedad y la calidad. Como en toda producción humana, tiene obras maestras irrenunciables y mierdas que no hay quien procese. Pese a esto, el viejuno tiende a olvidar su pasado ligado de forma pétrea y decisiva a series como Dragon Ball, lo que certifica que, por mucho que se empeñe, lleva leyendo manga de una u otra forma, de manera más o menos esporádica o puntual, desde hace más de 25 años.

El viejuno solloza en silencio porque entiende que su posición es insostenible y lo que en el fondo le jode es que las nuevas generaciones no diversifiquen más sus lecturas y se centren de manera casi exclusiva en productos venidos del país del sol naciente. En público se muestra inquebrantable, pero es débil. Nunca lo reconocerá ante sus compañeros viejunos, pero si miramos en su cesta de la compra podremos encontrar el primer número de una serie maravillosa llamada…

ULNA EN SU TORRETA
de Izu Toru

¿Por qué? Porque las cosas bellas lo son con independencia de su origen o autor. El arte es arte de manera intrínseca, por sí mismo, y no importa el género, raza, religión o edad del que lo produce. Lo bueno, la calidad, es un elemento que trasciende lo banal para destacar por sí misma elevándose sobre las carencias, los cupos y los prejuicios morales del consumidor. A la larga, la inteligencia del que lee le obliga a sucumbir ante las cosas que merecen la pena. Arrepentirse y dar marcha atrás cuando estás equivocado es un acto de nobleza que dignifica al que lo realiza. Y debe hacerse. Muchas veces. Es el único camino para el verdadero enriquecimiento tebeístico.

Ulna en su torreta es un cómic bello, bueno, interesante y espectacular. Desde su portada desplegable en forma de poster a ese trazo irrenunciable que recuerda a ese monumento al noveno arte que es Nausicaä del Valle del Viento de Hayao Miyazaki, este primer tomo es un canto de sirena al que es imposible resistirse. Izu Toru plantea un reparto coral y femenino al que enfrenta a una amenaza monstruosa y sorprendente, cuya forma prefiero que sea descubierta por el lector. Aisladas en un puesto fronterizo ubicado en una isla cubierta de nieve, las mujeres del destacamento que protagonizan la historia se enfrentan al frío y al hambre mientras esperan el siguiente embate del enemigo y, para sorpresa de esta sociedad casposa y machista llena de gallitos de picha floja, insulto triste y mano rápida, se comportan como lo que son, seres humanos cuyas diferencias desaparecen ante la adversidad.

Dice Noelle Stevenson (guionista de las magníficas Leñadoras y Nimona) que la mejor manera de aprobar el Test de Bechdel es conseguir que todo tu reparto esté ocupado por mujeres. Eso te obligará a escribir desde una óptica femenina papeles asignados a roles de tradición masculina. En Ulna en su torreta, esta ley no escrita se sigue a rajatabla. Son ellas las que se ponen al frente de la situación y arriesgan su vida para defender el bastión fronterizo. Son ellas las que usan letrinas infectas y beben hasta la inconsciencia para olvidar sus penas y terrores. Son ellas las que establecen lazos propios de esa amistad y camaradería forzosa que surge cuando te juegas la vida cada día defendiendo a la persona que mantiene el tipo a tu lado. Son ellas las que insultan, escupen y ríen, trasladándonos un mensaje de igualdad que debería ser obligatorio en todas las escuelas de todos los países del mundo.

La enigmática amenaza se convierte en una razón secundaría para disfrutar de este manga cimentado en relaciones fraternales y humanas. El misterio es solo el mcguffin que nos va llevando hacia adelante mientras intimamos con las protagonistas, gente que, de seguir así la serie, pueden acabar formando parte de tu familia. Una familia condenada a vigilar y defender una atalaya en medio de ninguna parte.

El arte de Izu Toru, como ya he dicho al principio, tiene ese adorable regusto al maestro Miyazaki que convierte en algo delicioso cada una de las páginas. Un auténtico deleite visual en el que predominan los vacíos níveos y las mujeres rotundas y bellas en la realidad de cada una de sus curvas. Es un dibujo de colisión donde se enfrentan representaciones fieles de elementos cotidianos con engendros infernales difíciles de imaginar, donde la violencia extrema viene matizada por un trazo delicado que gente de mi generación asocia a esos dibujos animados en los que la sangre no era ni la opción de un mero recuerdo. Una orgía puntual y bien programada de miembros y cabezas separadas del cuerpo, pero en cuqui. Para todos aquellos que desconocíamos el talento de Toru, es un auténtico descubrimiento, de los que te dejan con la boca abierta y te convierten en fan casi instantáneo.

Más allá de lo diferente y bello de la edición y de lo evocador de su contenido, Ulna es un cómic interesante por su ideario y su planteamiento abierto a la especulación. ¿Inconveniente? El de siempre. Ese terror al vacío insondable que se abre a tus pies cada vez que comienzas una colección japonesa. La incertidumbre de no saber cuánto durará y cuántos tomos necesitarás para completarla o, en el peor de los casos, para desesperar y abandonar ante un final que no aparece en ningún horizonte cercano. Por fortuna, a veces la belleza vence al miedo, y es casi inevitable no sucumbir ante la promesa de muchas cosas buenas que se intuyen este magnífico primer número.

¡Nos vemos en la Zona!

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