TREES, vol. 1: “A su sombra”, de Warren Ellis y Jason Howard.

 


Título original:

Trees, Vol. 1: “In shadow” TPB
Sello: Image Comics
Guionista: Warren Ellis
Artista: Jason Howard
Colorista: Jason Howard
Contenido: Trees #1-8 (May. 2014 – Ene. 2015)
Publicación USA: Febrero 2015
Publicación España: Agosto 2017 (Norma Editorial)
Valoración: Tener un hijo, escribir un libro, plantar un árbol /10

 

Aburro, lo sé. Me mantengo firme en la defensa de mis filias. De hecho, me vuelvo especialmente cansino cuando mis ídolos hacen algo que me gusta. Reconozco que, mejor o peor, hay gente que siempre me acaricia en el lugar correcto. Si fuera un perro, estaría a su merced. De alguna manera, estoy en fase con ellos. Lo que emiten me llega con una claridad que no tiene nada que ver con el argumento en sí, ni siquiera con la claridad de lo narrado. Se mueven por las ondas que a mí me gustaría cabalgar, como surfistas cerebrales de ideas bestiales, redondas y pulidas. Además, siento una necesidad casi enfermiza de defenderlos, de ponerlos en el lugar que les corresponde y, sobre todo, de no dejar que muchos de sus más recientes imitadores, pálidos reflejos distorsionados de sus maestros, les bajen de su pedestal en el Olimpo por obra y gracia de una nueva legión de lectores voluntariosos pero faltos quizá de bagaje y perspectiva. Podréis llamarme clasista. Probablemente tendréis razón. Pero uno debe ser fiel a sus principios. Hay que luchar por lo que se cree. Hay que poner cosas en su sitio. Y sí, a veces también hay que ser un poco fanático, histérico e inconsecuente. Los grandes guionistas, dibujantes y narradores lo merecen todo.

Y dicho esto, al turrón.

TREES
de Warren Ellis y Jason Howard

¿Qué ocurriría si los extraterrestres llegaran a la Tierra para no hacer nada? ¿Si fueran gigantescos troncos inmóviles que no interaccionan con los humanos? ¿Cómo cambiaría nuestra percepción del mundo y del universo? ¿Qué terremotos geopolíticos sucederían a la sombra de estas construcciones alienígenas gigantescas e impávidas? ¿Y si entonces…?

Tengo que reconocer que la idea, desde el principio, me pareció genial. Era una vuelta de tuerca a un género trillado, pero sin basarse en el despendole y la locura, más bien todo lo contrario. Ellis jugaba con la muy plausible idea del alien verdadero, del ser que se desarrolla bajo parámetros totalmente desconocidos y probablemente opuestos y, por tanto, no puede medirse con respecto a niveles o escalas humanas. Hemos sido contaminados por una visión más clásica del género, un ideario menos duro que jugaba con conceptos más sencillos de entender, más accesibles para un público ávido de entretenimiento pero con pocas ganas de darles vueltas a la cabeza. La concepción humanoide del visitante del espacio exterior es sólo una faceta de un cristal de mil caras, y dada la infinita magnitud del espacio, resulta casi absurdo pensar que la vida va a desarrollarse bajo estándares euclidianos a la sombra de una estrella de neutrinos en un planeta compuesto en su mayoría por azufre y silicio.

A quien buen árbol se arrima…

Nuestra mente, limitada por lo finito de su propia comprensión, trata de reconvertirlo todo a magnitudes mesurables, entendibles y siempre filtradas por un humanismo que, al final, resulta ridículo cuando lo comparas con el tamaño de la Vía Lactea. ¿Qué pasa entonces cuando el visitante espacial, en lugar de estar inflamado por un deseo desmedido de conquista, muestra una indiferencia absoluta con respecto al género humano? ¿Cómo reacciona nuestro ego antropocentrista cuando descubre que no es la cumbre de la creación divina? ¿Qué pasa cuándo las pruebas de nuestra miserable insignificancia nos caen desde el cielo y demuestran de forma fehaciente que somos una mierda efímera? ¿Qué ocurre cuando todo lo que recibimos es el desprecio definitivo que produce la falta de aprecio?

Con estas líneas maestras Warren Ellis compone una sinfonía coral que se cuece a fuego lento, a la velocidad de una raíz que se introduce con lentitud en tu cerebro. A través de la visión de varios personajes repartidos por todo el mundo refleja los efectos de la silenciosa e inmóvil colonización, mientras va creando una atmósfera densa que nos prepara para algo cuya resolución parece inminente y fatal. Fiel a su decálogo, a sus arquetipos y a sus fobias, el guionista inglés vuelve a demostrar que es un brillante generador de ideas deslumbrantes. Todo lo que leemos es reconocible y cómodo dentro de la esfera ellisiana; de los personajes hirientes a los diálogos afilados, las páginas supuran de esa mala baba tan propia y peculiar, tan llena de desencanto, acidez y violencia. Pero, en este caso, esta ironía viene regada con una intensa melancolía casi depresiva, que se vuelve tangible en cuanto te introduces en la espiral planteada y que lleva claramente al desastre. Un “parece que no pasa nada” lleno de promesas de cataclismo.

Pues parece que el cielo está encapotado.

En la parte gráfica Jason Howard se marca un estupendo Juan Palomo encargándose de los lápices, la tinta y el color, y muestra una clara evolución que lo desmarca del arte más pijamero que había mostrado en obras como el Wolf-Man de Robert Kirkman. El artista americano se apoya en una paleta de colores somera, cercana al bitono incluso, lo que confiere aún más fuerza al trazo expresivo, mucho menos definido y limpio que en anteriores trabajos, y, aún así, mucho más potente y acertado. Trees, un tebeo más deudor de lo emocional que de la ciencia ficción pura, se beneficia de esta acertada mutación de la línea, en un cambio donde las sensaciones reflejadas cobran vital importancia en una narración que oscila entre las imágenes titánicas y estoicas de los árboles extraterrestres y los mundos pequeños, huraños y miserables de los humanos que viven bajo ellos.

Puede que no sea el inventor de la pólvora. Puede que mucho de lo que ofrece sea producto viejo revestido de pan de oro. Vale. Lo acepto. Pero Ellis es Ellis, y tiene ese halo reconocible que hace que los seguidores de sus historias caigamos rendidos ante lo que nos cuenta. Con mayor o menor acierto. Con más o menos ganas. Personal o meramente alimenticio. Siempre encuentras algo con lo que justificar la compra del siguiente volumen. Quizá seamos deudores de aquellos números de Authority y Planetary que nos ofrecieron una alternativa real cuando la intoxicación causada por basura clónica nos tenía al borde la muerte. Quizá nos ciegue el sentimiento de agradecimiento a su voluntad de destacar y hacer cosas que se despeguen un poco de la línea de lo habitual. Puede ser. Qué queréis que os diga. A mi me gustan cómo escribe, su barba y la mala hostia que se huele en cada uno de sus tebeos.

¡Nos vemos en la Zona!

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2 Respuestas

  1. Juan miguel dice:

    Uff excelente reseña, ellis a rato me parece repetitivo, pero buscare esta obra a ver qué tal.

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