SOLANIN, de Inio Asano



Título original
:
Soranin, Vols. 1-2 (ソラニン)
Sello
: Shogakukan
Género
: Seinen / Costumbrismo
Mangaka
: Inio Asano
Publicación Japón
: Jun. 2005 – Abr. 2006
Public. España
: Diciembre 2014 (Norma)
Valoración
: 9 punpunes/10

 

 

 Meiko se siente frustrada y fuera de lugar en su empresa, le aterra convertirse en una oficinista autómata más. No sabe lo que quiere, pero sí que necesita cambiar, que debe dar un giro a su vida antes de que sea demasiado tarde. Cree que el grupo donde toca su novio, Naruo, puede ser el revulsivo que necesita para recuperar el rumbo, pero esta huida hacia adelante le obligará a enfrentarse a sus demonios.

Hay mangas que no dejan poso.

Traspasas el umbral de la última página y la historia se diluye en el aire como el humo de un cigarrillo. Hay mangas que no marcan, que no te alteran por dentro, que no hacen llorar a tus entrañas. Hay mangas que no  te hacen reflexionar sobre la existencia, sobre tus actos. Hay mangas que no te hacen empatizar con los personajes, que no te hacen vivir sus emociones.

Hay mangas que no son…

 SOLANIN
de Inio Asano  

La voz de su generación

Hoy en la Zona hablamos de una de las mejores obras de los últimos años. Una auténtica delicia existencial sobre los extraños vericuetos que dan sentido a nuestras vidas. ¿El responsable? Inio Asano, uno de los mangakas con mayor proyección que existe en ahora mismo en Japón. Y su propia historia, guarda cierto paralelismo con la historia de Meiko, la protagonista de Solanin. Nacido en 1980, Asano dio sus primeros pasos en el manga con 17 años. Pronto haría cuatro páginas de relleno para la editorial Shogagkukan, tras lo que llegarían 5 años de auténtica sequía laboral. Desmotivado, consiguió publicar Nijigahara Holograph, un thriller surrealista que le convertiría en la nueva esperanza de su generación. Una montaña rusa de anhelos, esperanzas y sueños con final feliz que quedan plasmados de forma indirecta en la heroína de la obra que presentamos hoy.

Solanin fue publicada en la revista Young Sunday durante 2005 y 2006. De ahí salieron dos volúmenes que Norma decidió aglutinar en un tomo único en 2014. Por cierto, el formato utilizado por la editorial, cercano al Kanzenban, hace que el dibujo de Asano se pueda disfrutar en todo su esplendor. Esas líneas precisas, esa frescura y expresividad en las viñetas, esa narración pausada se hubiera vista deslucida en un formato más pequeño.   

En lo que respecta al guión, Asano no suele defraudar: es impecable. Sus diálogos son naturales y cargados de contenido. Pensar que algo así fue escrito por alguien de 25 años impresiona. Filosofía, existencialismo y humanismo envueltos en una historia sobre música y rock.

Desde el momento de su publicación, el interés por la obra fue enorme y su trascendencia fue tal que le valió una nominación a los Eisner en 2009 dando paso a una película con actores de carne y hueso justo un año después. 

Y hasta aquí, la parte informativa que suelo incluir en las reseñas. ¿Hemos ido rápido? Sí. Podría venderos la historia más y contaros lo mucho que me ha gustado, pero voy a optar por mancharme las manos y tratar de contextualizar la obra para que todos aquellos que os animéis a leerla con ojos occidentales, entendáis mejor qué sucede en ella.

Antes de nada, doy por hecho que habéis ojeado la sinopsis incluida al comienzo de esta reseña así que permitidme que obvie algunos de los datos que allí se manifiestan.

Voy al lío.

La Educación japonesa

En Japón, el acceso a la universidad supone el primer escollo al que se enfrentan los adolescentes japoneses. Es para lo que se preparan durante años, y todo su futuro queda reducido a un examen; eso es lo que les separa del fracaso vital o de un paraíso laboral “lleno de esperanza”.  La universidad supone una prolongación de la escuela donde se “programa” a los estudiantes para entrar en la estructura empresarial. Dicho de otro modo,  se convierte en una mera pasarela laboral. Tu responsabilidad como alumno es la de encontrar un trabajo antes de acabar la carrera, pero la función formativa no se le presupone a la universidad, sino a la empresa  que te contrate. Estudiar pasa a ser un mero trámite. Olvidaos de notas, matrículas, etc. es la compañía la que te dará las herramientas para poder desempeñar tu trabajo, no el conocimiento previo.

Y os estaréis preguntando “Entonces, ¿sirve para algo estudiar en la universidad?” En principio, no. Se busca simple y llanamente que tengas estudios, que estés graduado en algo, sea lo que sea y donde sea.  ¿Qué provoca esto? Que los estudiantes elijan universidades con un nivel de estudios bajo provocando que las que poseen un nivel superior se vean obligadas a bajarlo  para no perder alumnos. ¿Os imagináis el resultado de esto, no?

Sumad una crisis económica, una tasa de natalidad en descenso y un aumento en el precio de las matrículas universitarias. ¿Os suena de algo esta situación?

自由(JIYUU): Libertad

Todos estos preceptos tenían sentido en la era Showa (1926-1989) con una juventud japonesa que se estaba recuperando de una Gran Guerra y que se vio obligada a echarse a la espalda una estructura socio-económica en dificultades. Con la llegada de las nuevas generaciones, los pilares erigidos durante casi 60 años de reinado empezaron a resquebrajarse,  dando paso a las eternas dudas: ¿realmente merece la pena estar 10 horas trabajando? ¿Sirve de algo destinar parte de tu vida a tu trabajo y no a tu tiempo libre?

A priori, este tipo de cuestiones parecen básicas, pero, para vislumbrar lo que representan en una colectividad como la japonesa, tenemos que entender el concepto de enjambre en el que se sustenta su organización social.  El grupo, siempre está por encima del individuo. Esto tiene una vertiente positiva, como puede ser el exquisito civismo japonés, pero contiene elementos que, a ojos de un occidental, rechinan.

Siguiendo ese patrón de enjambre, cualquier elemento que se salga del curso normal, queda fulminantemente anulado. ¿Por qué? Fácil, porque se convierte en un peligro para el correcto funcionamiento del sistema.  No seré yo quien critique o tilde de negativa esa visión de la realidad pero, a priori, choca de bruces con la situación que tenemos en occidente, o al menos en España, donde es la propia libertad (falsa, pero libertad en definitiva) la que genera esa frustración. Teniendo esto presente, y retomando el título de este apartado, el mismo término de “Libertad” posee connotaciones negativas: la libertad va contra el grupo. Que una célula haga algo diferente a lo que se supone debe hacer, pone en peligro al resto.

Meiko quiere ser libre; consumida por la decepción, no aguanta la expectativa vital que le ofrece su trabajo pero como japonesa, sabe que, socialmente, escapar de esa vida le puede acarrear problemas. Ha estudiado muchos años para estar ahí, sus padres han invertido mucho dinero en ella, tiene un trabajo fijo, una casa propia, un sueldo mensual, todo con lo que cualquier persona de su edad sueña, ¿está loca? ¿Será capaz de dar ese gran paso? ¿Le saldrá bien? ¿Pasará a ser una renegada social?

Libertad, un término con una connotación, en principio, positiva, pasa a convertirse en un antígeno dentro de un organismo.

La generación con sueños

Por supuesto esta realidad no es sólo propia del país nipón. Estamos viviendo tiempos convulsos en los que cuesta trabajo encontrar objetivos que vayan más allá del hedonismo. Con unos modelos sociales decadentes y unas esperanzas laborales ínfimas, la expectativa de poder encontrar un trabajo para toda la vida, que sea mínimamente satisfactorio, se ha convertido en una especie de utopía puntiaguda a la que es mejor no acercarse. Y la culpa no es de los jóvenes, perdidos en una maraña de exigencias, frustraciones y futuribles imposibles de alcanzar, creedme. Como bien dice Solanin, es la propia sociedad la que debería evolucionar al compás de los nuevos tiempos, ofreciendo más posibilidades a una juventud que se halla perdida en la oscuridad sin ilusiones ni anhelos. Meiko representa esa juventud que no sabe lo que quiere, pero que sabe lo que no quiere.  Que busca su lugar en el mundo.

“En un mundo donde las falsedades y las cosas raras están a la orden del día, no solo nos adaptamos a ellas sino que, encima, tenemos vidas de los más insulsas”

¿Miedo o amor?

El ser humano tiende a la estabilidad: una senda sin complicaciones en la que poder desarrollarse sin el tormentoso fango de la incertidumbre. El cómico Bill Hicks decía que la vida es un viaje en el que tienes que decidir entre el miedo y el amor, y esto es aplicable a cualquier sociedad. En Japón,  el concepto de éxito personal ”showa,  se basaba en algo parecido a lo que teníamos por estos lares: ten un trabajo para toda la vida, gana dinero, forma una familia, y espera tu jubilación.

Meiko, la protagonista, lucha contra eso. Ve su vida a largo plazo y no le gusta. No quiere convertirse en una oficinista triste, ansiosa por alcanzar su jubilación. Entiende que este viaje es único y hace del sueño de su novio su propio sueño… ¿Y si? ¿Y si rompemos el miedo y…? ¿Y si intentamos hacer nuestros sueños realidad?

Y es aquí, en este punto, en el que Asano hace especial hincapié en la relación que rodea al grupo de amigos de la protagonista y en cómo esos lazos afectivos le sirven de apoyo a la hora de intentar alcanzar los sueños. Si a esto añadís la sensibilidad con la que trata familia y amor, lo único que podéis esperar es una obra que convence y emociona. Os digo más: establecí tal conexión afectiva con los personajes que me quedé con ganas de saber qué fue de sus vidas…

De ESO estamos hablando…

“La Libertad sin un objetivo resulta aburrida”

Echaba tanto de menos un manga que emocionara, que me hiciera sentir cosas… Y lo ha conseguido un chaval de 25 años capaz de susurrarte al corazón y emocionarte con sus historias. De dejar frases lapidarias sobre la vida y el paso del tiempo. De erigir pura poesía alrededor del Carpe Diem y la libertad. Un cabronazo.

No esperes acción trepidante con batallas épicas y malosos invencibles. Aquí hablan los sentimientos y el devenir de unos personajes que se hacen cercanos y reales a cada página que pasa. ¿Quién no se ha visto eligiendo entre el amor y el miedo alguna vez? ¿Quién no ha dicho “a la mierda, no quiero verme así dentro de 10 años”? ¿Quién no se ha visto al borde del abismo y ha pensado en enfrentarse al vacío?

Solanin es una historia universal vista a través de los ojos de un japonés en un contexto en el que la libertad no goza de buena consideración y ser uno mismo amenaza a un entramado social demasiado enfocado en la superficialidad.  

Vive, porque nunca sabes cuándo se va a acabar este viaje. ¿Tú qué eliges? ¿Miedo o amor? Mientras lo piensas…

¡Nos vemos en la Zona!

También te podría gustar...

1 respuesta

Deja un comentario, zhéroe