TRANSMETROPOLITAN, Vol. 9: “La Cura”, de Warren Ellis y Darick Robertson


Título original:
Transmetropolitan: The Cure TPB
Sello: Vertigo (DC Comics)
Guionista: Warren Ellis
Artistas: Darick Robertson
Entintador: Rodney Ramos
Colorista: Nathan Eyring

Contenido: Transmetropolitan #49-54
(Oct. 2001 – May. 2002)

Publicación USA: Abr. 2011 (Reedición)
Public. España: May. 2016 (ECC Ediciones)
Valoración: 9/10

 

 En la recta final de la serie ha llegado el momento de poner toda la carne en el asador. El tiempo juega en contra de Spider pero, ahora que tiene la verdad más cerca que nunca, nada va a detenerlo, ni siquiera algo tan sagrado como la ética periodística. Atentos a todo lo que os espera en…

TRANSMETROPOLITAN, Vol. 9
de Warren Ellis y Darick Robertson

Ya he dejado claro varias veces que esta serie me ha ganado por completo y que disfruto enormemente con su lectura, que como sabéis es la primera. Pero permitidme que insista una vez más, a riesgo de ponerme pesado, pues creo que todos los que ya la habéis leído estaréis de acuerdo, y los que no lo estaréis cuando por fin lo hagáis, que estamos ante un clásico moderno. En este penúltimo tomo volveremos a encontrar todos los elementos que hacen grande esta serie: desde las ideas futuristas hasta el desarrollo de personajes, pasando por las reflexiones que deja fluir el guionista y las magníficas composiciones de página del dibujante.

Otra constante es la estructura de la serie, tres números con historias auto conclusivas y una mini saga de tres números, que lejos de resultar monótona sabe mantener una coherencia interna, dosificando la información y poniendo atención en otros puntos igual de importantes que la trama principal. Y todo esto gracias, de nuevo, al buen hacer de Warren Ellis y Darick Robertson (con Rodney Ramos) que lejos de dar síntomas de cansancio saben mantener el nivel más que notable que ha acompañado a la serie desde el primer número. Y, antes de entrar en materia, destacar las portadas de un clásico como Moebius y de un siempre disfrutable Glenn Fabry.

Mira, uno al que no le gusta la serie. ¡Fuego!

Después de descubrir que tiene una enfermedad terminal Spider decide ir a por todas en su cruzada personal contra el Presidente Callahan. Si bien el último movimiento del Sonrisas lo dejó casi sin posibilidades, Jerusalem sabe que la verdad está ahí fuera, así que, lejos de rendirse, decide poner todo su empeño (y alguna que otra táctica discutible y sorprendente) para sacarla a la luz. La personalidad de Spider siempre se ha movido entre provocativa y desternillante y, justo cuando parece que ya lo conoces, te sorprende con otra locura que te deja con la boca abierta. Pero lo mejor es que ha ido evolucionando para mostrar ahora una faceta más salvaje y violenta a la vez que en otros momentos lo veremos más sensible de lo que podríamos creer. Lo que no va a cambiar es su ansia por descubrir la verdad ni sus jocosos comentarios.

Aunque podría seguir destacando las virtudes de la serie mediante una explicación más global me gustaría hacerlo destacando principalmente un número en concreto y, sobre todo, un par de páginas sueltas.

En el número #51, uno de los autoconclusivos, el protagonismo recae en Mitchell Royce, editor de La Palabra, un personaje hasta ahora secundario y sin apenas peso en el desarrollo de la historia. Con una estructura narrativa que es puro trhiller, veremos cómo Royce inicia una investigación por su cuenta que acaba siendo un recorrido por buena parte de la trama de la serie, demostrando que Ellis lo tenía todo bien atado desde el principio. De nuevo una historia aparentemente sencilla resulta ser una pequeña joya por sí sola, con el añadido de que resultará fundamental para el devenir de la serie. Y por si fuera poco contiene una imagen de Spider para el recuerdo.

Mitchell Royce, un editor a dos manos.

Aún más perfecto acaba siendo el ejercicio de síntesis que nos regala el guionista en tan solo dos páginas. En ellas vemos a un chaval llegando a su instituto y que, después de pasar por un scanner que lee los pensamientos, ve como se lo llevan detenido por estar pensando en armas. Mediante un concepto futurista (de los muchos que ha ido presentando durante la serie) como es un scanner que detecta pensamientos, el guionista pone el foco en un problema de tremenda actualidad como es el uso de las armas en EEUU. Está claro que para Ellis la solución no es reforzar las medidas de seguridad, como los arcos metálicos que existen en la realidad, que al final lo único que hacen es recortar las libertades. Se empieza por un arco metálico y se acaba prohibiendo pensar, ¿es este el futuro al que vamos? Una reflexión que vienen ni que pintada estos días que la Civil War está en boca de todos. Por desgracia, tanto este debate como muchos otros que han ido apareciendo en la serie, sigue estando de máxima actualidad casi quince años después de su publicación original.

En este tomo hay más, mucho más, que vale la pena que descubráis por vosotros mismos, pues por algo estamos hablando de un cómic cuyo único defecto  es que acabe en dos meses. Pero eso, amigos, es otra historia.

¡Nos vemos en la Zona!

CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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