SNOWPIERCER: ROMPENIEVES. Postapocalipsis en un tren

Título original: Snowpiercer
Fecha 1ª emisión: 25 de mayo, 2020
Cadena: Netflix
Creador: Graeme Manson
Reparto: Sean Bean, Daveed Diggs, Mickey Summer, Lena Hall, Sheila Vand, Iddo Goldberg, Rowan Blanchard, Alison Wright, Katie McGuiness, Jennifer Connelly, Bryan Terrell Clark, Sakina Jaffrey, Annalise Basso, Tom Lipinski, Damian Young, Aaron Glenane, Timothy V. Murphy, Roberto Urbina, Mike O Malley, Doron Bell, Sam Otto, Steven Ogg, Grace Sunar, Andrea Ware, Aaron Glanane, Elaine Kao, Chelsea Harris, Aleks Paunovic, Shaun Toub, Georgina Haig, Miranda Edwards, Karin Konoval, Ian Collins, R. J. Fetherstonhaugh, Renee Victior, Amanda Brugel, Steve Baran, Angel Giuffria, Kwasi Thomas, Sarah Strange, Ellie Harvie, Camille Atebe, Joel, Chico, Alex Kliner, Jailyn Fletcher, Nikolai Witschl, Esther Lim, Louis Lay, Emma Oliver, Matthew Mandzij, Tyler Gibson, Kelly-Ruth Mercier, Yvetta Fisher, Carmel Amit, Brent Stait, Brenna Lloyd, Andre Tricoteux, Kurt Ostlund, Jane McGregor, Gus Batal, Yee Jee Tso, Manoj Sood, Mike Li, Garfield Wilson, Nikita Olechko, Adrian Neblett, Dylan Schmid, Fiona Vroom, Elizabeth Thai, Carolyn Qilin Yu
Temporadas: 2
Episodios: 20
Género: Ciencia ficción/ Distopía postapocalíptica
Valoración: Tengan cuidado para no introducir el pie entre coche y andén

Desde tiempos inmemoriales el ser humano busca la supremacía frente a las otras especies, hasta el punto de no tener en cuenta la degradación del planeta. Quizás la dicotomía más representativa de nuestra especie es que somos tan inconscientes que hacemos callar la voz de nuestro instinto de supervivencia, ese que, desde que vimos la luz, nos ha servido para seguir adelante, para vivir cuando todo nos daba la espalda frente al reino animal. Pero nosotros, como seres estúpidos y que no ven más allá de su ombligo hemos conseguido lo que nadie ha tenido el coraje de hacer, poner en marcha nuestra propia extinción.

El jardín de Elsa.

Es un hecho real que dentro de unos años (pueden ser cincuenta años como dos siglos) seremos una especie en peligro de extinción, lo hemos conseguido. Aunque lo más significativo es que somos la única especie existente en el mundo que ha empezado su propia destrucción, todo hay que decirlo, generalmente somos nosotros los que somos responsables de la extinción de un centenar de especies diferentes por el hecho de considerarnos en lo alto de la cadena alimentaria y ser tan estúpidos que nos apoyamos en esto para justificar la destrucción de la naturaleza, poniendo así en riesgo al resto de la flora y la fauna existente.

Ahora bien, nuestra propia extinción no sería tan importante si no estuviera ligada a la absurda razón de ser capaces de matar al planeta para sobrevivir en vez de cambiar nuestra forma de vivir (intentar colonizar Marte no es por la ciencia). ¿Hasta qué punto nuestra arrogancia podría llevarnos? ¿Cuál sería el precio a pagar por evitar el apocalipsis? ¿Estaríamos dispuestos a cambiar nuestra sociedad para sobrevivir? ¿El ser humano es capaz de hacer tábula rasa? Quizás es porque he perdido la esperanza en el ser humano, pero mi respuesta sería “no”, porque somos capaces de hacer lo inimaginable por conservar nuestra supremacía.

¡Kalima! ¡Kalima!

Esto lo encontramos muy ejemplificado en la serie televisiva Snowpiercer, basada en la bande dessinée francesa de Jacques Lobe y Jean-Marc Rochette Le Transperceneige, donde nos encontramos en un mundo postapocalíptico completamente congelado a causa de la estupidez humana. Y es que, intentando refrigerar el planeta con un compuesto químico para resolver los problemas del cambio climático y del calentamiento global, nuestra especie favorita lanza unos cuantos misiles a la atmósfera con la esperanza de que esto servirá para bajar la temperatura global de la esfera terrestre, sólo que, por error de cálculo, la humanidad será la causa de una segunda edad de hielo.

Siguiendo este esquema arcaico de la ley del más fuerte, nos encontramos con un cuadro en el que todos los habitantes de la tierra sobrevivirán en un tren de 1001 vagones diseñado por un ricachón con ínfulas de mesías. Eso sí, un tren como los conocemos todos, con sus respectivas clases y su orden inamovible, lo que llevará a un desequilibrio fundamental y a una sociedad aún más corrupta y desviada que la que conocemos porque, ¿creéis que toda la humanidad cabe en un tren, por muy largo que sea? Evidentemente no, todo el mundo ha de tener su billete y ha de ser encasillado en función a su riqueza y valor por el señor Wilford, salvador de la humanidad.

¿Cara o cruz?

Esta dicotomía nos servirá de hilo conductor para exponer los problemas principales de la sociedad actual: la mentira, la soledad, el prestigio, la desigualdad, la crueldad, los prejuicios, etc. (hemos de ser sinceros, la lista es interminable), que serán llevados a su máxima expresión con el confinamiento dentro del tren y por la política clasista de la conserjería, elemento fundamental para el buen funcionamiento del orden y la cortesía, llegando a instaurar procedimientos y reglas primitivas para el bien de unos pocos, en detrimento de la gran mayoría.

Pero no todo es la historia, sino que esta es acompañada por un trabajo de realización sublime, pues cada plano, cada secuencia, cada giro de cámara, nos hacen estar sentados con la boca abierta y alerta durante la casi una hora que duran los episodios con la sensación de que el tiempo que nos rodea se para, como si no existiera nada más que lo que pasa en ese tren. Las secuencias nos absorben y los planos cortos nos provocan una tensión casi palpable.

De excursión al vagón de cola.

Pero esto no sería posible tampoco sin los actores, cuya interpretación sobrepasa lo sublime. Quisiera poner como ejemplo el personaje de Mélanie, a quien da vida Jennifer Connelly, quien guarda un secreto crucial y que hace perdurar el orden establecido con una mano de hierro inquebrantable, a pesar de sus propias convicciones y sus deseos, mostrando una dualidad perfecta con una determinación ejemplar, pero que es consciente del bien y el mal y de las injusticias que protege. Como éste, hay muchos otros personajes con un fondo profundo y desgarrador que necesitan de actores excelentes para darles vida, porque ningún personaje es menos importante y están todos esculpidos con minuciosidad y delicadeza. Es por esto que cada uno de estos actores merece una ovación, porque nos transmiten todos los pensamientos, los sentimientos y el corazón de los mismos, sin dejar nada en el tintero.

Podría pasarme horas escribiendo y contando por qué esta serie es tan magnífica, por qué ha llegado incluso a cortarme la respiración en algunos momentos, pero desvelaría detalles que deben ser vistos, y mi intención es dar mi opinión para que no la dejéis pasar, porque merece la pena. Yo la escogí porque no tenía nada en mente para ver y no me arrepiento, más bien me muerdo las uñas de rabia porque todavía no hay una tercera temporada y quiero saber más. Es una serie hecha con mimo, con delicadeza y atención en la que no hay una temporada mejor que la otra, las dos son igual de interesantes, las dos están hechas con el mismo cariño y se agradece, porque el resultado es fascinante o, como dicen por mis lares franceses à couper le souffle.

¡Nos vemos en la Zona!

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