THE CLOVERFIELD PARADOX. Jugando al despiste

Título original:
The Cloverfield Paradox
Año: 2018
Director: Julius Onah
Guión: Oren Uziel
Fotografía: Dan Mindel

Reparto: Gugu Mbatha-Raw, David Oyelowo, Daniel Brühl, Elizabeth Debicki, Zhang Ziyi, Chris O’Dowd, John Ortiz, Aksel Hennie, Roger Davies, Donal Logue.

Valoración: Emo sido engañado /10

Sinopsis: Con la Tierra en guerra y en mitad de una crisis energética, un equipo de astronautas se encuentra en el espacio tratando de dar con una solución a los problemas del planeta. Pero durante una maniobra fallida, quedan flotando sin saber muy bien qué o cómo volver a su lugar de origen, y las cosas dentro de la nave ocultan una realidad mucho más terrorífica.

Tras salir escopetados de una fiesta en pleno Manhattan y perseguidos por un monstruo gigante en Cloverfield (Monstruoso, 2008) y de no saber si nos habían salvado de un ataque químico global o nos había secuestrado un inexpugnable John Goodman en 10 Cloverfield Lane, le toca el turno al juego de paradojas espacio temporales de The Cloverfield Paradox.

La cara que se te queda cuando te dicen que no estrenas en sala.

Como cada año, la final de la Superbowl esconde mucho más que señores enfundados en mallas y corazas recorriendo yardas y marcando touchdowns. Efectivamente, esto es todo lo que se de fútbol americano y tenía que dejar constancia de ello. Los organizadores de tan magno evento son conscientes de que en el mundo hay más gente como yo, ninis del fútbol americano (ni lo entiende ni le interesa), que no estaríamos pendientes de esta final ni estando atados al asiento. Así que, ellos, dioses del marketing, logran que absolutamente todo el mundo esté pendiente del encuentro por una sola razón: los anuncios. Anuncios inéditos, anuncios rodados en exclusiva para ser emitidos ese día, anuncios relacionados con el deporte, pero, sobre todo, anuncios de próximos estrenos.

De este modo, en una de las pausas de la pasada final de la Superbowl, apareció el tráiler de The Cloverfield Paradox, la película que supone el cierre de la trilogía del terror de la última década, que culminaba diciendo que se estrenaría en exclusiva en Netflix después del partido. Así, sin anestesia local, ni cartel promocional, ni nada. Y así, a pelo, me dispuse a verla, esperando ver el cierre de la trilogía y comprobar que el nexo que une a las tres no es sólo la palabra Cloverfield.

Hola, me llamo McGuffin, ¿quieres ser mi amigo?

Pues no, pero casi… En esta ocasión nos encontramos con un mundo sumido en la mayor crisis energética de la historia. Para combatirla se ha construido una Estación Espacial con un acelerador de partículas. Si consiguen ponerlo en marcha conseguirán energía gratuita con un suminstro mil veces más potente y para siempre. El problema es que cada vez que lo intentan el tejido del espacio-tiempo se resiente pudiendo dejar la puerta abierta a seres de otras dimensiones.

La idea estaba ahí pero el desarrollo no funciona. Le falta empaque y le sobran ansias del director por meter, a diestro y siniestro, referencias de sus películas favoritas: desde El Mago de Oz a Star Wars, pasando por Evil Dead… sin olvidar un cutre-homenaje a la famosa despedida dramática en la escotilla inundada de Perdidos.

¡¡No es el barco de Penny!!

No me las quiero dar de lista, pero había claros indicios de que no había que recibir este anuncio con altas dosis de hype: la primera, que se anunciase con tanto bombo que produce J.J. Abrams, como si eso garantizase algo más que una estampida masiva por parte de la Asociación de Víctimas de las Perpetraciones de Mr. Abrams. La segunda, y aun a riesgo de que me tilden de clasista cinematográfica como a Nolan, que el estreno fuese directamente en Netflix, y no en salas, y, sobre todo, sin campaña publicitaria.

Y no me equivocaba. Toda la esperanza que nos insufló Cloverfield aunando subgéneros de terror como catástrofes naturales, kaijus y el found footage, y todo el terror psicológico que nos provocaron con el thriller a varios niveles de 10 Cloverfield Lane (obviando el estrambótico final) se pierden en el intento de terror cósmico de The Cloverfield Paradox.

Para horror cósmico el gorrito que va debajo de la escafandra.

Y eso que el elenco es de categoría y las interpretaciones de los personajes son totalmente creíbles, pero, en vez de darle una vuelta de tuerca a un nuevo subgénero del terror, que era lo que tocaba, se han perdido entre teorías físicas que no se sostienen por ningún lado (y para esto ya teníamos Interestellar, que es mucho más bonita) y aperturas dimensionales desaprovechadas en la búsqueda de la trama sensiblera, que estorba en la narración de la aventura espacial pero que, lamentablemente, era necesaria pues es lo único que conecta la tierra con el espacio. Ah sí, y con el final de la primera peli. Pero a estas alturas ya estaréis tan cansados de ver pegotes inconexos que lo del cierre de la trilogía os dará exactamente igual.

Y a sus creadores también. En realidad, no interesaba el estreno en cines porque solo se llegaría a un público determinado. No interesaba anunciarlo con tiempo para que pudiéramos especular sobre si iba a estar a la altura o no. No interesaba que la saga Cloverfield se convirtiese en centro de tertulias y corrillos frikis, no. En estos tiempos en los que la inmediatez y demostrar que has sido el primero en saber de algo, ¿qué sería mejor que millones de personas a la vez tuvieran la palabra Cloverfield en la boca? Que la pusieran de vuelta y media en sus redes, blogs y páginas web. De cero a cien.

Sugerencias de Netflix: Porque has visto Ash vs. Evil Dead.

¿Y todo para qué? Para hacer de la propia película el mejor anuncio de la historia. Antes de que The Cloverfield Paradox cumpla su primer mes de vida, mientras todos los medios, grandes y pequeños, aún estamos haciendo leña de ella y en un último giro sorprendente de los acontecimientos, nos encontramos con que la saga continuará con Cloverfield 4: Overload, que ya está rodada, que se sí se estrenará en cines y que tendrá nazis y monstruos. ¿Os sorprende? Viva el marketing a gran escala.

Una película que pasaría sin pena ni gloria de no ser por la perfecta jugada de estrategia cinematográfica a la que hemos sido sometidos. Algo que podría haber sido la clausura de una saga que parecía dar lecciones de lenguaje y narrativa cinematográfica pero que ha acabado siendo un curso acelerado de publicidad y finanzas.

¡Nos vemos en la Zona!

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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