TEKKON KINKREET: ALL IN ONE, de Taiyō Matsumoto.

 

 

Título original:
Tekkonkinkreet (鉄コン筋クリート)

Editorial: Shogakukan
Género: Seinen
Mangaka: Taiyō Matsumoto
Contenido: Tekkonkinkreet #1-3
Publicación Japón: Septiembre 2007
Publicación España: Julio 2017 (ECC Ediciones)
Valoración: Je suis bizarre /10

 

A veces, cuando alguien te conoce con algo más de profundidad, cuando alguien araña esa superficie de convencionalismos con la que te proteges de la rutina del día a día y escarba para revelar algunos de tus gustos verdaderos más allá de los meramente alimenticios, lo primero que le viene a la mente es un cliché convertido casi en condena que reza: “tú no eres normal“.

¿Normal? ¿En serio? ¿Y qué es normal? Te lo dicen como si fuera posible alcanzar algún tipo de estado parecido a lo que muchos imaginan como aceptable. Como si hubiera un rasero más o menos asimilado para definir una forma estándar que se ajuste a unas normas dadas de antemano.Como si fuera otro de esos conceptos que utilizamos a diario pero que no llegamos a entender plenamente. ¿No soy normal? ¿Lo eres tú? ¿Existe acaso un patrón forjado en una aleación inalterable de platino e iridio para medir nuestra normalidad? Y, de existir, ¿tiene forma fálica, esférica o cuneiforme?

Desde luego, lo que tengo claro es que, sea como sea, seguro que no se parece nada en absoluto a este…

TEKKON KINKREET: ALL IN ONE
de Taiyo Matsumoto

Como la normalidad, las razones objetivas para la compra son como un cuento de hadas bañado en sirope de fresa rodeado de unicornios alados y melena multicolor. Cuando adquieres un cómic, la serie de factores que te conducen a sacar la tarjeta o los billetes y pagar por él oscilan entre la forma de la edición, el contenido, la calidad del papel, el tamaño, el grosor, el olor, el color, la tipografía o la necesidad instintiva de chafarte algo de pasta para resarcirte de algún disgusto. Es como comer helado de chocolate cuando estás deprimido pero eligiendo entre rústica o cartoné.

Siempre he reconocido que no soy un gran entendido en manga. Lo que leo lo hago impulsado por un criterio bastante aleatorio que suele basarse en una le sencilla máxima: colecciones cortas, por favor. Siempre existen excepciones, pero cuando veo tomos unitarios de autores japones que encajan más o menos con la temática que me gusta, les echo una ojeada y si el dibujo me entra por los ojos, caen raudos en la cesta de mi compra. A veces, este momento de aleatoriedad te descubre autores de los que quedas prendados, gente con una capacidad extraordinaria para saltarse los límites y llevarte de la mano a ese precipicio de lo raro desde el que siempre quieres despeñarte.

El amor duele.

Tekkon Kinkreet es la historia de dos niños y una ciudad; una odisea llena de violencia, mafiosos, fraternidad y locura. Una enorme construcción basada en personajes que permanecen tan ajenos a la horrible realidad que les rodea que parecen idiotas. Es también un canto al alma gemela, al ser que te complementa y te equilibra, a esa persona que aporta el contrapeso sin el cual te desmoronarías como un castillo de arena emocional embestido por un enorme ciclón depresivo.

Taiyo Matsumoto, un autor al que me obligo a seguir con fidelidad a partir de ya mismo, logra confundirte desde las primeras páginas con un estilo personal e identificable, muy alejado de ese trazo clónico que me inunda de indiferencia al echar un vistazo a muchas de las novedades niponas que inundan nuestro mercado. Capaz de imprimir un dinamismo casi extraterrestre a sus dibujos, Matsumoto lo impregna todo de un perfume onírico que acepta sin resentirse violencia, horror y ternura. Más preocupado de lo emocional que de lo argumental, en Tekkon Kinkreet acabas formando parte de una ciudad ajena a sus habitantes, mientras contemplas desde un plano privilegiado como los protagonistas atraviesas cielos y tejados balanceándose en el vacío como hombres araña harapientos.

La era de la patada en la boca.

Hay pura magia en cada viñeta; un brillo especial que te hace avanzar por las más de seiscientas páginas de este integral con la necesidad de saber más, de conocer más, de sentir más. Tekkon Kinkreet funciona porque no se esfuerza en plantear una trama compacta para comunicar un concepto, y no depcepciona al final porque no necesita de fuegos artificiales para resultar contundente. No exento de sorpresas, este manga proporciona los giros lógicos a una historia que sabe que su potencia visual debe canalizarlo todo, y en la que cada pirueta nos sirve de colchón para el impacto contra ese fondo terrible que habla de la deshumanización civilizada que vivimos cada día en nuestra sociedad urbanita.

Hoy esto va de conceptos. De la normalidad a la casualidad. Del gusto por lo extraño y el descubrimiento casual de un autor como la copa de pino. De posicionarse al otro lado de una línea amarilla desde la que contemplas a los que te contemplan, sabiendo que quizás ellos sean los prisioneros de una jaula en la que lo cotidiano es un infierno que necesita de llamamientos al desorden como este. De mangas mudables e imprevisibles como el que hoy reseño.

Quizá porque envejezco para sentirme cada vez más cercano a una anarquía que nos convierta en ingobernables, en elementos caóticos que causen pavor a un orden que medra en el soporífero adormecimiento de la rutina. Quizá porque necesito alejarme de las reses mediatizadas de un sistema chapucero, corrupto y violento. Quizá porque me asquea cualquier tipo de ideal que me imponga unos derechos basados en la genética o en la geografía. Quizá porque en el regusto delirante de una ficción sin complejos, podemos encontrar mejores ejemplos para reconstruir una realidad que es pura caspa, puro desecho, pura mierda.

¡Nos vemos en la Zona!

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