SIETE PARA LA ETERNIDAD, de Rick Remender y Jerome Opeña

 


Título original: 

Seven to Eternity: The God of Whispers TPB

Sello: Image Comics
Guionista: Rick Remender
Artista: Jerome Opeña
Colorista: Matt Hollingsworth
Contenido: Seven to Eternity #1-4 (Sep. – Dic. 2016)
Publicación USA: Febrero 2017
Publicación España: Diciembre 2017 (Norma)
Valoración: 7 jinetes vienen de Bonanza /10

 


Lo bueno de amar un cómic con la fuerza desbocada de los mares y el ímpetu del viento es que ganas cierta legitimidad al decir que otro trabajo del mismo guionista te ha parecido una soberana mierda. Bueno, no dices exactamente que es una mierda. Lo maquillas todo con palabras bonitas para que en tu reseña parezca que hay cierto nivel crítico rebozado con poso enciclopédico y unas gotas de experiencia cognitiva reveladora y listo. Eso sí, aunque en tu cabeza no dejan de sonar las mismas dos palabras una y otra vez durante todo lo que dure el proceso de escritura (ya sabéis: “MENUDA MIERDA”), vistes el muñeco para que quede bastante más aparente. Sobre todo, quedas mejor frente a ese postureo que defiende a capa y espada a ciertos (supuestos) gurús del tebeo sin importar la calidad real de lo que hacen. Mantengamos la tibieza no se nos vaya a ofender alguien.

Pero claro, esto es Zona Zhero, así que no os preocupéis. Esta no va a ser una reseña críptica en el que se sugieren de forma difusa nombres, pero nunca se nombra al pecador. Voy a poner apellidos a todos, quizá porque, como he dicho al principio, me considero un ferviente seguidor de los artistas a los que voy a criticar.

Bueno. Vale. Lo sé. Misterio no hay mucho. Si habéis entrado aquí es porque habéis visto la imagen y el título de la serie en letras bien grandes, así que es evidente que voy a hablar de…

SIETE PARA LA ETERNIDAD
de Rick Remender y Jerome Opeña

¿Ya han empezado a llover las piedras? ¿No? Pues sí. Remender. Opeña. No se puede tener la razón siempre. Hay gente que lo intenta, pero solo porque es idiota. Si alguna vez os encontráis con seres así, dadles la razón en todo mientras os alejáis de ellos con discreción y tratad de no volver a coincidir en la vida. Lo mejor que se puede hacer con los obtusos empecinados es dejar que acaben discutiendo con ellos mismos.

Como decía, nadie es perfecto. Acertar con todo lo que haces es el símbolo aburrido de una omnipotencia que en realidad nadie quiere. Es bueno cagarla. La bosta ayuda, por comparación, a ensalzar lo brillante. Y eso está bien. Rick Remender lo sabe, y por eso ha escrito Siete para la Eternidad. Gracias a él, un tebeo magistral como Clase Letal sale reforzado hasta el nivel de obra maestra absoluta. De hecho, te preguntas si es posible que de la misma mente salgan los diálogos de ambos cómics. Lo que en Clase Letal es trepidante, en Siete para la Eternidad es plúmbeo y rutinario. La aventura de unos magos (o algo así) enfrentados contra un despótico tirano que tiene subyugado a todo un planeta (o algo así) al que tienen que llevar a un sitio para hacer una cosa y salvar a todo bicho viviente (o algo así) es un calvario desértico por el que transitas con somnolencia. Remender, fiel a sus neuras, nos dispara con otra tanda de dilemas familiares en lo que ya viene siendo un tema recurrente usado hasta la extenuación en sus otras series. Low, Ciencia Oscura, la propia Clase Letal… La infancia del guionista no fue un camino de rosas y está empeñado en demostrárnoslo. Leyendo sus colecciones, lo que me queda claro es que no sé si me habría gustado haber conocido a su padre. Ahí hay resquemor e inquina. Y se nota.

¡Que dé comienzo la cacería!

En el aspecto gráfico, Siete para la Eternidad es tan aburrida como en el literario. O más. Y ya siento decir esto. Jerome Opeña es uno de esos dibujantes que siempre parece que me van a apasionar. Miro su arte y no puedo dejar de flipar. Sus ilustraciones me parecen sublimes. Me encantan. El tío es un crack del lápiz. Sin embargo, cuando me meto en sus viñetas parece que he absorbido 20 litros de un enema de vodka y lorazepam por mi recto. El sopor me invade. El hastío me aplasta. Me duermo (literalmente) con sus tebeos. Todo lo que me apasiona de él como ilustrador, como dibujante y como creador flipante de pósters desaparece cuando narra. Es otro de esos ejemplos en los que siento en mis carnes que dibujar bien no siempre equivale a hacer buenos tebeos. Y es de eso de lo que estamos hablando. De un tebeo que no es nada bueno.

¿Podría ser peor? Por supuesto. Pero como digo a menudo, cuando sabes de lo que es capaz alguien, es lícito exigirle esa excelencia en todo lo que hace. Vale. Vomitar materia fecal es útil para ensalzar tu cocina de gourmet al contrastar sabores, pero hacer las cosas por hacer es un crimen artístico que no hay que cometer a la ligera, que somos muchos los que nos dejamos llevar por los nombres y su fama adquirida y si nos endiñas mucha medianía podemos acabar más que hartos. Para la gente con talento lo mediocre nunca es suficiente, y Remender me ha demostrado en múltiples ocasiones que lo tiene.

Se abre el telón y se ve a algo parecido a Groot…

En fin. Lo único que me queda por decir es que si no habéis leído todavía el primer tomo de esta serie, todavía estáis a tiempo de guardar el dinero y esperar al sexto tomo de Clase Letal. Yo creo que me lo agradeceréis, que luego llegan los regalos y la cuesta de Enero y todo son lágrimas y crujir de dientes.

¡Nos vemos en la Zona!

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1 respuesta

  1. MDMA dice:

    Capto algo de rabia en tus palabras, es un comic bueno, no le hagaís ni caso a este “picota” ahhaha

Deja un comentario, zhéroe