SUPERMAN: RENACIMIENTO, Vol. 1, de Peter J. Tomasi y Patrick Gleason

Título original:
Superman, Vol. 1: “Son of Superman” TPB
Sello: DC Comics
Guionistas: Peter J. Tomasi y Patrick Gleason
Artistas: Doug Mahnke, Patrick Gleason y Jorge Jiménez
Entintadores
: Jaime Mendoza y Mick Gray

Colorista: Will Quintana, John Kalisz y Alejandro Sánchez
Contenido: Superman: Rebirth #1 (Ago. 2016),
Superman#1-6 (Ago.–Nov. 2016)
Publicación USA: Enero 2017

Public. España: Ene.–Mar. 2017 (ECC Ediciones)
Valoración: 8/10

SUPERMAN: REBIRTH, Vol. 1
de Peter J. Tomasi y Patrick Gleason

Si hay un héroe para el que no sea menester una presentación ese es Superman, un personaje que ha trascendido en el mundo del cómic convirtiéndose en un icono del bien absoluto, la esperanza y el progreso en la cultura popular. Pero por si hay algún despistado…

Clark Kent y Superman, de jovenzuelos.

Superman fue creado allá en el lejano 1933 por el guionista Jerry Siegel y el dibujante Joe Shuster. Aunque la itinerancia que ha trascendido hasta nuestros días es la creada en 1938, tras la venta de los derechos del personaje a DC Comics, con el lanzamiento de la cabecera Action Comics de donde procede la mítica portada en la que podemos ver a Superman levantando un coche. Pese a la cantidad de años que tiene a sus espaldas, podríamos decir que el personaje ha gozado de muy buena salud tanto dentro como fuera de las viñetas. Sólo hay que ver la gran cantidad de adaptaciones que hay sobre él y, centrándonos en el mundo del cómic, que nombres del calibre de John Byrne, Grant Morrison o Dan Jurgens hayan estado tras sus guiones le otorgan esa categoría de la que pueden presumir pocos personajes.

‘LA’ portada

Y teniendo este pasado tan memorable, ¿cómo es posible que en estos últimos años a la editorial no haya parecido importarle la inmensa caída en la calidad del personaje? Pues parafraseando a mi compañero Joe: “Porque DC”. Y es que Superman ha sido el vivo reflejo del sello en estos últimos años y no precisamente porque hayan intentado potenciar sus series, nada mas lejos de la realidad. Ya tenían suficiente metiendo al murciélago en toda aquella serie que iba mal en ventas. El símil viene de que ambos han ido dando tumbos de un lado a otro, sin llegar a ofrecer nada remarcable. En el caso del héroe que nos atañe, acabó reducido a una mole que arreglaba todo pegando puñetazos, del que ni siquiera Geoff Johns supo sacar demasiado provecho, obligándonos a morir en la Action Comics de Greg Pak para poder ver algo mínimamente cercano al personaje original.

Pero no todo iba a ser malo para el Hombre de Acero. En 2015 DC Comics lanzó el evento Convergencia. Es normal que no os acordéis porque fue una pequeña tomadura de pelo para ganar tiempo mientras la editorial se desplazaba a la costa oeste de Estados Unidos. A raíz de esta treta surgió una serie, bajo el guión del ya citado Dan Jurgens, llamada Superman: Lois and Clark en la que se nos planteaba que, tanto el Superman como la Lois Lane del universo previo al de los New 52, habían sobrevivido a Flashpoint y se encontraban ocultos en el nuevo universo. Pero no sólo eso, sino que habían tenido un hijo llamado Jon. Esta miniserie resultó ser uno de los desencadenantes del título que vamos a tratar, a ello se le sumaría la saga Final Days of Superman donde veríamos la muerte del Superman post-reinicio, quien dejaba la Tierra bajo la protección de su doppelganger pre-reboot… ¿Ha quedado claro? ¿No? Venga, hago un resumen para los de la LOGSE. Existen dos Hombres de Acero: uno majete con un hijo y otro tonto que no sirve para nada. Pues bien, este último muere y deja al primero como protector del planeta. ¿Mejor ahora?

¡Bézame, bandido!

Con este panorama, que podríamos considerar un reset en toda regla, llegan Peter Tomasi y Patrick Gleason para retomar el personaje y llevarlo de nuevo a dónde merece estar. Este equipo creativo ya se había encargado de la que, a mi parecer, es la mejor la Batserie de los Nuevos 52: Batman y Robin. En ella exploraron la relación paterno-filial entre Bruce y Damian, ofreciendo siempre una serie a la altura de los personajes y, lo más importante, sabiendo adaptarse a las exigencias editoriales. Tras la muerte de Damian en Batman Inc., el equipo se las ingenió para llevar la cabecera a una trama en la que se desarrollaban los sentimientos de pérdida y desesperación de Bruce por la muerte de su propio hijo. También a raíz de Convergencia, Patrick Gleason se encargó en solitario de dar profundidad a Damian en su propia serie, Robin: Son of Batman.

Con este currículum paterno-filial a sus espaldas, eran los guionistas adecuados para desarrollar la nueva superfamilia, debido a que Lois y Clark no están solos, sino que vienen acompañados por su hijo Jon, un preadolescente al cual están empezando a despertarse las habilidades provenientes de su genética kryptoniana. Todo esto creará algún conflicto y momento dramático, aunque el tono de la serie es muy alegre y ameno, perfecto para transmitir los valores que representa Superman y más ahora con Jon de por medio, porque no es sólo que sea un Superman en miniatura, sino que es alguien jovial, alegre, con muchas ganas de vivir y que el mismo lector ve cómo y cuánto disfruta de todo lo que ocurre a su alrededor y, como he mencionado, ser el hijo de quien es, con una moral férrea hacia unos valores magníficos, hace de Jon el ser mas precioso sobre la faz de la Tierra. Por otra parte Lois es quizás el punto mas flojo del guión, pues no tiene el mismo nivel de desarrollo que tienen Clark o Jon pero eso no quita que se le dejen sus páginas para ella. Es más, el momento más molón de este primer arco argumental es suyo, donde Tomasi nos deja claro que puede que “mamá” no tenga poderes pero cuidado con ella.

Abróchate la rebequita si sales a jugar.

Pero esto es un cómic de señores en mallas, por lo que el conflicto no va a limitarse a que veamos gente hablando sobre lo poco que mola la paternidad. No, aquí hay golpes y algunos de los que duelen una barbaridad. Aun así Tomasi y Gleason no son tontos y no meten acción simplemente para rellenar páginas, sino que viene dada por la consecuencia de acciones de los protagonistas y, al mismo tiempo, sirve para ir desarrollando a cada uno de los personajes principales, porque sí, chicos, Lois también se apunta a repartir collejas. Y además, para esta primera saga, el dúo de guionistas recuperan tanto un villano como un aliado clásicos del personaje, que, para no arruinar las sorpresas, sólo diré que ambos están perfectamente elegidos y el aliado sacará una sonrisa a más de un lector habitual.

No hago mención al número Rebirth pues no es más que una introducción con un pequeño resumen que contiene todo lo necesario de lo acontecido para entender la nueva situación del personaje.

Entrando de lleno en el apartado artístico nos encontramos con dos equipos diferenciados: el primero, encargado del número del Rebirth y el número #4, está formado por Doug Mahnke a cargo de los dibujos, Jaime Mendoza a las tintas y Will Quintana como colorista. En el Renacimiento este equipo realiza un trabajo correcto, pero, al igual que la propia grapa, no destaca en nada. Parece un mero trámite en el que el grupo ha puesto de su parte para que esté todo correcto, pero solo consiguen que nada resulte destacable, es decir, individualmente todo cumple bien y encaja entre sí pero no pasa de un simple correcto, mientras que en el cuarto número se ponen las pilas inspirados por la batalla que tiene que narrar y dan lo mejor de si, ofreciendo una narración ágil y contundente que se ve reflejado tanto en el dibujo como en el color dejando momentos de pura épica .

¡No sin mi hijo!

Por otro lado tenemos el segundo equipo, encargado de todo el primer arco argumental (menos el ya citado cuarto número), lo que resulta bueno de por sí pues dan empaque a lo narrado. Sus componentes son el mismo Patrick Gleason, que también se encarga de los dibujos aparte del guión, con la ayuda de Mick Gray a las tintas y John Kalisz pintando los colores, los seguidores de Batman y Robin se habrán dado cuenta que el equipo artístico es el mismo que ha pasado tanto esta serie como por Robin: Son of Batman, resultando un equipo prácticamente inseparable desde hace cinco años. Así que podéis imaginar el nivel de cohesión que hay en este apartado, pues han evolucionado juntos. De hecho, no hay más que ver Batman y Robin que, sin ser para nada un mal dibujo, deja en evidencia un menor grado de madurez de los artistas.

Otro punto a su favor es que saben adaptarse. Manteniendo el mismo estilo, han sabido cambiar lo justo y necesario en la luminosidad de las tintas y los colores para que se aprecie que el tono de ambas series es distinto, pues aquí predominan siempre colores vivos y fuertes que transmiten los valores de Superman en contraposición de los tonos oscuros de Batman. Es cierto que el dibujo de Gleason deja en determinados momentos una perspectiva extraña o algunos cuerpos con cierta deformidad, pero estos palidecen en comparación con los que te dejan con la boca abierta. Además, al ser el propio Gleason uno de los guionistas no necesita adaptar demasiado la narración pues ya sabe cómo debe hacerse de antemano.

Forever Jon.

Para concluir, sólo quiero dar las gracias a todos los que han hecho posible este tebeo, porque hacía tiempo que no veía personajes tan entrañables como Jon, poniéndolo por encima de la ya mítica Ms. Marvel y un peldaño por debajo de las fantabulosas Leñadoras. Si sois fans del Hombre de Acero, estáis cansados del tono oscuro y solemne que le ha puesto DC en el cine y aborrecíais al Superman de los New 52, este es vuestro cómic.

¡Nos vemos en la Zona!

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