STERN: “El Sepulturero, el Borracho y el Asesino”, de Frédéric y Julien Maffre

 

Título original:
Stern, tome 1: Le Croque-Mort, le Clochard et l’Assassin HC
Sello: Éditions Dargaud
Guionista: Frédéric Maffre
Artista: Julien Maffre
Colorista: Julien Maffre
Publicación original: Agosto 2015
Publicación España: Diciembre 2016 (Norma)
Valoración: Este cómic no debería acabar sepultado entre tantas novedades /10 

 

Elijah Stern es un tipo, cuanto menos, curioso. Vive en un pequeño cuchitril abandonado junto al cementerio local de Morrison, donde hace las veces de sepulturero. A Elijah le gusta leer, una manera de que su mente viaje mientras su cuerpo sigue su vida tan monotona como relajada. Hasta que le traen un cadáver que esconde más de lo que parece a primera vista. Hoy vengo a hablaros de…

STERN
de Frédéric y Julien Maffre

A pico y pala; así se hace un buen cómic.

El western es uno de los géneros que más asocio al cine y menos al cómic. Sí, claro, tenemos a Blueberrypero más allá de este clásico son (muy) pocas las obras que conozco que aborden este período tan concreto de la historia de América. Pero cuando alguien te recomienda tantos cómics buenos no puedes, sino, hacerle caso, sea cuál sea el género, los autores o el formato.

De todos modos, Stern es un western tan atípico como el personaje protagonista que da título a la obra. Aquí no vamos a ver grandes praderas, indios, duelos al atardecer, ni tan siquiera sombreros, caballos o disparos. La acción se sitúa en Morrison, Kansas, un diminuto pueblo que apenas cuenta con un Salón con sus correspondientes prostitutas, la oficina del sheriff quien no recuerda haber llenado las dos celdas que la componen y un pequeño colmado en el que Stern busca saciar su sed de lectura. En un mundo donde la vida de un hombre dependía de la velocidad con la que era capaz de desenfundar su revolver, nuestro protagonista prefiere cultivar la mente y vivir en paz alejado de todo y de todos. Muy poco vamos a conocer de su pasado más allá del prólogo (en el que sí se disparan armas y a sangre fría por cierto) y pequeñas pinceladas que se derivan de sus diálogos con el resto de personajes. Parece poco probable que con estos mimbres pueda salir un cómic en condiciones, pero precisamente en la (aparente) sencillez de la obra reside su mejor virtud, ya que consigue tejer una trama interesante alrededor de una muerte que acaba siendo un asesinato y cuyas consecuencias sacudirán a todo el pueblo. Como si de una pequeña olla a presión se tratara, en Morrison los ánimos se van a ir calentando hasta salpicar a todos los vecinos y con cada giro de tuerca saldrán a la luz más revelaciones que traerán consigo más y más violencia.

Algún caballo y algún sombrero sí que hay, sí, pero son más de atrezzo que otra cosa.

Sin duda el punto fuerte de la obra son los personajes, desde ese doctor resabiado (tanto es así que cita al Quijote en un momento dado), a ese dandy que aparece en el pueblo para mostrarles sus respetos al recién fallecido Charles Bening, pasando por un sheriff superado en todo momento por las circunstancias y, sin duda el mejor de todos, Lennyel veterano de guerra y el mejor amigo de Charles, que no sabe cómo lidiar con su muerte. Lenny es un borracho empedernido, pero su alcoholismo no es la única secuela que le dejó la guerra. Un personaje que tiene los mejores momentos de la obra, como su sermón en el entierro o la vez que se descubre que antes de ser poco menos que un despojo social, era una persona totalmente diferente. Los horrores de la guerra y las secuelas que producen son uno de los temas que se tratan en el cómic, pero hay otros como la sed de venganza que nunca podrá saciarse, el miedo a los cambios de una sociedad que estaba a las puertas de una nueva era o cómo el pasado siempre va a estar ahí contemplándonos y juzgándonos mientras intentamos olvidarlo.

En una historia sin buenos ni malos. Todos son víctimas y éstos lo son porque sufren y eso es, nada más y nada menos, lo que vamos a encontrar aquí gracias a un guión excelente desde el prólogo que comentaba antes donde, en tan solo dos páginas, ya vamos a probar esa crudeza que empaña todo el álbum hasta un clímax resuelto de manera espléndida, muy original y cargado de simbolismo.

Stern, un tipo nada normal y nada corriente.

El dibujo de Julien Maffre es lo que menos me gusta de la obra, pero a medida que avanza la historia comprendes que también es un dibujo diferente al que esperaríamos de un western y es cuando descubres que este arte feísta encaja a la perfección en el tono del cómic. Un trazo frío, distante, seco, que transmite esa tensión que sufren los personajes y que los hace actuar y expresarse como seres fríos, distantes, secos… Con todo sigue siendo lo que menos me gusta del conjunto, ya que el color supera con creces al dibujo en un trabajo estupendo con los contrastes cromáticos y el uso de luces y sombras para ofrecer una mayor tridimensionalidad a las figuras. En este aspecto Julien está mucho más acertado llegando a usar el color como un elemento más de la narración al resaltar la figura de Elijah con el uso del negro más negro (tanto por su traje de enterrador como por su pelo).

Stern no es solo un western diferente, motivo por el que ya valdría la pena descubrirlo, sino que es un cómic diferente. Tiene unos personajes perfectamente construidos, una trama que funciona como un engranaje perfecto siempre con un ritmo in crescendo, tiene muchos detalles deliciosos (todas las conversaciones sobre literatura, la escena del piano) y transmite unas sensaciones de frescura y originalidad que pocas veces encuentra uno en una obra de sesenta y cuatro páginas que, eso sí, se leen en un suspiro, pero que te acompañarán durante mucho más tiempo.

Un día más en la oficina.

Quizás eso es lo peor de Stern, pero por suerte hay un segundo álbum, La Ciudad de los Salvajes, que me está esperando en la mesita. Llevo diez páginas y ya me está encantando. Pero eso, amigos, es otra historia…

¡Nos vemos en la Zona!

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CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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