SUPERGIRL: PRIMERA TEMPORADA, con spoilers de acero

A regañadientes, Antena 3 se ha dignado a terminar de emitir la 1ª temporada de Supergirl, y creemos que valdría la pena darle un repaso, con más de uno y de dos spoilers, ojo. No es que esta sea una serie perfecta, pero… ¿podrían ser las aventuras televisivas de Kara el contrapunto que tanto el público general como los fans necesitan para contrarrestar los deprimentes largometrajes recientes basados en los personajes de cómic de DC?

SUPERGIRL: 1ª TEMPORADA
-(CONTIENE SPOILERS)-

Los pies en el suelo

Para empezar, quitémonos de encima lo siguiente cuanto antes: de las series de televisión no grupales que está realizando DC con ayuda de Greg Berlantini Supergirl, ni Flash, y ni mucho menos Arrow son especialmente buenas. De las dos primeras, las que sigo, las que llegan a cotas correctas, se puede decir que son efectivas, que de vez en cuando tienen puntos inspirados o tramas emocionantes, y por encima de todo, que son unas adaptaciones estupendas. Pero no se puede negar que les falta algo, ¿verdad? La dirección intrascendente y las interpretaciones funcionales son esperables en estas producciones de presupuesto medio, pero hay que hacer algo con esos guiones. Falta chispa y especialmente verdadera humanidad. Casi nada parece… real. Los diálogos son obvios y formularios, y las tramas siempre se mueven en una zona segura. Pocas sorpresas hay por el camino, y si las hay, se suelen quedar a medio gas. Añadamos a eso que nos lo dan todo mascadito y que las dosis de ñoñería a veces son insoportables, que más personajes de lo recomendable son sosísimos, o que hay ciertas tramas con giros o resoluciones cogidos con pinzas 

Y por otro lado están detalles, quizá menores, que me sacan de quicio: tó’ Dios conoce las identidades secretas de estos héroes en su círculo más cercano, e incluso les ayudan activamente, habiendo siempre un hacker capaz de averiguar todo para ellos. Y así se establece una fórmula cansina a más no poder en los episodios autoconclusivos. Todo esto dicho en un plano general. Luego hay tics más específicos que también suelen ser comunes a todas las series superheroicas creadas por Berlanti, pero para que esta reseña vaya, en fin, sobre Supergirl, ahora toca centrarse en ella, en Kara Zor-El. Y empezando por el principio.

BeYShIT

El episodio piloto, o lo que dicen sobre las primeras impresiones

Este precisamente es quizá el mayor problema de la serie, contraproducente para sí misma, para la percepción del público. El piloto es el episodio que debe convencer a la gente de volver la semana siguiente, y en el caso de Supergirl, el piloto es seguramente el episodio más flojo de la temporada. Formulaico a más no poder, y curiosamente, no muestra prácticamente ninguna de las cosas que hacen que se le pueda coger cariño a la serie. Es solo otra historia de origen superheroica, de manual.

Una que peca de sensiblera y con una forma muy descarada de soltar diálogos expositivos. Así pues, Supergirl es uno de esos casos en los que hay que animarse a seguir más allá del piloto. Si acaso, marca claramente el tono luminoso y clasicote de la serie, incluyendo hasta lo de “¡…arriba, arriba y a volar!“, y con Melissa Benoist haciendo eso de abrirse la camisa revelando el símbolo en el pecho del traje. Sin tapujos, que esto va de una chica alienígena que vuela.

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El romance de rigor

Que conste que todo el elemento romántico podría haber sido mucho peor, pero eso no quita que sea la parte más peñazo de la serie en su conjunto. Y mirad, me encantan los amoríos en las series. Pero cuando un personaje es única y exclusivamente “el interés amoroso”, me aburre. Y eso es lo que le pasa a esta versión crecidita de Jimmy Olsen a la que Mechad Brooks da vida. Me da igual si Kara se enrolla finalmente con él. Porque no es un personaje, es una herramienta. Las series de esta familia tienen que mejorar ese aspecto urgentemente.

Por otra parte, si bien agradezco que para la inevitable rivalidad en el triángulo amoroso usasen a Lucy Lane, interpretada por Jenna Dewan Tatumun personaje de los cómics que de hecho sí tiene tema con Olsen, no despierta el más mínimo interés. Encima, intentando darle algo más de chicha y queriendo demostrar que no es otra herramienta (lo es), no saben dónde ponerla a la pobre: en una temporada pasa de abogada militar (o lo que sea), a abogada de la jefa de Kara, a abogada militar (o lo que sea) otra vez, a directora provisional del DEO un poco por la patilla… 

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Tramas que se desinflan

Sí, hay algunas líneas argumentales en Supergirl que acaban sin explotar sus posibilidades.
La relación entre Supergirl y Laura Benanti como su tía Astra, para empezar. Prometía, podía ser una relación heroína-villana bien maja dado que a pesar de estar en lados opuestos seguían queriéndose… pero a lo largo de la temporada a ella la quitan de en medio, y todo esto se queda en tierra de nadie. 
Y bueno, eso abre un buen conflicto personal para Kara, pero nos deja sin un antagonista principal potente. Porque Non digamos que es un poco “ñé”, por mucho que se esfuerce Chris Vance. Y lo mismo puede decirse de Myriad, el gran plan de Astra y Non, que tiene un planteamiento estupendo… pero que se resuelve al principio del último capítulo y no es realmente la amenaza final. Lo dicho, en este aspecto, Supergirl es algo decepcionante.BeYShIT

¿…Es mala la ñoñería?

Ya lo he mencionado antes, pero en serio, las cotas de cursilería alcanzadas en los discursos motivacionales y de reconciliación pueden llegar a abrumar. Quiero decir, y de nuevo recordad que hemos avisado de los spoilers, Supergirl desarma eso de Myriad dando un discurso por la tele sobre la esperanza. En serio. Excesivo, sin duda. Y… lo acepto de buen grado. Las adaptaciones DC (y la propia editorial) durante los últimos años parecen apostar por el estilo de los años 90 en los cómics, donde todo era “oscuro”, “violento” y “moralmente ambiguo”, donde la idea de un héroe puro e inspirador ya no valía, ya no era guay, porque algunos iluminados malinterpretaron el éxito de las cintas de Batman de Christopher Nolan como en su día se malinterpretó el de Watchmen. Eso nos toca ver ahora en la a pantalla grande, al menos de momento. Incluso la adaptación animada del ya de por sí crudo La Broma Asesina se ha pasado de la raya a costa de Barbara Gordon para lucir con orgullo la calificación R. Esta moda me parece tan triste como pueril. Por eso las series de Berlanti son, a pesar de Sus CosasTM, una bendición dentro del panorama actual para DC en el ámbito transmedia, y Supergirl se podría considerar el estandarte de su filosofía luminosa.

En el octavo episodio, Supergirl y Astra se dan de leches por los cielos de National City de forma similar a como lo hicieron Superman y Zod en El Hombre de Acero, con planos calcados y todo. Se estrellan contra un edificio. Y pensé con hastío “ya empezamos”. Pero le di un voto de confianza a Berlanti y compañía, y por supuesto, Supergirl impide que los escombros aplasten a la gente. Y ya está. Ahí está todo. La serie sabe lo que se hace, y lo que me sorprendió es que, sin haber llegado siquiera a la mitad de la temporada, yo sabía que la situación se iba a resolver como es debido. Supergirl, desde el primer momento, abraza la idea del bien absoluto que representan Superman, en este caso su prima, y la exprime hasta la última gota. La serie se adelanta a las posibles respuestas tipo “bah, eso es unidimensional” y explica de forma acertadísima por qué debe ser así y por qué eso no resta humanidad a personajes como estos. Es una serie para niños y adolescentes nada compleja, pero demuestra constantemente una sorprendente inteligencia y honestidad a la hora de defender la necesidad de superhéroes de este estilo. A diferencia de Flash, aquí veo un tema sólido e interesante que convierte a Supergirl en la mejor protagonista de este multiverso iniciado por Arrow, y ese es el gran hallazgo que hace que la serie sea entrañable y que este enfoque del heroísmo termine de dar en la diana: Kara Zor-El, o Kara Danvers, es maravillosa.

BeYShIT

Kara, te queremos

Totalmente humana, con sus dudas, debilidades, y cabreos, sin dejar de ser la bondad personificada en ningún momento. Kara es un personaje definido por completo, con conflictos en los que entendemos cómo ella está siendo afectada y con respuestas emocionales siempre adecuadas al personaje. En un grupo de series que suelen resultarme artificiales, ella, la chica imposiblemente buena y superpoderosa parece… real. Me creo a Supergirl. Y de eso tiene casi toda la culpa Melissa Benoist. La serie une tanto elementos propios de la propia Supergirl como de Superman, y Benoist triunfa en ambos frentes. No estoy diciendo “oh, madre mía, dadle un Emmy“, pero se come vivos a todos los actores de este grupo de series. Y sí, voy a caer en lo fácil: la Supergirl de Benoist es la que merecería el Superman de Christopher Reeve. Ambos se las apañan, sin aparente dificultad, para dotar de credibilidad unos papeles mucho más complicados de lo que se podría pensar. Benoist no cae en ninguno de los lugares comunes de sus contrapartidas en las otras series, transmite emociones genuinas y logra que Kara sea una chica normal, entrañable y timidilla (hay algo del Clark clásico aquí, incluidas las gafas, pero no tanto como para que parezca un disfraz y no su verdadera personalidad), pero también la figura heroica, compasiva, y llena de confianza que uno espera.

No se hacen distinciones, no cambia de personalidad, son solo diferentes facetas del mismo personaje. Un personaje que, como decía, no es solo un genderbend de Superman, sino Supergirl, y eso conlleva matices propios. Kara es más joven que Clark, llegó después que él… y es una chica. Dificultades añadidas que proporcionan un elemento narrativo: “estar a la altura”. Ser tan buena como Superman, demostrar que su presencia es tan necesaria como la de él y romper prejuicios sexistas, convertirse en una heroína hecha y derecha a la que todos respeten fuera de la sombra de su primo. Si además tenemos en cuenta que Kara, a diferencia de Clark, recuerda y echa de menos Krypton y no siente que la Tierra sea su hogar tanto como él, se añaden más posibilidades dramáticas al personaje, bastante bien aprovechadas de hecho. La verdad, es un gustazo que lo mejor de Supergirl sea la propia Supergirl. Y los mayores exponentes de la fortaleza de personaje y actriz son los capítulos 7 y 16.BeYShIT

Momentos decisivos (para gente en pijama)

Durante el episodio 7, Kara pierde sus poderes, un clásico de la temática superheroica. Y esto se usa para profundizar, para mostrar su sufrimiento al no poder ayudar a la gente y, sobre todo, para que veamos de qué pasta está hecha, de dónde nace su verdadera fuerza y por qué es necesaria y un ejemplo a seguir. Un capitulazo. En el 16, otro espero que futuro clásico, Kara se vuelve mala. Y los responsables de la serie van en serio con el concepto, no se limitan a vestirla de forma sexy y ponerla a hacer trastadas por ahí como Christopher Reeve en Superman III. Kara asusta y hiere a sus seres queridos, y daña su reputación ante toda la ciudad. Es cosa seria, y una vez recuperada se deja claro que las cosas no van a volver a la normalidad, así como así. Poca broma con el momento en el que Kara se derrumba al volver en sí, siendo consciente de todo lo que ha dicho y hecho. Si hay un momento en el que la serie parece tener nivel, es ese, y es gracias a Melissa Benoist.

En cualquier caso, el episodio es más de lo que uno esperaría, y no es la única vez que la serie me ha sorprendido para bien con sus tramas. Y es que en vez de estirar o dar mil vueltas a argumentos que uno sabe cómo van a acabar antes de que empiecen, Supergirl o bien ataja rapidito sin hacernos perder el tiempo, o bien mete algún giro bien pensado. O ambas cosas. Además, ojo, que aún tengo que hablar de la gran sorpresa de la temporada. He de hacerlo. Avisamos de nuevo: s-p-o-i-l-e-r-s, y ahora sí, bien gordos.

BeYShIT

Hank Fu**ing Henshaw. Ah, y “el resto”

Hank Henshaw en los cómics es el Superman Cyborg (una larga historia, más información aquí), es uno de los malos. Así que, cuando en los primeros episodios nos lo pintan como alguien de quien sospechar, todo parece bastante claro y solo queda la laaarga espera hasta que se le descubra. No se parece en nada a Superman, solo tenéis que ver al actor que lo interpreta, David Harewood. pero da igual, el caso es que si nos da por mirar Wikipedia daremos por sentado que seguramente sea un cyborg. Entonces, tan solo en el capítulo 7 empieza a revelar su historia. “No soy Hank Henshaw. Él está muerto“. Hala. A ver entonces. Sigue hablando, y se nos cae la mandíbula al suelo. ¿Es posible? ¿Será…? ¿Será…? Oh, sí. Es un metamorfo, el último superviviente de Marte, es…

J’ONN J’ONZZ, EL P*TO DETECTIVE MARCIANO. Con un par. Y estamos hablando de un personaje principal en la serie, ¿eh? Locurote. Y no es que le conozca demasiado, pero siempre me ha transmitido sensaciones muy positivas en las ocasiones en que ha aparecido junto a la Liga de la Justicia en diversos medios, y verlo adaptado con tanto mimo y sin una pizca de vergüenza es maravilloso. La presencia de J’onn y el hecho de que sea un personaje bien tratado revela otras virtudes de la serie: las relaciones con y entre los secundarios. Para empezar, me gusta la que hay entre él, Kara y la hermana adoptiva de ella, Alex, interpretada por Chyler Leigh. Estos tres y el vínculo que la protagonista tiene con los otros dos son creíbles. Que me gusten los personajes debería ser básico, lo sé, pero con estas series nunca se sabe, así que considero una sorpresa positiva que un personaje en principio tan soso como Alex llegue a importarme. Y luego está la puñetera de Cat Grant, en manos de una soberbia Calista Flockhart, el único personaje del multiverso televisivo de DC que me parece gracioso (lo siento, Cisco no me dice nada) y cuyo rol de mentora borde que en realidad se preocupa creo que funciona muy bien.

Volviendo al Detective Marciano, este personaje es prueba evidente de la aceptación de todas las locuras del universo DC de la que hace gala Supergirl, con una confianza similar a la de Marvel Studios (aunque los medios y resultados sean lógicamente inferiores). Jimmy Olsen con su reloj de señales, una referencia muy velada a Lobo, el anillo de la Legión de Superhéroes en la Fortaleza de la Soledad de Superman, Fort Rozz lleno de aliens, incluída Índigo (también conocida como Brainiac 8), un divertido crossover con Flash para explicar el multiverso, y villanos descaradamente camp que, la verdad, me molan mucho. La mencionada Índigo, Livewire y sobre todo Silver Banshee, interpretadas respectivamente por Laura Vandervoort, Brit Morgan y Stephanie Ricci, son tan cutres y exageradas que me es inevitable pasarlo pipa viéndolas. A la última encima se molestan en introducirla con mucho acierto en su identidad civil en episodios previos. Por otro lado, está Peter Facinelli como Maxwell Lord, que aquí es un claro Lex Luthor de marca blanca… y oye, ni tan mal. En ausencia de un Luthor decente en imagen real ahora mismo, este llena el hueco. Porque además es el Luthor chulo, calculador y que se cree el verdadero héroe, la versión que más me gusta. Encima Lord parece tener un lado bondadoso que lo convierte en un antihéroe al que puede que valga la pena prestar atención.

BeYShIT

Y creo que poco más queda por comentar. No es que Supergirl sea una gran serie, creo que está claro. Pero como fan de Superman, y ahora de Supergirl, creo que puedo decir que esta serie acierta de lleno en lo que debe, que es darnos un producto optimista, tierno, esperanzador y de pura fantasía sacada del imaginario de DC. Le he cogido mucho cariño, y estoy deseando que llegue la segunda temporada, ahora en la misma cadena que el resto de series de la familia para que podamos ver cosas como estas de forma más habitual.
Un enfoque sonriente para tiempos ciertamente grises.

¡Nos vemos en la Zona!

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