TOMB RAIDER. Las aventuras de Lara Croft.

Título original:
Tomb Raider
Año: 2018
Director: Roar Uthaug
Guión: Geneva Robertson-Dworet, Alastair Siddons (Personaje: Toby Gard)
Fotografía: George Richmond

Reparto: Alicia Vikander, Daniel Wu, Dominic West, Walton Goggins, Kristin Scott Thomas, Alexandre Willaume, Adrian Collins, Hannah John-Kamen, Nick Frost.

Valoración: : Le Reboot /10

Sinopsis: Lara Croft, la independiente hija de un excéntrico aventurero que desapareció cuando ella era apenas una adolescente se niega a tomar las riendas del imperio empresarial de su padre, con la misma firmeza que se niega a reconocer que él se ha ido para siempre. Un día Lara decide dejar atrás todo e ir en busca del último paradero conocido de su padre: una legendaria tumba en una isla mítica que podría estar en algún lugar de la costa de Japón… .

“Rehacer” Tomb Raider es un movimiento no exento de riesgo. Para muchos, la archiconocida versión de Lara Croft que Angelina Jolie protagonizó en 2001 es el culmen de la categoría “cine de videojuegos”, el mejor exponente de lo que una adaptación del décimo al séptimo arte puede llegar a ser. Lo cual no es decir mucho, porque más allá del chute nostálgico early-twenties, las dos cintas tienen poco que ofrecer. Eran, más que otra cosa, productos de su tiempo, videoclips hipervitaminados sin filtro alguno, ahora irrisorios, pero rodados con muy buen pulso.

¿He oído pulso?

La Tomb Raider que llega a las pantallas en 2018 responde a los cambios sufridos en la última década tanto en los videojuegos como en el cine de entretenimiento. La principal influencia es clara: el reboot en consolas de 2013, con el que comparte ambientación y varios puntos argumentales. Una Lara moderna para un público cansado del histrionismo, casi paródico, en el que había caído la saga de videojuegos, y cuya usabilidad como icono sexual levantaba más cejas que otra cosa.

Mientras, en el mundo del cine, las pocas adaptaciones que se atrevían a llegar también tenían que cambiar el chip si querían hacerse un hueco en el cada vez más cambiante mercado. En el año 2016, dos nuevas promesas pretendieron ganarse su público con propuestas de gran presupuesto y que se tomaban en serio a sí mismas. Ni Warcraft ni Assasin’s Creed cuajaron, pero señalaban la puerta con la esperanza de que, algún día, alguien lograría cruzarla.

¿Donde está la puerta esa?

La Lara Croft de Alicia Vikander podría ser la primera heroína de los videojuegos en hacerlo. Interpreta la primera película con nombre de videojuego en mucho tiempo que no es un completo desastre, lo cual es buena señal para el futuro. Aquí hay material suficientemente sólido como para asentar una pequeña franquicia y ganarse la confianza de público, para ir sacando los Uncharted, Call of Duty, Metal Gear Solid o Sonic que llevan años en un cajón esperando ser abierto. Pero tampoco es como para echar cohetes. Tomb Raider es una película bastante correcta, que aprueba en todos sus apartados: personaje, acción, historia, guiños, pero se queda muy corta en sorpresas.

En una introducción bastante extensa, se nos presenta a una Lara firme, decidida, divertida y carismática, rasgos que se diluyen conforme naufraga en la isla. No es que pierda su personalidad, es que directamente la trama va cercando el espacio justo para dejar las motivaciones básicas para mover la acción, limitándose a los giros emocionales previsibles y las escenas de acción de rigor. Ni siquiera deja espacio para el humor sugerido en el primer acto, que se hunde con el barco, o los secundarios, con un Daniel Wu bastante desaprovechado, a pesar de la buena química que tiene con Vikander en el primer acto.

Modo cooperativo on.

Segados casi todos los matices de caracterización, lo que queda es una serie de escenas de acción generalmente bien resueltas, con algunos momentos destacables y que representa con fidelidad casi todos los elementos del videojuego: supervivencia contra las fuerzas de la naturaleza, peleas salvajes, puzles y hasta zonas plataformeras. No faltan sus toques de misticismo en forma de una antigua maldición japonesa, supuesto motor de la historia, aunque la película se esfuerza tan poco en convencernos de ello como en convencernos de la motivación de su soso villano.

Sin prestar demasiada atención a la mitología, el interés se centra, sobre todo, en la evolución de Lara, pero también en esto flaquea, al no poder elevarse sobre una trama que no atrapa. A su favor, por tanto, tiene sus escenas de acción, destacando la set-piece más promocionada en los tráilers, con Lara cayendo por un río, la escena más reminiscente del reboot del videojuego. Y, por supuesto, a Alicia Vikander, que saca músculo en una proeza física increíble, y resulta convincente en sus momentos más exigentes. Y, lo más importante, plenamente capaz de llevar sobre los hombros un gran producto palomitero cuya mayor baza es, precisamente, el amor y respeto del público por la protagonista.

Y si no me tenéis respeto…

Tomb Raider es una adaptación muy fidedigna a los recientes videojuegos en los que se basa. Pero, privada de la emoción y el riesgo que supone jugar, la película no es capaz de compensar con las fortalezas de su medio. Se apuntan matices en la historia y el personaje de Lara que se olvidan en una trama rutinaria y con secundarios simplones. Se queda en un entretenimiento fácil de digerir, con buenas escenas de acción y levantada por una Alicia Vikander imponente. Hay un amplio margen de mejora, pero por su solvencia y su falta de pretensiones merece la oportunidad de continuidad.

¡Nos vemos en la Zona!

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