TOY STORY. Y la animación cambió

Título original:
Toy Story
Año: 1995
Director: John Lasseter
Guión: Joss Whedon, Andrew Stanton, Joel Cohen, Alec Sokolow.
Fotografía: Animation

Reparto: Tom Hanks, Tim Allen, Don Rickles, Jim Varney, Wallace Shawn, John Ratzenberger, Annie Potts, John Morris, Erik Von Detten, Laurie Metcalf, R. Lee Ermey, Sarah Freeman.
Valoración: Da best/10

Sinopsis: Los juguetes de Andy, un niño de 6 años, temen que haya llegado su hora y que un nuevo regalo de cumpleaños les sustituya en el corazón de su dueño. Woody, un vaquero que ha sido hasta ahora el juguete favorito de Andy, trata de tranquilizarlos hasta que aparece Buzz Lightyear, un héroe espacial dotado de todo tipo de avances tecnológicos. Woody es relegado a un segundo plano. Su constante rivalidad se transformará en una gran amistad cuando ambos se pierden en la ciudad sin saber cómo volver a casa.

En 1995 Disney estrenó Pocahontas. Después de tres Obras Maestras consecutivas, las expectativas eran altísimas. Se notaba que habían invertido mucho dinero en ella. Parecía escrito que estábamos ante un nuevo clásico imperecedero. Ese mismo año, un estudio humilde, perteneciente  a la todopoderosa Casa del Ratón, estrenó este film. La épica historia basada en hechos reales de una princesa india, contra las aventuras de unos simples juguetes. Y mientras que en la primera acababan reinando los infantilismos y la cobardía ante la posibilidad de ir un paso más allá, en la segunda nos encontramos muchísima ambición, no por querer forrarse o conseguir importancia, sino por desear romper con todo lo establecido. Por eso la historia de Woody y Buzz resulta tan especial: Lasseter no quería hacer una gran película de animación acorde a los moldes occidentales de esa época, porque, por muy genial que fuese, sería otra más, una joya más que añadir a la lista. Él quería hacer una gran película. A secas. Y lo cierto es que se nota el esfuerzo por innovar.

Pasaré por alto el hecho de que este hecha íntegramente por ordenador, pues las virtudes técnicas en lo que a CGI se refiere acaban quedándose anticuadas. Los aspectos verdaderamente revolucionarios son otros. Para empezar, la base de la historia es sumamente reveladora acerca de lo que Pixar pretende con sus películas, al menos con las primeras: su objetivo no es cargar de madurez relatos infantiles para que los adultos también disfruten, sino que Lasseter mira directamente al sufrido padre que acompaña a su hijo al cine, o al adolescente que está convencido de que ya es un adulto, y les pregunta: “¿Os acordáis de como veíais el mundo cuando erais niños? Volvamos a aquella época“. Por eso ni se nos ocurre preguntarnos como demonios pueden estar vivos los juguetes: al empezar la película y ver a Andy jugar con ellos, se nos olvida todo y nos creemos a pies juntillas que cuando salimos de la habitación los muñecos y peluches cobran vida, porque es algo que todos, en algún momento, hemos pensado. Viendo esta cinta, se vuelve a la infancia. Si eso no es “la magia del cine” no sé qué coño será.

Pero la peli no se contenta con ser un precioso homenaje a la niñez, sino que también es una brillante comedia, gracias, en parte, a la inteligencia con la que se define la personalidad de cada juguete dependiendo de su función. Para entender mejor esto que digo no hay más que ver a estos personajes.

¿Cómo será la vida de lo juguetes de feria que se consiguen cogiéndolos con un gancho? La respuesta que le dieron a esta pregunta es sublime: una especie de secta, convencida de que su deidad, “el gaaaaanchooooes el dueño de su destino. Para quitarse el sombrero. La mejor muestra de como clavaron el trasfondo de los personajes.

Por supuesto, todos los juguetes son tremendamente carismáticos, pero los verdaderamente grandes son, cómo no, Woody y Buzz Lightyear. A cuál mejor (bueno, mi favorito es el vaquero). Woody, con el que empatizamos al instante por su humanidad. Con muchos defectos, lo que le da una profundidad inaudita. Imposible no sufrir con él al ser sustituido, sintiéndonos además culpables porque todos, en cuanto teníamos un juguete nuevo, nos olvidábamos del resto. Y Buzz, el inocente y valiente Buzz, convencido de que es realmente un guardián espacial, situación que provoca momentos verdaderamente geniales y divertidos.

Magistral el viaje emocional de ambos. Al principio, Woody es el realista y pesimista, mientras que Buzz es lo radicalmente opuesto. Pero poco a poco, mientras, gracias al malvado Sid (una brillante parodia exagerada de muchos niños), su enemistad se convierte en amistad, y se van intercambiando los papeles hasta llegar a la preciosa y breve escena que supone el broche de oro al emocionantísimo clímax: nuestro dúo, tras liberarse del cohete, está cayendo en picado. Cuando Buzz consigue planear, es Woody el que está convencido de que vuela, mientras que Lightyear dice que solo es caer con estilo. Y por supuesto, es Woody el que grita, totalmente convencido, “¡¡HASTA EL INFINITO… Y MÁS ALLÁ!!”. En serio, ¿Se puede reflejar de mejor manera lo que han aprendido los dos, lo mucho que se necesitan, y lo bien que se complementan? Yo creo que no.

Podría pasarme horas señalando los momentos más divertidos o los mejores diálogos. Pero no acabaría nunca, pues el guion es de una exquisitez que lo colocan entre los mejores que he visto nunca. Tampoco se me ocurren más apartados que destacar, pues la banda sonora, por ejemplo, queda en un segundo plano, siendo “hay un amigo en mí” lo único realmente mítico. Así que solo diré que esta colosal cinta me parece, incluso hoy, la mejor de Pixar. Obra Maestra absoluta. En breve seguiremos comentando la carrera de la productora. ¿Apetece?

¡Nos vemos en la Zona!

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1 respuesta

  1. 21 Mayo, 2014

    […] años después de la brillante ‘Toy Story’ (cuya reseña podéis encontrar aquí), lo chicos de Pixar retomaron a nuestros queridos juguetes para seguir explorando su historia en […]

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