SPAWN: ENGENDRO INFERNAL, de Todd McFarlane y Steve Oliff

 


Título original
:

Spawn Book 1: Beginnings TPB

Sello: Image Comics
Guionista: Todd McFarlane
Artista: Todd McFarlane
Colorista: Steve Oliff
Contenido: Spawn #1-5 (May. 1992 – Nov. 1992)
Publicación USA: Julio 1997
Publicación España: 1998 (Planeta Comics)
Valoración: Devil curses the spawn!

 

 

27 años. #300 números. Alan Moore, Neil Gaiman, Frank Miller, Dave Sim, Grant Morrison, Andrew Grossberg, Tom Orzechowsk, Greg Capullo o Marc Silvestri como algunos de los autores que han pasado por sus páginas. Spawn es, nos guste o no, historia viva del cómic personificando una etapa de excesos y especulación donde el público juvenil devoraba historias llenas de trajes imposibles, músculos más imposibles aún y armas del tamaño de un Bentley Mulsanne. Un filón que bien podría haberse ahogado con esos mismos excesos pero que supo aprovecharse de ellos –y de una visión comercial– que ha desencadenado en esta celebración infernal y conmemoración del demonio más famoso del cómic.

Al Simmons no era precisamente una buena persona. Era el mejor soldado, el mejor asesino y sus habilidades estaban al servicio del gobierno de Estados Unidos hasta que sus propios compañeros le asesinaron. Lo que nunca imaginó fue que pactar con el mismísimo Diablo le traería más desgracia que la propia muerte. Ahora, resucitado de sus propias cenizas como Hellspawn, tendrá el dilema moral de aceptar su papel en el infierno o dejar que su lado humano no se aleje de lo que una vez fue. Preparad los pinchos y las cadenas que descendemos a los mefistofélicos territorios de…

SPAWN: ENGENDRO INFERNAL
de Todd McFarlane y Steve Oliff

Visualmente hay que admitir que el autoproclamado Toddfather supo escudriñar y dar vida a un personaje atrayente, llamativo, intimidante si cabe, cogiendo lo más tétrico de Batman y mezclándolo con el mismísimo infierno pero sabiendo darle una motivación muy humana como el amor. Si a todo esto le sumamos una capa que casi llega al nivel de personaje, podemos llegar a entender que este engendro del demonio calara en los lectores de cómics noventeros, ya que supo personificar las excentricidades de la época, enfocado, en cierto modo, al underground de tono adulto sin tener que salirse del cómic americano al uso y, de esto estoy seguro, improvisando sobre la marcha a más no poder.

Pero como guionista, bueno, qué decir, podríamos resumirlo en “la vida es eso que pasa mientras Spawn intenta recordar algo” ya que parece que el guión pasa por allí de pura casualidad y le recuerda a Al Simmons que a su alrededor pasan cosas y no todo es una introspección de sus anhelos y miedos (y olvidos). Está claro que Todd McFarlane quería dar un puñetazo en la mesa con algo potente pero sus limitaciones argumentales dieron como resultado un mensaje vacío y tan lento como soporífero. Repetitivo. De ahí que decidiera traer autores de gran nivel pero eso, como dice mi compañero Carlos, es otra historia.

Tranquilo Al, sólo llevamos 300 números de nada.

Es digno de mención que ante toda esa forzada intensidad decidiera incluir un recurso humorístico (aunque no siempre) con la presencia de los detectives Sam Burke y Twitch Williams, personajes que tuvieron serie propia en 1999 de la mano de un primerizo Brian Michael Bendis, y que consiguen fugazmente que la historia interese por encima de demonios, ángeles y violencia. Por otra parte, al igual que hiciera Frank Miller en El Regreso Del Caballero Oscuro, intenta contextualizar el conjunto con viñetas/pantallas de televisión dando una versión satírica y frívola de la sociedad pero que no consigue nada en absoluto. Es difícil darle un tono crítico a tu historia cuando no estás contando nada a su alrededor.

Pequeños guiños, homenajes y aciertos puntuales, unido a un apartado visual donde el autor canadiense supo dar el 100% consiguiendo unos diseños, que si bien seguían esa estela noventera, me resultan muy trabajados y por encima de la media (pongamos como ejemplo extremo a su contemporáneo Rob Liefeld) no deja de ser una simple sacada de chorra banal de un autor que se vio en la cima del mundo sin todas las herramientas para asentar a su hijo en ningún universo posible.

Aburrido en el número #2 ¡y lo que te queda!

También es cierto que, si como guionista deja mucho que desear, como dibujante sabe cumplir y bastante. En sus primeros números, y este arco es el ejemplo perfecto, se aprecia todo el amor y las ganas con la que comenzó la andadura de Al Simmons mientras supo abusar intencionadamente de dibujos, viñetas y enfoques, literalmente, para molarse a sí mismo. Un guión que gira descaradamente en torno al dibujo y que rara vez pasa a un primer plano mientras su creador está encargado del mismo al  100%. 300 números dan para todo y repetir (repetir, Spawn ¿lo pilláis?) pero la sensación es siempre de dibujo por encima de la historia y dale que hay que cobrar cheques.

Todo un dibujante de escaparate que no pierde la oportunidad de dibujar al engendro de cuerpo completo con composiciones cargadas y posiciones heroico-festivas mientras su capa aprovechaba lo más mínimo para tener más y más pliegues cual musculatura sacada de las manos de Rob Liefeld. Está claro que supo explotar esa extravagancia noventera a su favor para darle al lector todo un derroche visual que si bien ahora es pura nostalgia, era lo demandado. Hombre de negocios, sin duda. Aah ni que decir tiene que cuando dibuja Greg Capullo en este último número #300, todos ganamos.

¡¡Spawn-Ha-Me-Hadōken!!

Spawn es Spawn. Con sus innumerables fallos y con sus aciertos. Fue y sigue siendo la creación definitiva de un autor que vio más allá de la viñeta y que supo crear, posteriormente, todo un universo mercantil alrededor de su producto y que gracias (o quizá desgracia) del momento en que apareció, supo calar en los lectores afianzando algo que cuesta creer viendo sus historias. Pero ahí queda su legión de fans que ni quieren ni piensan renunciar a su infierno. Nos guste o no, Spawn no tiene intención de irse y eso, amigos míos, hay que reconocérselo al señor McFarlane.

¡Nos vemos en la Zona!

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