T2: Trainspotting

Título original:
T2: Trainspotting
Año: 2017
Director: Danny Boyle
Guión: John Hodge (Novela: Irvine Welsh)
Fotografía: Anthony Dod Mantle

Reparto: Ewan Mc. Gregor, Robert Carlyle, Jonny Lee Miller, Ewen Bremmer, Kelly Macdonald, Shirley Henderson, Steven Robertson, Anjela Nedyalkova, Irvine Welsh.
Valoración: Recaída en la nostalgia /10

Sinopsis: Secuela de Trainspotting (1996), basada en Porno, la siguiente novela de Irvine Welsh, aunque el director Boyle asegura que el guión de John Hodge no es demasiado fiel al libro.

Que la verdad vaya por delante: vi Trainspotting (1996) una semana antes de entrar a Trainspotting 2. No ha supuesto nada en mi vida, ni me ha marcado, ni me ha sorprendido, pues la vi desde una postura neutral. Puedo entender a quien lo hizo, al igual que puedo ver por qué fue una película revolucionaria: un tratamiento de las nuevas generaciones y la droga que evita los recursos predecibles y los acentos emocionales típicos, contado con infinita energía y estilo. Puedo ver cómo es un icono para una generación que se ve retratada sin maquillaje ni corrección, nunca una apología a las drogas, pero tampoco un discurso adoctrinador, que hace de la ambigüedad de su mensaje su mejor baza para cautivar. Y que por cierto, se sigue manteniendo fresca, punzante y divertidísima.

Intentar ponerme en la piel de la generación que sí vivió Trainspotting es difícil, pero es la única forma de poder analizar T2: Trainspotting porque para ellos se ha hecho. La nostalgia es su única razón de ser, y no lo digo yo, lo dice la propia película en la boca de uno de sus personajes, en una escena que revisita un evento clave de la anterior. Reconoce que replicar el impacto de la anterior sería una ambición imposible, por eso sus personajes siguen estando en la misma mierda pero sin la energía de hace veinte años, la sombra de lo que fueron y cuyo único futuro posible era este inevitable reencuentro.

El no intentar sorprender de nuevo la aleja, evidentemente, de la grandeza de la original, pero era el enfoque adecuado. T2 funciona como una reflexión más calmada del paso del tiempo, de la dificultad de adaptarse a las costumbres de la sociedad, algo aplicable también al propio cine y la “secuelitis”, de la que Danny Boyle y su cuadrilla se contagian voluntarios y culpables.

Como película aislada, T2 es bastante olvidable. Las excusas argumentales para volver a cruzar los caminos de estos cuatro personajes son bastante pobres, sin caer en la inverosimilitud pero sin despertar mucho interés por sí mismos. Y eso que, curiosamente, el guión contextualiza lo suficiente como para ser entendible sin haber visto la original, o teniéndola olvidada.

Claro que poco interés tendría la película, si no es el de quitarse el mono de volver a ver a Rent Boy, Spud, Sick Boy y Franco (a pesar de aparecer en las sucesivas novelas de Irvine Welsh, especialmente Porno, la verdadera secuela en papel de Trainspotting). Se suceden continuos guiños a la original, desde la inevitable retahíla de bromas y referencias visuales a paralelismos narrativos (también bastante esperables, dicho sea de paso). Tener a Ewan McGregor, Ewen Bremner, Johnny Lee Miller y Kevin McKidd encarnando versiones desfasadas de sus antiguos personajes ya de por sí es una razón para ver la película. Y el estilo visual, sus juegos de montaje y efectos visuales siguen omnipresentes, algunos más efectivos que otros pero siempre estimulantes, como toda la filmografía de Boyle.

A los fans de Trainspotting, sus personajes y sus historias es fácil que les guste porque todo lo que hay en T2 es importado de 1996, y los nuevos personajes y tramas son reencarnaciones de cosas ya vistas en la anterior. La traición de Renton a sus amigos al final de Trainspotting se menciona y se reproduce varias veces en el guión, como si fuera lo único que los une en un bucle infinito, que podría convertirse fácilmente en molde para más secuelas como ésta. Pero es poco probable que eso ocurra, porque la intención de T2 de rebozarse en la nostalgia y lamentarse sobre el paso del tiempo ya está más que clara.

Quizás sea esa afortunada escena que menciono al principio, completamente meta, en la que un personaje cuestiona a otro la impotencia de querer mirar siempre al pasado, lo que me hace acoger a T2: Trainspotting. Con la misma fuerza visual, maestría interpretativa e incluso ritmo narrativo, que nos vende una historia completamente intrascendente. Un más de lo mismo poco imaginativo pero creíble y que invita a añorar, pero también a reflexionar por qué.

¡Nos vemos en la Zona!

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