SPIDERWOMAN, Vol. 3: “Cambio De Marcha”, de Dennis Hopeless y Javier Rodríguez

 


Título Original
:

The Amazing Spider-Man Vol. 4, #1 (Spider-Woman) y Spider-Woman Vol. 6, #1-5
Sello: Marvel Comics
Guión: Dennis Hopeless
Dibujo: Javier Rodríguez
Tinta: Álvaro López
Color: Rachelle Rosenberg
Publicación USA: Nov. 2015 – Mar. 2016
Public. España: Agosto 2016 (Panini)
Valoración: Obstetricia en Bucarest/10

 

Jessica Drew está embarazada. No busques el número anterior de esta colección intentando recordar si te has perdido algo. No ha habido ninguna escena de sexo tórrido que hayas pasado por alto. Ninguna relación con intercambio de fluidos representada con detalle a tener en cuenta. Jessica Drew está embarazada. Eso es todo. Y necesita un ginecólogo. Como no podía ser de otra manera en un cómic de superhéroes, este sencillo pie de entrada dará paso a una aventura cósmica llena de skrulls, pistolas de rayos y épicos combates cuerpo a cuerpo porque, tío, esto es Marvel y esto es la…

SPIDERWOMAN
de Dennis Hopeless y Javier Rodríguez

Y ahora que ya hemos resuelto el rutinario trance de resumir la trama de este tebeo, pasemos con las confesiones personales del redactor.

Niños.

No los soporto. En serio. No puedo con ellos. He nacido sin ese reloj palpitante e inexorable que despierta nuestros instintos paternales a medida que nos acercamos  a la mediana edad. Sin ese atávico mecanismo de cuenta atrás que nos convierte en fanáticos guardianes de nuestra semilla dispuestos a contaminar con nuestro legado genético cuantas hembras fértiles encontremos por el camino. Soy consciente de que, si por mí fuera y aplicando al pie de la letra esta meditada fobia conceptiva, ni siquiera yo habría nacido.

Puede sonar estúpido y radical, pero es así.

Odio a los niños.

La magia del yoga para embarazadas.

Es un hecho probado que no admite discusión. Yo no me llevo bien con ellos ni siquiera cuando ellos intentan llevarse bien conmigo. Me parecen molestos, enervantes, ruidosos e insoportables. No soy capaz de comprender por qué una mujer en la flor de la vida se somete a vómitos, mareos, dolores, retenciones de líquidos, hinchazones varias y cambios hormonales de consecuencias anímicas inesperadas. Soy ajeno al milagro de la vida. No me cabe en la cabeza cómo una pareja accede de manera voluntaria a someterse a la tiranía de un hijo, una condena a perpetuidad que te perseguirá pidiéndote dinero hasta que te mueras. O hasta que lo mates, lo que suceda primero.

Con semejantes antecedentes, es comprensible que la portada del tercer tomo de Spiderwoman no me produjera especial ilusión. Lo de embarazar a la protagonista para demostrar lo mágico de esa experiencia única que te completa como ser humano, me sonaba al incesante bombardeo social que los que hemos decidido mantenernos estériles por voluntad propia debemos sufrir de manera irremediable. Un ataque continuo de los medios generalistas y casi en su totalidad “pro-natales” que intentan convencernos a toda costa de la bondades de procrear, como si no dejar descendencia fuera una especie de lacra a extirpar del planeta. Nos venden una moto en forma de amor paternofilial eterno, olvidando que, por cada padre amantísimo y ejemplar, existen doscientos hijos de puta que patean a su prole mientras la esclavizan, la explotan o la abandonan sin remordimiento. Por cada madre unida por una lazo de cariño irrompible y absoluto a su hijo, hay un millar de zorras que tiran a sus bebés a los contenedores de basura mientras buscan papel de aluminio y mechero para el desayuno en la puerta de la siguiente fiesta. Somos una especie educada para ser cariñosa de forma artificialmente instintiva, como si repudiar, mutilar, despreciar y eliminar vástagos no estuviera impreso con firmeza en el genoma de todos los animales.

¿Quién dijo que ser madre es un camino sencillo? ¿QUIÉN?

Consciente del sarpullido que esta controversia levanta en la sensible piel del espécimen entregado a la perpetuación de la especie, lo de la heroína convertida en una madre coraje superheroica me parecía, insisto, más un handicap que un punto a favor del argumento. Me aburren las madres ciegas de amor y los padres enardecidos de orgullo hacia su progenie, así que lo más probable es que el argumento de este tebeo despertara en mí tanta emoción como la sintonía de la extinta carta de ajuste. Es cierto que, en el anterior tomo, la labor de Dennis Hopeless y de (sobre todo) Javier Rodríguez habían conseguido hacerme disfrutar con las aventuras de Spiderwoman, convirtiéndola en algo más que un  culo dibujado por Manara y situando su serie en el marco de esa Marvel recurrente y outsider de la que aún puedo disfrutar sin remordimiento. Había visto algunas páginas del arte de Rodríguez en las redes sociales y, más o menos, conocía de antemano la maravilla que me esperaba. Es decir, a pesar del giro mater amantísima, tenía claro que la tercera entrega de la serie de Panini iba a caer en mis manos. Soy carne de cañón facilona y complaciente.

Y así fue.

Y no es que ahora vaya a gritar a los cuatro vientos que amo a los niños (ni un dibujo excelso tiene el poder de hacer que cambie de opinión sobre eso), pero lo que sí puedo decir sin reparos es que la trama del embarazo está llevada de una forma soberbia por Hopeless. La historia es encantadoramente absurda, los diálogos son dignos de comedia de situación, las escenas de acción están desarrolladas con inteligencia y los personajes secundarios son el epítome de lo adorable. Todo está hilado con frescura y talento, como un buen espectáculo de Broadway. Tanto es así, que casi no me importan las escenas ñoñas de nexo madre-hijo que decoran el final de la historia y que logran no colocarme en un estado cercano a la hipoglucemia a pesar del intrínseco exceso de edulcorante de las mismas. Incluso consigue que sienta cierta empatía por esa entidad parecida al octavo pasajero que repta por las entrañas de la protagonista. Imaginaos: yo, sintiendo un lejano y difuso pinchazo similar a un picor por una masa de carne dedicada en exclusiva a babear. Punto para el guionista.

Ser madre es un poco estresante…

Los cinco números que componen este tomo son un espectacular vodevil galáctico lleno de golpes de efecto y actores que entran y salen de puertas que no dejan de mutar. El argumento es una excusa perfecta para que el dibujo de Javier Rodríguez experimente un salto exponencial y deslumbre con un despliegue narrativo y de composición brillante; un juego de formas, tiempos y líneas que funden escenarios, viñetas y personajes en un ente orgánico que a veces parece respirar en cada página. Son dibujos para disfrutar, para recrearse, para mirar con una sonrisa mientras intentas adivinar qué recurso utilizarán el feliz tándem Hopeless-Rodríguez para resolver la siguiente acción. Cada escena es una demostración de talento en la que razas extraterrestres, príncipes galácticos y ginecólogos extraños conviven como una máquina imposible incapaz de atascarse o de desentonar en su propio y divertido delirio.

El equipo se completa de forma eficaz y eficiente con las tintas de Álvaro López y los colores de Rachelle Rosenberg, formando un todo sólido que actúa en sincronía y se disfruta de principio a fin. Uno de esos trabajos que parecen realizados por una única persona y que demuestra lo necesario que es el oficio y el saber hacer en esta industria a veces abandonada a las luces vacías, a los efectos sin sentido y a las explosiones sin alma. Gente currando y currando bien se convierte en el alma de cualquier industria, y no hace falta inventar la pólvora para hacer un excelente trabajo. Basta con acompañar a las estrellas y hacer que sus ideas luzcan aún mejores.

Lejos de las pretensiones “y-el-universo-jamás-volverá-a-ser-el-mismo” de otros autores más ambiciosos, barbudos o calvos, la Spiderwoman actual es entretenimiento puro y duro dispensado con unas alucinantes cotas de calidad. Una de esas colecciones que recomiendas sin miedo a equivocarte y de la que esperas el próximo tomo con un anhelo cercano al instinto paternal jamás padecido, siempre y cuando la escuadra medular de autores se mantenga intacta, por supuesto*. A la misma colección dibujada por Greg Land, no me acerco ni con un palo

¡Nos vemos en la Zona!

*(Como no podía ser de otra manera, Javier Rodríguez ha dejado la serie para ilustrar las aventuras del Doctor Extraño y los Hechiceros Supremos. No hay nada eterno…)

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6 Respuestas

  1. Menos mal que solo eres minoría, incluso entre las minorias dice:

    Lo siento, no he podido seguir leyendo tu reseña. Tus comentarios me parecen vomitivo se. Menos mal que tu pensamiento es minoritario.

    • Dejando claro que no pienso como el reseñista, lo que tú dices ya lo ha dicho él mismo. Tal vez deberías leer la reseña completa.

    • Estimado lector:

      Te agradezco que hayas intentado leer la reseña y lamento que tan desagradables problemas gástricos te hayan impedido finalizarla. Agradezco también que hayas consumido unos segundos de tu valioso tiempo en opinar y dejar un comentario. Tus palabras me animan a continuar con mi labor, ya que el poder de causar reacciones fisiológicas tales como la arcada, la regurgitación o la deyección con el simple uso de la palabra escrita siempre me ha parecido fascinante.

      Gracias una vez más por pasarte.

    • Juanan Brundle dice:

      A ver si te preñan, verás que guapo el parto #LaEpiduralEsParaBlandengues

  2. Dynamo dice:

    Bueno, pues conmigo no has logrado generar ninguna de esas reacciones. Es más, he logrado terminar la reseña sin aparente esfuerzo, y eso sin compartir tu opinión respecto a la procreación. Entiendo que los autores han hecho un gran trabajo para que con la premisa del tebeo hayan logrado emocionarte .

Deja un comentario, zhéroe

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