SOUL EATER, de Atsushi Ohkubo

 

 

Título original:
Soul Eater (ソウルイーター)
Sello: Square Enix
Mangaka: Atsushi Ohkubo
Publicación original: Jun. 2003 – Ago. 2013

Publicación España: Oct. 2010 – Nov. 2014 (Norma)
Valoración: Tócala otra vez Soul /10 

 

 

Una de las mayores pegas que tiene ser aficionado a esto de los mangas en occidente es que la popularidad de todo lo que nos llega vive y muere en su adaptación al anime. No es sólo que, en la mayoría de los casos, hasta que no triunfa su versión animada no se publica con todas las de la ley en nuestro país, también es habitual que si por la razón que fuera se realizan cambios respecto a la obra original que van en detrimento de la calidad el manga acaba en cierto modo pasando sin pena ni gloria entre el gran público como es el caso de…

SOUL EATER 
de Atsushi Ohkubo


En la ciudad de Death City se encuentra el Shibusen, una academia especial donde, bajo la supervisión del mismísimo Dios de la muerte o Shinigami, se forman a jóvenes con la capacidad de transformarse en armas y a técnicos con la capacidad de empuñarlas. La misión de estos alumnos es ir acabando con los villanos que aparecen en la lista de la parca, consumir sus retorcidas almas y, finalmente, acabar con el enemigo jurado de la sociedad, las brujas alcanzando así la categoría de Guadaña de la Muerte. Así pues la historia se centra en tres grupos técnico-arma diferentes: La pareja de Maka Albarn, una técnico estricta, y Soul Evans, una guadaña pasota; el dúo Black Star, un Naruto wannabe, y Tsubaki, una resignada arma ninja, y Kid The Death, el hijo de Shinigami, con las hermanas pistola Liz y Patty Thompson. Juntos tendrán que enfrentarse a todas las amenazas que se ciernen sobre el Shibusen, tanto externas como internas.

No voy a andarme con rodeos: Soul Eater es uno de mis shonens favoritos. Es una de esas pequeñas joyas que dentro de lo encorsetado que está el género se preocupa por mantener una personalidad propia tanto en lo temático como en lo estético. Es fácil caer en la comparación con la otra gran obra de su misma revista, FullMetal Alchemist, dada la sobriedad que destilan ambas y que se traduce en dejar ligeramente de lado las peleas efectistas con bolas de energía enormes y dragones de agua monstruosos por combates más cercanos, con un nivel de espectacularidad más bajo en general pero con gloriosos picos en el clímax emocional de cada enfrentamiento.

¿Habéis visto donde acaba mi capa?

Una prueba de esto es el hecho de que a lo largo de Soul Eater las peleas no son tan importantes cediendo el paso a las relaciones entre los personajes, en especial la que existe entre el técnico y el arma de turno. No es una intensa mirada introspectiva sobre las relaciones humanas o una disertación sobre la moralidad que hay detrás de usar a niños como, litaralmente, armas vivientes, pero cada uno de los dilemas a los que se enfrentan los personajes, los roces que tienen con sus compañeros y los complejos que ocultan detrás de sus respectivas máscaras de falsa seguridad conforman el esqueleto de este manga.

Siguiendo con la metáfora, el músculo, lo que mueve la trama, es una serie de intrigas que escarban en el origen del delirante mundo que crea Atsushi Ohkubo para la ocasión. Lo que en principio parece ser una serie de misiones dispersas en que se ahonda en la unión entre los protagonistas se va articulando una red de misterio tras misterio que envuelve toda la sociedad. Poco a poco se pasa de la típica estructura de un villano en las sombras causante de todo mal a una serie de facciones más o menos complejas que intentan hacer uso de entes primigenios, que son más fuerzas de la naturaleza que el manido jefe final, para hacerse con el control del mundo. Bien es cierto que en algunos momentos esto se presenta de manera dispersa dando rodeos que restan al ritmo general de la obra resultando en momento puntuales hasta pesada pero poco importa eso cuando el cebo que prepara el autor para que continues leyendo es tan jugoso. 

Un mal viaje lo tiene cualquiera

Como es habitual en los mangas de larga serialización (aunque Soul Eater “solo” tenga 25 tomos) y más aun si es de las primeras obras del mangaka en cuestión, la evolución del dibujo a medida que pasan los capítulos es impresionante. Sin alterar la estética con la que trabaja desde el principio, con un mundo tétrico al mismo tiempo que gamberro, Ohkubo va perfeccionando su estilo de forma que, al compás con la narrativa, crea ambientes cada vez más opresivos. Pero si hay algún momento en que se luce es cuando entra en juego uno de los pilares principales de la historia: la locura. El cambio de registro a los lápices que se produce cuando este elemento entra en juego es una de las razones por las que este manga no puede dejar de llamar la atención y es donde el autor se deja arrastrar por la psicodelia para ofrecer estampas para el recuerdo.

Quizás Soul Eater no alcance las cotas de perfección que otros shonen dada su irregularidad en algunos aspectos pero eso no quita la innegable calidad que tiene y el mimo que trata a sus personajes y las relaciones en las que forman parte. Sin ser la primera recomendación que se me ocurriría para alguien a quien está empezando con el manga, la sombra de esta obra siempre está presenta cuando se me pregunta por lo más destacado del género y eso ya es decir mucho.

¡Nos vemos en la Zona!

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Ferran

Hago como que estudio Química pero en verdad me inflo a cómics y videojuegos desde pequeño. Soy de esa gente rara a la que le gusta más el manga que el anime.

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