TRAVESÍA, de Aude Picault

 

 

Título original:
Transat TPB
Sello: Éditions Delcourt
Artista: Aude Picault
Publicación Francia: Mayo 2009
Publicación España: Marzo 2010 (Sins Entido)
Valoración: Como olas en el mar…

 


Necesito paz. Más de la que creía. Necesito desaparecer mentalmente de todo lo que me rodea aunque solo sea un instante. Y al final siempre acabo recurriendo a la misma salida, a la incandescente solución, al escape seguro, al plan A: la lectura. No voy a aburriros con la situación actual que estamos viviendo ni voy a ponerme a llorar por mi encierro. No. Mis batallas internas me las quedo para mí y hoy me he levantado con ganas. Necesitamos vivir el día a día, hacer los planes justos y crear proyectos que cimenten la ilusión. Necesitamos, como yo, paz.

Aude se acerca a la treintena y siente que ha perdido las riendas, que se ahoga en la rutina. Que su vida en París es más una repetición monótona que lo que había soñado. Quiere huir de lo establecido y, cuando se le presenta la oportunidad de navegar en un velero por el Atlántico, lo verá como la oportunidad de descubrirse a sí misma y de, quizá, abrir esa puerta que siempre ha tenido delante, cerrada con llave por el miedo, para, por fin, seguir su camino. Que el mar nos abra los ojos en…

TRAVESÍA
de Aude Picault

“Lo de los deseos es complicado.
Hay que saber distinguir los importantes.
Los que no son propios, de los que nos inventamos
y no son sino fantasías que no nos corresponden en realidad”

La autora francesa huye del dolor, de la tristeza de darte cuenta de que tu pieza no encaja en el puzle, de que todos los demás van a lo suyo y que, como individuo de un todo, vas perdiendo esa identidad que antes te daba las fuerzas necesarias para salir a la calle. En vez de eso, Aude Picault usa el humor como arma, lo hace disparar en cada página. Normaliza el trance de la experiencia y le da poder a lo cotidiano, al día a día que todos acabamos viviendo al fin y al cabo. Nos deleita con una montaña rusa directa al corazón pero sin ñoñerías ni lagrimones de sobremesa. Quizá la vida como es y no como a veces creemos que es.

Nuestra protagonista aprenderá a través de todas las personas que se irán cruzando en su camino, de sus vivencias, encontrando, en todas ellas, su lugar en el mundo, en ella misma mientras experimenta todo lo que quiso ser y lo que nunca deseó proyectando todo eso hacia la ansiada meta. Compartirá experiencias, mensajes, una esclarecedora convivencia de idas y venidas entre conocidos desconocidos. Muy enriquecedora, hasta familiar. Mientras, el mar que la acompaña, sigue meciendo su barco y manteniendo a flote las necesarias pausas para coger aire, alimentarse de toda la fuerza posible y continuar un viaje que, si bien es tan vital como la vida misma, no deja de ser un capítulo dentro un libro inmenso.

Rutina, rutina, rutina…

Un recorrido con principio y fin y, como dejo entrever más arriba, con un mensaje esperanzador que, tras la última página, deja claro que esto es sólo una pequeña parte de la historia. Que Aude experimenta un punto y aparte en su vida, una batalla más y la experiencia de la misma da pie a otro párrafo mientras el mar sigue ahí, impávido, sin cesar como un irremediable escenario dónde la experiencia se hace cambio. Ya lo dijo Antonio Machado “caminante, no hay camino, se hace camino al andar” y la autora sabe equilibrar la importancia de cada logro, del propio viaje sin llegar al drama. Sin exprimir nuestro lado humano llevándonos al límite, al espectáculo de lo dramático.

La simpleza del trazo como ejercicio plástico de Picault contrasta con su ordenado caos. La mayor expresión hacia el lector como elemento narrador que me recuerda mucho a Sara Soler. Decir mucho con muy poco y que se aleja del preciosismo europeo al que solemos estar acostumbrados o de paisajes de museo que bien habríamos esperado en una obra así. Una elegante despreocupación, ondulante, como un puñado de olas que balancean la vida de un barco. Una libertad que atrapa la propia inexistencia de las viñetas. Quizá el sol, o la lluvia, o una maraña de edificios son los encargados de encerrar el arte y aún así dejarlo libre.

La tranquilidad del mar.

Travesía es un recorrido vital repleto de descubrimientos personales donde cada paso está empapado de la cotidianeidad más llevadera. Algo tan personal e intransferible de las entrañas de la propia autora al que fácilmente podemos sentir una atracción en momentos de necesidad y quizá ¿no es eso lo maravilloso de la vida? ¿Qué puede ser todo o nada al mismo tiempo? Yo necesitaba un poco de paz y gracias al recorrido de Aude lo he conseguido.
PD: Sé que no es Green Lantern y ni siquiera salen criaturas primigenias pero esto va por ti, Diego.

¡Nos vemos en la Zona!

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