THE MARVELOUS MRS. MAISEL. Stand up and fight.

Si ya es difícil seguir las recomendaciones de los compañeros de una web, cuando participas en más de una, la tarea es una auténtica locura. Pero es de ley hacerlo, aunque hayan pasado meses, porque si no haces caso a gente con criterio te pierdes cosas tan maravillosas como la señora Maisel.

Animada por las reseñas recomendando rutinas de stand up que nos viene ofreciendo últimamente mi compi Javi J (si no habéis visto la de Adam Sandler, corred que os lo estáis perdiendo), me he hecho adicta a los monólogos de humoristas extranjeros de Netflix. Bajo mis propias elecciones o empujada por los “porque has visto…”, saltando de un humorista a otro, llegué a Bumping Mics, el descacharrante show de Jeff Ross y Dave Atell, en el que al más puro estilo Roast Battle, del que Ross es más que experto, se dan cera mutuamente y chocan los micros tras cada zasca. Y no sólo entre ellos, en cada show, familiares y amigos son invitados y, por supuesto, expuestos a sus lenguas desatadas.

Bumping mics, literalmente hablando.

Es de lógica que los cómicos cuenten con otros cómicos entre sus amistades, los inviten a sus espectáculos y aprovechen su talento para que animen aún más el cotarro. Ross y Attell, además, abusan de su confianza para decirles de todo y se defiendan, si pueden. En uno de los tres shows de cierre de gira que nos ofrece nuestra plataforma de streaming favorita, invitan a subir a Rachel Brosnahan y… Un momento, ¿esta tía de qué me suena? Me pierdo dos gags pensando y, de pronto, cuando la despiden entre humillaciones, dicen las palabras mágicas: “No dejen de ver La Maravillosa Sra. Maisel”. Claro, de eso me sonaba. Hacía más o menos un mes que mi compi Jorge, la había recomendado. Incluso me había insistido personalmente para que la viera.

No soy una persona que se guíe por las señales de la vida, pero en ese momento vi claro qué era lo siguiente que tenía que hacer, así que lo siguiente que hice fue ponerme a ver devorar The Marvelous Mrs. Maisel. Y la verdad es que no le podían haber puesto mejor título porque todo en esta serie es maravilloso.

What a wonderful world.

Todo discurre en la Nueva York de finales de los ’50. Miriam Maisel es la perfecta madre y esposa, siempre impecablemente arreglada y dispuesta a servir a su marido, Joel, un aficionado a los monólogos que consigue los mejores horarios en un local llamado Gaslight Café gracias a las dotes culinarias de su mujer. La acomodada vida de la señora Maisel da un giro inesperado la noche en que su marido la abandona por su secretaria y ella, arropada por su ira (y por el arrojo que otorgan unas copas de más) descubre un talento desconocido para la comedia. Midge cambiará entonces su idílica existencia en el Upper West Side para trabajar de día y hacer monólogos de noche, ayudada por Susie Myerson, empleada del Gaslight de noche, manager de Mrs. Maisel de día.

La premisa perpetrada por las mismas mentes que Las Chicas Gilmore es maravillosa. Ellas son maravillosas, y aunque sólo sea Miriam la que se sube al escenario, juntas forman el mejor dúo cómico de los últimos tiempos y el flow que desprenden en escena demuestra que todos los premios que han recolectado ambas están más que justificados. El resto de personajes secundarios también son maravillosos. Los padres de él, un cuadro, y los de ella, un espectáculo en sí mismo.  Al tener que volver a albergar a su hija en su casa, es fácil entender que los segundos tengan un mayor desarrollo que los primeros y nos dejen, junto a los niños, algunos de los mejores y más excéntricos momentos cómicos de la serie.

No hay nada como la familia unida.

Las actuaciones, tanto de Mrs. Maisel como las de otros humoristas reales actuando como cómicos ficticios que trabajan en los garitos, son maravillosas. En el primer capítulo podemos ver a Gilbert Gottfried, el cómico con uno de los humores más bárbaros del mundo (buena cuenta de ello da en Bumping Mics), aquí más comedido por exigencias del guión, pero igualmente gracioso, así como otros colegas de profesión que interactuarán de una u otra manera con nuestras novatas protagonistas, ayudándolas a avanzar en su proceso creativo.

El vestuario es de lo más maravilloso del mundo. Esos vestidos de talle alto y enaguas de varias capas en los que notas como la textura y el frufrú de las telas atraviesan la pantalla (gracias, emisión en full HD de Amazon). Así como los escenarios, iluminación y elementos de atrezzo, que acompañan y crean la atmósfera necesaria para cada momento, aportando el empaque que se precisa para transportarnos a los locales y hogares de la época.

…¡y se cae el del medio!

Y lo más maravilloso de todo podría ser que hayan usado la tipografía de La Pantera Rosa para los títulos de crédito, pero no, es ver cómo una mujer, a pesar de haber sido criada para servir de florero y engendrar una prole, es capaz de abrir los ojos y demostrar al mundo que cualquiera que se lo trabaje puede ser una persona fuerte y poderosa mientras sea dueña de su vida, de sus actos y de su ingenio.

¡Nos vemos en la Isla!

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Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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